“El presente es el pasado del futuro”
Albert Ellis

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Kiki Smith

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Un acercamiento integral e interdisciplinario, entre el derecho y la psicología, a través de la perspectiva psicodinámica y la perspectiva crítica del derecho.
Nos referimos al Modelo de atención integral para mujeres víctimas de violencia en la relación de pareja que el Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer ha ido construyendo en los últimos años para entender las relaciones de género, el ejercicio de poder y la violencia contra las mujeres, todo ello con el fin de comprender el dolor de las mujeres y trabajar en su recuperación.

El camino para llegar a las mujeres es la intersubjetividad, en cada encuentro y desencuentro con cada una de las mujeres, lo cual permitió al equipo de psicólogas rescatar al sujeto (ellas y nosotras), usuarias de los servicios (1) y psicólogas de Demus respectivamente.


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Habla el sujeto

Dos últimas publicaciones recogen las voces de este sujeto para hacer un balance de lo que significa construir un espacio grupal y los sentimientos que éste desencadenó en las participantes del mismo:

• Historias de violencia que se repiten. Grupos de terapia: un espacio para ser diferente.
Adriana Fernández G., Katia Gonzales B., Giannina Paredes, Tesania Velázquez. Lima: Demus, Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer (2006).
Este documento recoge la elaboración y reflexión colectiva de las diferentes profesionales involucradas a lo largo de estos años, en los 7 grupos de terapia llevados a cabo en la institución, que han supuesto un promedio de más de 60 mujeres participantes.

• Experiencias de dolor: reconocimiento y reparación. Violencia sexual contra las mujeres.
Tesania Velázquez (ed.) Colaboradoras: Paula Escribens, Adriana Fernández, Katia Gonzáles, Silvia Ruiz y Tesania Velázquez. Lima: Demus Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer (2007).

A través de fragmentos de entrevistas y viñetas, hablan las mujeres que conformaron los grupos de terapia, es decir aquellas que viven situaciones de violencia al interior de sus relaciones de pareja; ya sea violencia física, psicológica y/o sexual y que acuden a los servicios a solicitar ayuda o a pedir alguna información. En cuanto al documento de grupos, esta publicación, según César Pezo del Pino, profesor del Departamento de Psicología de la PUCP, es una reflexión “sobre el proceso de construir un espacio grupal, algo que es al mismo tiempo que intersubjetivo un proceso individual de incorporar nuevos referentes y de revisar antiguas identificaciones (...), las autoras prestan atención a la fuerza de algunos sentimientos tratados en los grupos. De manera descarnada se aproximan a sentimientos y contradicciones que habitan en los seres humanos.”

A partir del año 2001, se desarrollan en DEMUS grupos de terapia para mujeres que viven o han vivido violencia en sus relaciones de pareja. Estos grupos se han venido realizando por un período de cuatro años, luego del cual fue necesario hacer un alto en la tarea y contar con un espacio de reflexión y análisis del impacto de los grupos en las mujeres participantes, en las profesionales involucradas, en la propuesta del Modelo de Atención Integral y en la institución en su conjunto. (2)

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La escucha psicológica: un espacio para sentirse vivas

Desde la escucha psicológica –explica Marisol Vega en el prólogo a Historias de violencia que se repiten– “el dato adquiere significado a partir del encuentro que surge entre la psicóloga que brinda atención y la mujer que está siendo atendida; importa todo lo que trae como asociaciones libres, lo expresado verbalmente y el lenguaje no verbal, lo manifiesto y lo latente. Cuando nos aproximamos desde la dimensión subjetiva el objetivo de la escucha activa no es la búsqueda de certeza sino la búsqueda de la profundidad del sentido”.

Lo más evidente entre las mujeres que viven violencia es la dificultad que atraviesan éstas para nombrar su dolor; por muchas razones la dificultad para nombrar el dolor se vive, además, porque muchas veces las mujeres no se reconocen como sujeto de derechos y por lo tanto tampoco como víctimas.

Marisol Vega escribe que la propuesta metodológica en Historias de violencia que se repiten “es el resultado de una experiencia de proceso en el que han ido implementando estrategias diversas (...) para promover espacios de continuidad, de escucha y de contención, en contraste con las experiencias emocionales de encierro, de ruptura, de falta de reconocimiento, aislamiento, silencio y desborde que se dan en las relaciones de violencia contra la mujer. Lo que nos ofrecen es un modelo de relaciones humanas en construcción, alternativo a la violencia.”

