¿El rabino jefe de una comunidad judía alemana habría defendido el derecho a la vida del embrión si hubiese sabido que ese embrión dado llegaría a ser Hitler? Sé que la pregunta es paradójica, pero no menos que la que nos hace quien nos pregunta si nos habría alegrado que nos arrojaran por la pileta cuando éramos embriones.

En ese momento, ni siquiera podíamos ser interpelados con ese propósito, si nos lo preguntan ahora, la cosa es justamente más o menos como en el caso del ejemplo de Hitler. Frente a Hitler, a Jack el Destripador, a los terroristas sanguinarios que nuestros gobiernos democráticos combaten de todas las maneras, no tendríamos dudas: mejor tirar a la basura sus embriones que afrontar las consecuencias de sus maldades.

A la espera de que algún descubrimiento de medicina predictivo-quiromántica nos ponga en condiciones de arrancar el mal "al nacer", debemos arriesgarnos a juzgar qué es mejor, o menos malo, en lo que se refiere al respeto de los derechos del embrión. Que sea una vida en potencia significa solamente que, mantenido en las condiciones necesarias a su desarrollo, podrá convertirse en un sujeto humano, capaz de elecciones y de actos morales o inmorales. ¿No será en ese punto donde podremos decir que comenzó su vida "humana"? A falta de criterios cronológicos absolutos, algunos (muchas autoridades religiosas, sobre todo) nos obligan de todos modos a respetar esa vida en potencia porque es la vida como tal, aunque sea en su forma todavía embrionaria, la que se respeta.

Otros, y me cuento entre ellos, aconsejan más bien asumir un concepto de vida que no sea tan puramente biológico, sino que esté más orientado a otros valores, más auténticos. Por ejemplo, con los: no tiene sentido una política demográfica que prohiba la contracepción en un mundo en el cual somos obviamente demasiados. No tiene sentido defender el derecho de cada concebido a la vida sin considerar cuáles son sus posibilidades concretas de tener una vida "digna de ser vivida". En el fondo, predicar la reproducción a toda costa significa apostar —cínicamente, nos parece— a la capacidad de la vida de auto-regularse; un poco como "la mano invisible del mercado", las epidemias, las enfermedades infantiles, las penurias siempre han aportado cierto equilibrio demográfico.

Pero hoy tenemos fármacos que "pueden llegar a" poner en peligro esa auto-regulación. También por esa razón, la vida, el nacer y el morir, son cada vez más una cuestión confiada a nuestras decisiones conscientes. Contra el derecho incondicional a la vida —que por otra parte tantas venerables instituciones, que hoy lo predican, han ultrajado tranquilamente en siglos anteriores, teorizando la guerra justa y la legalidad de la pena de muerte— hoy debería reivindicarse la vida en el derecho.

La vida humana, afirmaría más radicalmente, comienza cuando nace un objeto capaz de reivindicar derechos y cumplir deberes. Toda otra vida es humana solo en tanto y en cuanto está en una relación de "analogía" con ésta. Analogía de proporción (como en matemática, dos es a cuatro como cuatro es a ocho); también un niño pequeño sabe que no debe desagradar a su mamá y decide si roba o no la mermelada. Analogía de atribución (con salud y si tu color también es "sano"): se puede hablar también de los discapacitados, del feto, del mismo embrión, o de los moribundos en estadio terminal, en tanto estos derechos son reivindicados por otros sujetos, capaces en el sentido pleno de la palabra. Sé perfectamente que es una posición riesgosa, o por lo menos rica en dificultades, pero es siempre mejor que confiarse a un derecho "natural" que nunca es reconocido por todos o, peor aún, que pretende ser "científicamente" demostrado.

Quienes hoy afirman los derechos del embrión ¿tienen realmente derecho a defender esos derechos que ellos mismos atribuyen? Hegel sostenía incluso que, racionalmente hablando, el condenado tiene derecho a su pena. ¿Pero el condenado estaría de acuerdo?

Reconocer que quien habla de un derecho natural del embrión está haciendo un discurso ideológico, o sea ligado a un interés o en todo caso a un punto de vista parcial, no significa por sí mismo abolir el respeto a la vida humana: pero ante todo a la vida como la vivimos todos, no a esa capacidad de "crecer solo" que pertenece también a las células cancerosas. Yo puedo no creer de hecho en los argumentos de quienes ven el aborto o el uso experimental de los embriones como homicidio; pero respeto su derecho a sostener esas tesis y a conformarse prácticamente a ellas; es el sentido de la objeción de conciencia reconocida a los médicos que no quieren practicar abortos. Pero los defensores del embrión, ¿respetan igualmente la conciencia de médicos y científicos que sienten el deber de experimentar con las células madre para salvar la vida de tantos enfermos?

Como se ve, la asimetría está totalmente fundada en la pretensión ideológica de representar un derecho "natural" de alguien, o mejor, de algo, que no puede absolutamente reivindicarlo. Que se trata de una pretensión ideológica se ve por el hecho de que el derecho del embrión es reivindicado como absoluto, porque está fundado en la "naturaleza" de la vida. ¿Durante cuántos siglos, para atenernos a nuestra historia, la Iglesia católica luchó contra el divorcio civil, incluso de los no creyentes, en nombre del hecho de que el matrimonio "por naturaleza" era indisoluble?

No es casual que hoy, en tiempos en que, bien o mal, están vigentes instituciones democráticas, seamos también llamados a decidir sobre la vida y la muerte sin pretender confiarnos a la naturaleza y a sus derechos. Todo "naturalismo" es autoritario y antidemocrático, ya que si hay una verdad natural en política, no cuentan mayorías o minorías y tampoco, en general, la libertad. El sentido de la cuestión del embrión, y de tantas otras cuestiones de la bioética, es quizá justamente el de hacernos tomar conciencia de las dimensiones de nuestra libertad y, por consiguiente, de nuestras responsabilidades.

 

(c) La Stampa y Clarín.

Traducción de Cristina Sardoy.

 
Lea nuestros artículos de opinión sobre violencia contra la mujer, sexualidad, aborto y otros temas relacionados con la situación de la mujer en el Perú y el mundo en los siguientes diarios: La Industria de Chiclayo; El Correo de Huancayo, La República y el semanario El Búho de Arequipa.