“El
presente es el pasado del futuro”
Albert Ellis
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| Kiki Smith |
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Introducción
En
estas líneas quiero compartir con ustedes algunas reflexiones
que intentan dar cuenta de aquello que denominamos el aporte de
la psicología a la comprensión integral de la violencia
contra la mujer, a partir del trabajo realizado en la ong DEMUS.
Voy a hablar de algo que está en construcción, no
se trata de una propuesta terminada, el conocimiento no es finito
y menos aún cuando se trata de relaciones humanas. Es un
alto en un camino que hemos comenzando a transitar cuando nos
enfrentamos a la problemática de violencia y al abordaje
interdisciplinario, son pocas certezas y muchas inquietudes las
que nos convocan.
Antes de
comenzar quiero señalar que este texto está pensado
y escrito a partir del trabajo que realizamos, que han supuesto
encuentros y desencuentros. Es una mirada desde la intersubjetividad
que nos permite abordar la relación con estas mujeres y
el lugar que nosotras ocupamos en dicha relación. Hablamos
desde nuestra propia condición de humanos, desde nuestra
identidad de género, desde nuestra historia, creemos que
es imposible sustraerse de uno mismo.
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1.
La violencia contra la mujer en nuestra sociedad hoy
La violencia ha sido una
constante a lo largo de la historia del Perú, pero el conflicto
armado interno de las últimas décadas ha dejado,
como señala la Comisión de la Verdad y la Reconciliación
(CVR) (1) heridas
y fracturas al interior de una sociedad que aún están
vigentes. Nuestro país se caracteriza por ser una sociedad
patriarcal y con un alto contenido racial y étnico en las
relaciones interpersonales. Sobre el escenario descrito tiene
lugar el proceso de socialización de la mujer peruana,
y la violencia de la cual es víctima tanto en el espacio
público como en el espacio privado.
La
violencia sexual contra las mujeres recorre nuestra sociedad,
nuestra historia y se nos revela como un grave problema social,
que trasciende casos individuales para colocarse en el entramado
social y develar una crisis social y humana que atraviesa las
relaciones de género. Se basa en cómo se construye
en el imaginario social, las concepciones del cuerpo femenino
y masculino así como de la sexualidad. Es importante entender
que a la base de la violencia contra la mujer hay una cuestión
de poder, como señala Foucault
(2) el poder
está en todo y existe un continuun entre el poder de los
hombres en la esfera pública y en la esfera privada, cotidiana
y relacional.
Las
causas de la violencia sexual no deben quedarse en características
individuales del agresor o de la víctima o en la disfuncionalidad
de la familia sino que es necesario dar un paso y analizar la
estructura de las relaciones entre hombres y mujeres y las características
de la sociedad que la sostienen. Retomando lo planteado por Segato
(3) , creemos que la violencia sexual no
ataca solo el orden de lo sexual y/o de lo individual sino que
se mueve en el orden del poder, del control, de la dominación
y de lo social. Trasciende el cuerpo de una mujer y daña
el cuerpo social.
El
Informe Final de la CVR (4)
señala 538 casos de violación sexual, la mayoría
contra mujeres. La violencia sexual como experiencia cotidiana
se asocia con el conflicto armado interno que vivió el
Perú en las décadas pasadas, se trata de historias
de violencia que se repiten.
Como
señala el informe de PCS (5)
situaciones similares se encuentran en Colombia y Guatemala donde
los indicadores de feminicidio (6)
y violencia sexual están relacionados a los procesos de
conflicto armado interno; donde al igual que en el Perú,
la violencia sexual contra las mujeres fue un arma de guerra.
Planteamos al igual que Amnistía Internacional (7)
que la violencia contra las mujeres suele continuar y a veces
se agrava en las fases posteriores a los conflictos armados. Dada
la continuidad y permanencia de la violencia sexual creemos que
se trata de una problemática que recorre nuestra historia.
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| Tracey Emin |
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2.
Incorporando la subjetividad a la comprensión de la violencia
contra la mujer
Se
han utilizado diferentes enfoques para abordar este fenómeno
pero consideramos importante reconocer la experiencia subjetiva
del fenómeno de violencia contra las mujeres. La experiencia
subjetiva nos remite a aspectos psicológicos en la construcción
del sí mismo, la identidad de género y las relaciones
con los otros. Retomamos a Palacios
(8) quien
plantea que “la subjetividad permite comprender el sentido
y significado de la singularidad y la particularidad como soportes
de la individuación de cada sujeto en el engranaje de la
diversidad humana”.