Según las autoras de esta publicación, que sistematiza la experiencia del equipo psicológico de atención a mujeres afectadas por violencia en sus relaciones de pareja, “este modelo está basado en un enfoque psicodinámico, que permite rescatar la dinámica intersubjetiva de las mujeres que viven violencia y evidenciar el impacto de esta experiencia en su salud mental. Partiendo de la teoría psicoanalítica, nuestro enfoque cuestiona miradas falocéntricas del desarrollo psíquico humano.”

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Marina Abramovic

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Donde el silencio es propio y ajeno

“Yo no contaba a nadie mis cosas. Cuando yo me casé, mi papá y mi mamá no quisieron que me casara con mi esposo, entonces no me podía quejar con ellos de mis problemas. Tuve un hijo, dos hijos, más hijos; me rogaron que me separe. No lo hice. Si uno no sale y no cuenta a nadie, es peor. Yo sola me tragaba mis problemas, yo me sentía mal y no quería enfermar a los otros con mis problemas... lo único que podía era sentarme en un lugar en donde nadie me vea, ni que entre aire. Lloraba, lloraba inconteniblemente y así me acostumbré. Ahora que estoy viniendo a las sesiones siento que puedo contar mis cosas libremente...”
(Julia, 48 años)

“Salía con ganas de trabajar, de hacer algo, de estudiar... porque antes de empezar la terapia yo me había consumido en mis problemas...”
(Mónica, 45 años)

Los testimonios de las mujeres participantes nos hablan del silencio como una prisión; incluso, la falta de comunicación con las personas de su entorno las hace sentirse invisibles. En este sentido, uno de los aspectos principales para la estructuración del grupo de terapia, dándole –según las autoras– cierta constancia fue la llamada telefónica. A través de ella, una de las terapeutas recuerda a las integrantes del grupo el día y la hora de la cita. Las llamadas telefónicas han sido valoradas por las participantes como uno de los hechos más significativos:

“Te hacen recordar y te dan confianza, entonces uno ya tiene el valor de ir”
(Julia, 48 años)

“A mí me parece bien, porque es para que uno no se olvide de ir, que uno debería darse un tiempo para nosotras mismas ¿no? Y que había una persona que estaba pendiente”
(Mariana, 30 años)

“Estas llamadas eran muy buenas, a veces una no tenía ni quién la llame. Era muy importante porque nos hacía recordar. Se sentía algo importante. Se sentía que alguien se preocupaba porque estemos ahí, porque no nos olvidemos que era algo importante para nosotras... Mostraban interés, esa es la palabra. Como si dijeran: te recordamos para que asistas a la reunión”
(Mariana, 30 años)

“Así como nos llamaban íbamos. Porque si no nos hacen acordar de repente no regresábamos. De esa manera te dan confianza y entonces uno ya tiene el valor para ir... Es que cómo se sentirá la señorita con las cosas que hemos dialogado, se sentirá mal con los problemas ajenos”
(Julia, 48 años)

“Esto te permite organizarte. Te dicen puede usted venir, contamos con usted, usted puede integrarlo... a mí me encanta, normalmente yo estoy en casa, mi trabajo, mis hijos, a todos les digo: me voy a Demus; porque se trata de mi persona, de estar bien interiormente, entonces yo me siento muy bien”
(Milagros, 46 años)

 

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Venciendo la desconfianza, la vergüenza y la omnipotencia


El grupo es el espacio de contención. Según las autoras, durante las sesiones la necesidad de hablar y de ser escuchadas y por lo tanto reconocidas como sujeto de derechos es lo primordial: “Cada mujer se ubica dentro del espacio grupal y conoce a las otras mujeres participantes. Aparecen sentimientos como la desconfianza, la vergüenza y la omnipotencia”:

Al principio me daba una sensación de angustia, pero cada vez me iba soltando más y me ayudó a superar la depresión. Porque yo tenía una depresión muy grande...me ayudó a superar en el sentido de que cuando yo estaba sola me acordaba de que no era la única y que ahí se hablaba de que uno tiene que tratar de superar, de valorizarnos, de querernos a nosotras mismas”
(Julia, 48 años)

