No hay tan sólo una actitud respecto a la anticoncepción o el aborto en la iglesia católica. Existe, por supuesto, la actitud conservadora, bien conocida, del Papa y bastantes miembros de la jerarquía, y de una minoría significativa de los teólogos católicos. Esta perspectiva afirma que los anticonceptivos artificiales y el aborto son siempre malos. Para esta perspectiva conservadora, ni siquiera un esposo cuya pareja haya contraído HIV puede usar anticonceptivos. Esta es una forma de interpretación posible de las tradiciones católica y cristiana, pero la mayoría de la gente -católica o no- piensa que es extrema. Si fuera la única postura católica, ortodoxa y legítima, sería trágico, pero no es así.

Junto a estas enseñanzas tan estrictas existe en la tradición y fe católicas, la perspectiva de que la anticoncepción es, no sólo permisible, sino que el uso de los anticonceptivos es en muchas circunstancias obligatorio desde el punto de vista moral. Está claro que el uso de anticonceptivos es necesario para prevenir el contagio de infecciones, pero también para limitar la fertilidad. La planificación familiar es tan esencial para la vida humana como la razón. Como dice el científico Harold Dorn con lógica aplastante: "Ninguna especie ha sido capaz de multiplicarse sin límite. Desde el punto de vista biológico hay dos formas de controlar un crecimiento rápido de la población -- un índice de mortalidad alto y un índice de fertilidad bajo. Al contrario que otros organismos biológicos, los seres humanos pueden escoger cuál de estas formas prefieren, pero deben escoger una." Si hay un exceso de producción, la naturaleza nos va a matar mediante el hambre, las enfermedades y la destrucción medioambiental, como ya ocurre en tantas partes del mundo. La alternativa es la planificación familiar.

En el mundo ideal todo el mundo tiene acceso a anticonceptivos, las mujeres y los hombres son cultos y respetuosos para con los demás, la pobreza no causa estragos n la vida de la gente --- en ese mundo, en esa utopía, apenas necesitaríamos el aborto. El mundo no es una utopía. En el mundo hay embarazos no deseados ni planeados, y las mujeres pueden, por razones serias y de peso, decidir terminarlos con un aborto. Todas las religiones del mundo lo reconocen. En mi reciente libro ELECCIONES SAGRADAS: EL DERECHO A LA ANTICONCEPCIÓN Y EL ABORTO EN DIEZ RELIGIONES DEL MUNDO (Fortress Press, 2001), demuestro que todas las grandes religiones del mundo --incluyendo el catolicismo-- reconocen que la fertilidad es una bendición que puede ser también un castigo. Todas estas religiones tienen perspectivas conservadoras respecto a la planificación familiar, igual que el catolicismo. Pero también tienen perspectivas más moderadas que permiten la anticoncepción y también el aborto cuando sea necesario por razones serias.

En el catolicismo, esta perspectiva tan moderada y sensata no está a la vista. Desde los tejados sólo se ha predicado la perspectiva extremadamente conservadora -- sobre todo desde los tejados del Vaticano. El Vaticano también anuncia este mensaje desde el tejado de las Naciones Unidas, donde es la única religión del mundo que tiene un asiento en ese cuerpo internacional. Desde ese asiento el Vaticano ha promovido de forma muy activa la perspectiva católica más restringente respecto a la planificación familiar, aunque hay perspectivas católicas más liberales que son así mismo completa y genuinamente católicas. El Vaticano desde su actitud excesivamente privilegiada en las Naciones Unidas junto con las naciones "católicas" ---aliadas ahora recientemente con naciones musulmanas conservadoras--- se las arregló para evitar toda referencia a la anticoncepción y la planificación familiar en la conferencia de las Naciones Unidas de Río de Janeiro de 1992. Esta alianza también retrasó los procedimientos de la conferencia de la ONU en El Cairo de 1994 e impidió cualquier discusión razonable sobre el aborto. Con ironía Brundtland, el Primer Ministro de Noruega de entonces dijo de la conferencia de Río: "Los estados que no tienen ningún problema de población -- en un caso en concreto, ni siquiera nacimientos [el Vaticano] -- están haciendo todo lo posible, todo lo que está en sus manos, para evitar que el mundo tome decisiones sensatas respecto a la planificación familiar."