Primero
se nos plantearon las siguientes preguntas a partir del trabajo
de atención a mujeres víctimas de violencia:
¿Por
que las mujeres no regresan a los servicios de atención
que ofrece DEMUS?
¿Por que las mujeres no continúan el proceso legal
iniciado en DEMUS?
Fue
necesario visibilizar la dinámica interna, no bastaba la
asesoría legal; es decir, no basta la información
cuando no hay un sí mismo capaz de reconocerse como sujeto,
con deseo y autonomía. Surgen, entonces diferentes ideas
que se convirtieron en pistas que de alguna manera nos ayudaron
no solo a comprender a cada una de las varias mujeres que se han
acercado a los servicios de atención de DEMUS, sino que
nos permitieron comprender la problemática de violencia
contra la mujer.
Estas
pistas fueron:
La
categoría de víctimas
Existe
un debate en relación a la categoría víctima.
Nos hemos cuestionado lo que implica usar dicha categoría
en nuestro análisis y en la intervención. Si bien
Badinter
(9) plantea
que este término uniformiza a las mujeres en su condición
de ser víctimas, con lo cual se desvanecen las diferencias
culturales, económicas y sociales.
Nosotras,
en algunas ocasiones en vez de víctimas hablamos de mujeres
que sufren violencia, también hemos pensado en la categoría
sobreviviente. No obstante, cuando nos confrontamos con la violencia
sexual volvemos sobre la categoría víctima; creemos
que tiene un carácter político en tanto desculpabiliza
a la mujer, pero que es necesario dotarlo de otros significados,
sacarlo de su rol pasivo y dependiente.
Reconocer
así mismo las diferencias sociales, económicas,
y étnicas ha sido un imperativo para dar cuenta de las
especificidades de cada una de las mujeres con las cuales nos
hemos encontrado en este tiempo, ya sea en nuestro trabajo en
Lima como en la comunidad de Manta en Huancavelica.
Las
marchas y contramarchas
Dar
cuenta del camino por el cual muchas mujeres se hacen cargo de
la experiencia de violencia implica un proceso lento de marchas
y contramarchas, reconocer que el objetivo del trabajo en DEMUS
es acompañar ese camino lento ha sido una tarea difícil.
Nos preguntaban cuantas mujeres lograban terminar con una relación
de violencia y en cuánto tiempo, ante lo cual surgía
la incertidumbre y la frustración.
Se
observa que muchas mujeres, si bien acudían a los servicios
de DEMUS, no necesariamente dejaban la relación de violencia
y/o asumían una denuncia por violencia sexual, el proceso
suponía primero asumir la violencia como algo no cotidiano
de las relaciones humanas y volver sobre sí mismas y los
vínculos que las definen; segundo implicaba considerarse
sujeto de derechos y acceder a un pedido de justicia. Desde nosotras
suponía reconocer nuestras limitaciones y asumir que nuestra
tarea no estaba en reproducir relaciones asimétricas de
poder, donde la profesional le dice que tiene que hacer sino en
fortalecer las condiciones para que ellas mismas pueda asumir
la situación de violencia y buscar caminos para la reparación
tanto desde el espacio psicológico como desde la justicia.
Frente a una mujer víctima de violencia sexual no podíamos
esperar el inicio de un proceso de denuncia legal si es que primero
no se construía la confianza en sí misma, en nosotros
y luego en los otros. Esa confianza destrozada por lo disruptivo
de la violencia.
Historias de violencia que se repiten
Porque
hablamos de historias de violencia que se repiten. La historia
de vida no se inicia con las relaciones de pareja, las mujeres
vuelven de forma constante sobre su familia de origen y las relaciones
establecidas con los padres, abuelos /as y los hermanos /as, y
con ello nos dan cuenta de sí mismas, construyen una narrativa
personal donde la violencia de hoy se inscribe en otras historias
de violencia de ayer.
La
vuelta hacia ellas como sujetos, la mirada sobre su propia identidad
remite a experiencias de rechazo y dolor. En estas mujeres, ser
mujer implica desde su nacimiento una posición de subordinación
y desvalorización, vivencia que es internalizada en la
construcción de su sí mismo, se forma una identidad
herida, lastimada marcada por el rechazo y asociada a cosas negativas,
donde la mujer como sujeto se desvanece, no existe, su identidad
se define en función de ser para otros: madre, esposa,
etc. Como señala Velázquez
(10) es
desde ahí que se construye su ser mujer, un ser mujer herido
y rechazado.