“Es que ya no aguanto más, estoy en mi casa y me peleo con mi esposo. Él lo único que dice es que estoy loca, que seguro tengo algo que me haga ver, y yo sé que él se ha enterado que yo vengo acá, y él me dice que para qué vengo si no vale la pena, que son estupideces, que no me van a ayudar que piense en otras cosas. Me dice que todo lo que hago está mal, que no sirvo para nada”
(Claudia, 46 años)


“Llegué en un estado depresivo, hicieron que me soltara, que hablara de mis problemas. Al escuchar a las otras personas vi que no era la única y pude hablar y ahí empecé a ir, no era frecuente, dejaba de ir, buscaba pretextos, hasta que le tomé la debida importancia y empecé a ir”
(Milagros, 39 años)


“Fui al principio toda temerosa porque...cómo van a enterarse de tu caso...pero me gustó, porque todas llorábamos, un caso que la otra contaba nos contagiábamos, porque de alguna manera su sufrimiento está reflejado en uno, terminábamos llorando...me ayudó mucho escuchar”
(Carla, 42 años)

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Lygia Clark

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El temor a la soledad y la dependencia en las mujeres

Desde pequeñas, a las mujeres se les enseña a pensar que la meta es el matrimonio, que deben convivir o casarse para que un hombre las proteja y represente. De ese modo, le temen a la libertad y a la toma de decisiones.

Para las autoras: “Esta mirada de lo femenino afecta el proceso de separación de las mujeres y aumenta el temor de imaginarse una vida de manera independiente a su relación de pareja”.

“Si el hombre dice que va a cambiar, ¿por qué nosotras aceptamos eso y seguimos con él? Nosotras creemos y aceptamos ¿por qué? ¿Por miedo a la soledad? ¿Por qué la sociedad nos dice que tenemos que tener un hombre al lado? ¿Por qué, por temores? La respuesta siempre es sí, sí lo perdono pero hay cosas imperdonables...¡¡por qué!!”
(Laura, 42 años)


“Mi mayor temor era asumir una responsabilidad sola, la cual nunca había tenido porque desde que salí de mi casa fui primero hija, pasé a ser esposa y luego señora de un hogar... Él está decidido en que nos vamos a divorciar. Yo le hecho hasta lo último, hasta decidí perdonarlo, como madre, por mi hogar...”
(Milagros, 39 años)


“Ahora mejor no pensar que es el final. Es como si nos faltara algo, por eso nos reunimos al final de la sesión a tomar nuestra gaseosa y conversamos. Lo vamos a extrañar. Claro, por eso nos reunimos, ya somos amigas. Pero uno se acostumbra a venir”.
(María, 54 años)

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Marina Abramovic

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Un espacio de reconocimiento y catarsis

El reconocimiento –escriben las autoras– “permite el acercamiento y la sensación de confianza de que el otro puede experimentar las propias vivencias y a su vez mantiene la diferencia suficiente que los reconoce como sujetos independientes”.

“El grupo representa también un espacio de liberación de pensamientos, ideas, sentimientos y fantasías...”

“Creo que hay otras mujeres que no lo saben... muchas personas no saben que existen...muchas personas no saben que hay personas que pueden escuchar, que las pueden ayudar, que podemos estar a veces a salvo, que hay personas que nos pueden comprender”
(Mariana, 30 años)


“descargábamos todas nuestras preocupaciones, nos desahogábamos ahí. Yo sentía que viene una, luego otra... todo contábamos... se sentirán enfermas con tanto problema”
(Liliana, 46 años)


“...poco a poco me fui dando cuenta que ellas nos estaban brindando un espacio en donde una puede realmente desahogar sus problemas... al salir yo salía con la confianza suficiente de que lo que yo pensaba que era bueno seguía siendo bueno...yo valgo, yo soy un ser que valgo mucho y debo valorarme, y así como yo me valoro el resto debe valorarme y así o sea, cada sesión era una etapa diferente”
(Mónica, 45 años)



(1) DEMUS, Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer, es una ONG que desde hace 20 años se ha propuesto contribuir a disminuir la violencia contra la mujer y promover su autonomía y su desarrollo personal y social. Cuenta con tres servicios integrales de atención a mujeres víctimas de violencia: Línea de orientación integral, Atención en la Comisaría de Mujeres de Lima y Atención en el local institucional.

(2) Historias de violencia que se repiten, Demus, pp.13,14.


 
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