Esta relación repentina entre el Vaticano y los estados musulmanes conservadores es interesante. Durante catorce siglos la relación fue tumultuosa, hasta el punto de llegar a la guerra y la persecución. Durante ese periodo de tiempo se sabía que había abortos, pero esto no causó comodidad ecuménica. ¿Cuál es el tema real, los fetos, o que estos dos bastiones patriarcales hayan formado una nueva unión para defenderse de una nueva amenaza... la necesidad urgente de la mujer de ser libre y tener determinación propia? En mi opinión la misoginia explica esta nueva y sorprendente alianza.

 

La Reforma Católica

Una de las tragedias de la vida humana es la separación del poder y las ideas. Hay mucho más buen sentido y flexibilidad en la tradición católica que en sus líderes. Con frecuencia los líderes religiosos no están preparados para ser los mejores portavoces de la tradición que representan. En el catolicismo, los papas y obispos no son normalmente teólogos y con frecuencia no expresan los tesoros reales de sabiduría que el catolicismo le puede ofrecer al mundo. Pero se está produciendo un cambio al entrar gente laica en el campo de la teología católica y aportar sus experiencias de la vida real como trabajadores, padres y profesionales. La teología católica ya no es un club de clérigos, y es una ventaja.

Uno de estos teólogos laicos es la profesora Christine Gudorf, estudiosa de fama internacional que enseña en la Universidad Internacional de Miami. Es también madre y esposa. La teología católica ha sido en los últimos siglos algo casi exclusivo de los hombres. El cambio ocurrió en la segunda mitad del siglo XX, cuando las mujeres comenzaron a enriquecer la tradición con sus investigaciones y experiencias femeninas.

Teilhard de Chardin, el erudito jesuita, dijo que nada es inteligible fuera de su historia. Comprendemos. Si perdemos nuestra historia personal por una amnesia, no sabríamos siquiera quiénes somos. Gudorf, junto con otros muchos eruditos, cree que nada les aclara la mente a las caricaturas como un paseo vigorizante por la historia.

 

La Historia Católica

Gudorf señala que cuando surgió el cristianismo se conocían y practicaban tanto la anticoncepción como el aborto. Los egipcios, judíos, griegos y romanos utilizaban varios métodos de anticoncepción, incluido el coitus interruptus, pesarios, pociones y condones, y parece ser que el aborto era un fenómeno ampliamente extendido. Los cristianos tenían conocimiento de esto y aunque algunos líderes religiosos intentaron suprimirlo no tuvieron nunca un éxito total.

Sorprendentemente, el aborto y la anticoncepción no eran las formas más comunes de limitar la fertilidad en Europa incluso antes de la llegada del cristianismo. El infanticidio era el método principal, al igual que en el resto del mundo. El cristianismo reaccionó contra el infanticidio, pero existe evidencia de que continuó practicándose. En documentos de la última parte del medioevo y la primera de la época moderna se observa una gran incidencia de muerte infantil "por accidente" causada por niños que "se habían dado la vuelta" o niños ahogados, o decían que el niño había "nacido muerto." Como dice Gudorf, "la cantidad de niños aplastados no podía ser solamente un accidente."

De todas formas durante la edad media el infanticidio era mucho menos común que el abandono. Con más frecuencia, los padres que no podían cuidar a sus hijos, los abandonaban en un cruce de caminos, en las puertas de las casas o en el mercado, con la esperanza de que algún transeúnte los adoptara. (Con frecuencia los niños estaban condenados a una vida de esclavitud y muerte temprana.) Para minimizar esta crisis, la iglesia de la edad media ofreció la "oblación." Quería decir que los padres podían ofrecer los niños a la iglesia y crecían en monasterios religiosos. Muchos de ellos se hicieron monjas y monjes célibes, y así se pudo contener también la fertilidad.

Otra respuesta católica al exceso de fertilidad fue la fundación de inclusas. Las inclusas tenían un torno giratorio (ruota) donde se podía colocar a los niños de forma anónima y luego el torno giraba y el niño estaba dentro. Las intenciones eran mejores que los recursos y la gran mayoría de estos niños, a veces el 90 por ciento, morían a los pocos meses. Debido a la dependencia en el infanticidio y el abandono, no sorprende que no se hablara mucho del aborto y la anticoncepción. Como dice Gudorf, "las principales batallas pastorales del primer milenio fueron sobre el infanticidio, cuya prohibición aumentó sin duda el índice de los abandonos." Una norma común y cruel del control de la natalidad era el alto índice de mortalidad de niños debido a deficiencias nutritivas, higiénicas o médicas.

http://www.religiousconsultation.org/Spanish_translation.htm


 
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