En
una sesión del grupo de terapia una mujer nos decía:
“mi
madre me decía que mejor no hubiera nacido, que por qué
era mujer... por eso no quería ser mujer, cuando tenía
13 años me vestía como hombre y me quería
cortar el pelo...por eso no quería ser mujer, tuve hijos
después cuando era mayor, casi no lo recuerdo, todo fue
rápido en un años nacieron dos y ahora siento que
los rechazo”
(M. 43 años)
En
este caso la herida en el sí mismo está a la base
de la construcción de su ser femenino, se construye desde
el rechazo y se coloca como objeto para los otros, sin pensarse
se repite y pierde el deseo y la capacidad de decidir sobre sí
misma. Este es el terreno donde las situaciones de violencia se
perpetúan.
Encerrona
trágica
Utilizamos
este término para pensar en la situación de violencia
que sufren las mujeres como “encerrona trágica”,
según Ulloa
(11) definida
por la ausencia de un tercero, donde la relación solo supone
la presencia de víctima y victimario. La falta de un tercero
social que simbolize la ley o la ternura, que permita romper ese
vínculo inicial ofreciendo alternativas de salida. En estos
casos, la búsqueda del tercero se expresa en la añoranza
por el cuidado y protección de la figura materna o paterna,
o la búsqueda de salida colocada en la institución,
en el sistema de justicia, en la ley, etc.
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| Kiki Smith |
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3.
El diálogo interdisciplinario y el cuidado a los profesionales
A partir de lo señalado se hace necesario
una comprensión y una propuesta de atención integral
con las mujeres víctimas de violencia. Ello implicaba considerar
dos elementos centrales:
Abogadas y psicólogas con enfoques diferenciados pero complementarios,
en permanente diálogo y colaboración, iniciaron
el recorrido por lo que hoy llamamos la atención integral
y especializada de mujeres que viven en situación de violencia.
Estamos convencidas de la importancia y conveniencia
del diálogo entre abogadas y psicólogas implicadas
en la atención de las mujeres. Supone que cada integrante
del equipo debe tener claro los objetivos de la intervención,
los roles y competencias de los otros profesionales, así
como los procedimientos específicos que corresponden a
cada uno. Al igual que en el caso del trabajo con las mujeres
creemos que el descubrimiento de la alteridad permite el reconocimiento,
se trata de dos independientes a partir de lo cual se construye
la identidad de cada uno, evidenciando nuestras semejanzas y diferencias.
Todo ello permitió hacerse cargo de los
efectos que el trabajo en violencia había causado no solo
en el psiquismo de las mujeres sino en las profesionales involucradas
en la atención.
La violencia supone un ataque al vínculo,
son ataques destructivos no sólo al otro sino a la función
de vincular un objeto con otro; es decir se coloca fuera a través
de diferentes mecanismos psicológicos la propia destructividad,
la desesperanza y todo aquello que no quiere mantenerse como propio.
Justamente porque asusta y es inmanejable por el propio sujeto
y por su mundo interno.
La violencia implica un no reconocimiento del
deseo del otro, supone desaparecer al otro así como desaparecer
sus necesidades y demandas; en ese sentido anula la capacidad
de pensar y reaccionar; esa misma violencia que se ejerce al interior
de las familias, de las instituciones, en la calle se repite con
los profesionales involucrados en el trabajo.
La violencia genera ruptura del encuadre y de
los límites; cuando se plantea la relación con un
otro y más todavía en ámbitos institucionales
se observa que la violencia filtra vía diferentes mecanismos
el funcionamiento organizacional y el trabajo profesional. Todo
aquello que organiza y limita nuestras intervenciones son justamente
el blanco de acción; por ello se dice que se trata de sujetos
que tienden a romper las “reglas de juego”, en términos
clínicos hablamos de encuadre y límites.
Si bien es cierto que trabajar con poblaciones
en riesgo y con características tan particulares implica
una constante recreación de nuestra intervención
y un diálogo interdisciplinario fluido; se requiere contar
con límites claros y definidos ya que parte de lo que podemos
ofrecer en la relación es un nuevo modelo de contención;
implica también proponer al otro que somos capaces de contener
sus contenidos agresivos sin que nos lastime, sin que nos destruya.
Así, es necesario crear espacios para que
las y los profesionales de distintas disciplinas puedan tener
una comprensión integral de la violencia. Esta comprensión
permitirá la elaboración de estrategias jurídicas,
sociales y psicológicas acordes con las necesidades de
cada sujeto y consolidará una intervención integral.
Además, es importante tomar conciencia
de los efectos que tiene la atención de casos de violencia
en las personas que los atienden. Frente a estos temas, DEMUS
considera como parte de su Modelo de Atención Integral
contar con espacios de cuidado con la finalidad de que las profesionales
que trabajen con violencia cuenten con un espacio en el que no
solo se intercambien percepciones de los casos y estrategias de
intervención, sino que también se visibilice y trabaje
la dinámica inter subjetiva generada en la atención
de cada caso entre los y las profesionales, así como entre
éstos y las usuarias. Por ello quiero agradecer a cada
una de las psicoanalistas que nos han acompañado en tan
difícil tarea: María Cristina Arbayza, Marisol Vega,
Viviana Valz Gen y Teresa Ciudad.
Es central volver de forma constante sobre la
motivación de trabajar con problemáticas filtradas
por la violencia. Preguntarse de forma constante cuál es
la motivación nos puede permitir limpiar de otros demandas
e intereses el trabajo y nuestra relación con el otro.
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4.
Diferentes formas de atención: recreando la teoría
y la técnica
La
necesidad de implementar nuevas propuestas de trabajo psicológico
surge ante la demanda de atención que existe en la institución
y las escasas alternativas de intervención existentes en
nuestro medio.
Siempre
nos han preguntado como trabajar en psicología desde la
teoría psicoanalítica con enfoque de género.
Hemos recogido el aporte de los diferentes desarrollos en el mundo
y creemos que la psicología es una disciplina en diálogo
con otras de las humanidades y las ciencias sociales. No creo
en compartimentos estancos; sin embargo es imprescindible rescatar
la especificidad de cada disciplina.
Como
señala Hornstein
(12) cada coyuntura sociocultural exige nuevos
compromisos psicoanalíticos, se requiere repensar la teoría
y la práctica psicoanalítica en nuestros tiempos.
Inicialmente las teorías feministas, los estudios de género,
el feminismo de la diferencia y la intersubjetividad fueron las
entradas que utilizamos para sumarnos a una forma diferente de
pensar e intervenir desde el psicoanálisis. Esta suma se
ha desarrollado a partir de los trabajos de Nancy Chordorow, Carol
Guilligan y Jessica Benjamín
(13) y en América Latina con los trabajos
de Mabel Burín, Eva Guiberti, Emilce Dio Bleichmar, cuyos
escritos se convirtieron en nuestras lecturas predilectas.
Rescatamos
al sujeto y su subjetividad construida y recreada desde el contexto
sociocultural que la define. Partiendo de ese sujeto nos interesa
el encuentro, lo intersubjetivo, aquel espacio donde se construye
una nueva relación, donde hay dos, cada uno con una subjetividad
propia. Siguiendo a Benjamín la intersubjetividad se basa
en que el individuo crece en las relaciones con otros sujetos
y a través de ellas. Esta autora plantea que el otro con
el que el sí mismo se encuentra es también un sí
mismo, es decir un sujeto con derecho propio. Para ello un elemento
central es el reconocimiento. Donde hay la posibilidad de un encuentro
entre un sujeto y un otro diferente pero semejante a la vez. Este
proceso supone una tensión permanente: necesitar al otro
para que nos reconozca pero a la vez separarnos como sujetos independientes.
Esta tensión puede convertirse en una lucha de poder, se
oscila entre la afirmación y la agresión; entre
el deseo de control y la búsqueda de independencia.
Si
bien, al inicio se niega la diferencia, esta nos confronta y nos
implica; luego, nos influye y redefine nuestras identidades. Creemos
central entender cómo se reproducen las cosas en los sujetos
y en las sociedades, a partir de las experiencias relacionales
y el encuentro con el otro. Trascender de lo intrasubjetivo, permite
entender al sujeto ligado a su historia y a su entorno actual,
abierto para ser permeado por el otro; donde cada subjetividad
es re- definida en cada encuentro.
Hemos
transitado de una propuesta de intervención clínica
comunitaria a una propuesta más integral de salud mental
comunitaria, hemos desarrollado diferentes formas de intervención
con mujeres de la ciudad y con mujeres rurales en la comunidad
de Manta
(14) . Fue necesario sumar a la teoría
clínica la realidad de exclusión y discriminación
y violencia que atraviesa nuestra sociedad. Muchas personas han
sido partícipes de esta aventura a través del voluntariado
o de su apoyo en los otros servicios de DEMUS. Solo quiero mencionar
algunas de nuestras diferentes formas de intervención psicológica:
Voluntariado psicológico y legal, Grupos de terapia, Terapia
breve, Intervención en crisis, Acompañamiento psicológico
a la defensa judicial y Salud mental comunitaria.
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5.
Dónde se enmarcan el desarrollo de estas producciones
Velázquez,
Tesania (ed) (2007) Experiencias de dolor: reconocimiento y reparación.
Violencia sexual contra las mujeres. Lima: DEMUS
Fernández,
Adriana; Gonzáles, Katia; Paredes, Giannina; y Velázquez,
Tesania (2006). Historia de violencia que se repiten. Grupos de
terapia: un espacio para ser diferentes. Lima: DEMUS.
Se trata
de la necesidad de generar conocimiento a partir del trabajo realizado
en la institución, la necesidad de dar orden, de parar
para reflexionar y pensar, de sistematizar aquello que se hace
en medio de la demanda y la urgencia.
Es el trabajo
colectivo de un grupo de profesionales que han trabajado en la
institución, quiero mencionar a Giannina Paredes y Katia
Gonzáles (las primeras voluntarias psicólogas) que
luego se quedaron en la institución aportando desde su
calidez y profesionalismo. Luego llegaron nuevas psicólogas,
quienes a partir de su experiencia en el voluntariado deciden
continuar el trabajo en la institución Paula Escribens,
Adriana Fernández y Silvia Ruiz. Entre todas hemos construido
espacios de diálogo, reflexión y supervisión
constante que han permitido la elaboración de estos textos.
Cada una
de las autoras de manera particular ha contribuido a esta elaboración
conjunta y colectiva que hoy queremos compartir con ustedes. Quiero
por ello agradecer a cada una por el esfuerzo y compromiso pero
principalmente por su sensibilidad y empatía para escuchar
y comprender la violencia.
Pero el trabajo
psicológico solo ha sido posible por la presencia de un
equipo interdisciplinario y por una institución que nos
acoge y que genera espacios de discusión y reflexión.
Por ello agradezco a todas mis compañeras y a la institución.
(1)
CVR (2002) Informe Final de la Comisión
de la Verdad y la Reconciliación.
(2)
Foucault, Michael (1980)
Microfísica del poder. Madrid: Editorial La Piqueta.
(3)
Segato, Rita (2003) Las estructuras
elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre
la antropología, el psicoanálisis y los derechos
humanos. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.
(4)
CVR (2002) Informe Final
de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.
(5)
PCS (2006) Impunidad Pongámosle
fin. Violencia sexual contra las mujeres en conflicto armado y
postconflicto en América Latina. Lima: PCS.
(6)
DEMUS ha realizado informes
anuales en relación a la situación del feminicidio
en el Perú a partir de diarios de circulación nacional.
Del 2001 al 2004 se han registrado 351 casos de feminicidio.
(7)
Amnistía Internacional
(2005) Hacer los derechos realidad La violencia contra las mujeres
en los conflictos armados. Madrid: Editorial Amnistía Internacional
(Edai).
(8)
Palacio, María Cristina
(2006) Las masculinidades una necesidad urgente de nombrarlas.
Ponencia presentada en el Seminario - Taller Internacional Violencia
de género y masculinidades, Cochabamba, Septiembre.
(9)
Badinter, Elisabeth (2003)
Hombres / mujeres. Cómo salir del camino equivocado. Buenos
Aires: Fondo de Cultura Económica.
(10)
Velázquez, Tesania
(2002) Violencia contra la mujer en relaciones de pareja: Factores
de riesgo y protección. Tesis para optar el título
de Magíster en Evaluación Psicológica Clínica
y Forense en la Universidad de Salamanca, España.
(11)
Ulloa, Fernando (1995) Novela
Clínica Psicoanalítica. Historia de una práctica.
Buenos Aires: Editorial Paidós.
(12)
Hornstein, Luis (2003) Intersubjetividad
y clínica. Buenos Aires: Editorial Paidós.l
(13)
Benjamín, Jesica (1996)
Los lazos de amor. Psicoanálisis, feminismo y el problema
de la dominación. Buenos Aires: Editorial Paidós.
(14)
DEMUS (2005) Noticias, remesas
y recados. El encuentro con Manta- Huancavelica. Lima: DEMUS,
UNIFEM, PCS y WK.