Desde “ser para los otros”, para “ser para sí mismas”. Implicancias del aborto.

Susana Chávez
Flora Tristan

Como inicio de mi reflexión, quisiera hacerlo con algunas preguntas que no pretendo responder, pero con las cuales, quisiera expresar mi propio desconcierto e incomprensión, el mismo que podría sentir una niña o un niño ante la constatación de que las mismas respuestas, lleva nuevamente a las iniciales preguntas: ¿Porque nuestra vida sexual y nuestras decisiones reproductivas tienen que ser discutidas, evaluadas, juzgadas y sancionadas?.

¿Porque aun como sociedad permitimos que este tipo de decisiones que pertenecen enteramente a la vida privada y que deben ser nuestra prerrogativas como seres autónomos, se tengan que poner en cuestionamiento? y con ello, se cuestione también nuestro derecho a vivir haciendo uso del ejercicio de nuestros derechos humanos, los mismos que deben ser puestos en practica por el simple hecho de existir.

Soy conciente que a la fecha hay muchos esfuerzos de académicos y académicas, activistas y todo un movimiento social por entender la lógica de estos porques, sin embargo, ello no soluciona el punto central de mi desconcierto, ¿porque hay tanta arbitrariedad?.

Dentro de las respuestas que se han ido dando, hay algunas que particularmente me llaman la atención y que desde mi punto de vista se acercan un poco mas a mis preguntas y a nuestro quehacer, por lo que a partir de estas, pretendo canalizar mis propias reflexiones y constataciones. Graciela Hierro, Mexicana, feminista filósofa, plantea que socialmente hablando, la condición masculina y femenina se halla explicada por la dicotomía: “ser para uno” y “ser para otros”, en donde a las mujeres se nos ha adjudicado e internalizado profundamente el “ser para otros”. Este “ser para otros”, se manifiesta como ella bien lo dice, a través de la inferiorización, control y uso, lo cual para mantenerse inalterable con el tiempo, se recurre a la mistificación de la condición femenina.

Si observamos bien, esta dicotomía “ser para uno y ser para otros” es profundamente trascendental porque nos da algunas pistas más certeras acerca de la deshumanización que sufrimos, y me refiero como deshumanización a la negación de atributos tan elementales como el ejercicio de los derechos humanos y porque esta deshumanización resulta tan tolerada incluso por las propias mujeres, a pesar de constituir el grupo afectado.

Los mecanismos de cómo se perpetua esta dicotomía al parecer son múltiples y los hechos de nuestra vida cotidiana, están permeados constantemente por el “ser para otros” y ello lo podemos ver en los distintos ámbitos de nuestras vidas; en el ejercicio de nuestra sexualidad, en el ámbito laboral, en las relaciones sociales, etc. Para las mujeres, ser para uno, resulta una herejía, siendo muchas veces objeto de sanción social.
Miremos sino a Flora Tristán, quién fue catalogada “indigna” para la moral de la época y perseguida judicialmente cuando decidió abandonar un matrimonio horroroso que estaba a punto de aniquilarla. Su decisión de abandonar lo que tenia, lo que le daba cierto status y reconocimiento social, fue debido a que descubrió su condición de servidumbre, lo que fue motivo para que luego ella tenga que vivir como prófuga, perseguida, juzgada de ser mala esposa y madre desnaturalizada. Flora fue una mujer que decidió vivir para ella, porque vivir para otros, le podría haber costado la muerte.

Desde visiones algo moralistas, podría plantearse que este “ser para otros”, debería ser mas bien un valor a ser promovido para el desarrollo del genero humano y no al revés, dado que “ser para uno” podría estar mas relacionado a motivaciones egoístas que dan cuenta de un profundo individualismo. Adelantándome a esta posible respuesta, pienso que no se puede “ser para otros”, si antes no podemos “ser para uno”. Para precisar mi explicación tratare de recurrir a un ejemplo muy simple. Nadie puede poner en duda, de que los hombres como grupo genérico, necesitan primero satisfacer su necesidad de realización lo que podría entenderse como “ser para uno”, a través del logro de su independencia económica, logros profesionales, etc., para poder formar una familia, sin embargo para las mujeres, esta necesidad de “ser para uno” para dar este paso en su vida, resulta ser casi accesorio, ya que su realización principal, va estar en ser “para el otro”, es decir, la mujer tradicionalmente hablando no necesita de asegurar de ninguna realización personal para darse a los otros, ya viene provista de un conjunto de habilidades para ser automáticamente apta para “ser para los otros”.

Empiezo con este tema, porque me permite también entender algunas lógicas que se hallan detrás de la prohibición y de la sanción social sobre el aborto y los terrenos que tenemos que entrar a debatir si queremos como feministas un cambio sustantivo, para no quedarnos en agendas mediáticas que tal vez sólo resuelvan algunas injusticias sin lograr las transformaciones necesarias.

Para mi, lo irónico de esta constatación de “ser para uno” y “ser para el otro”, en el debate sobre el aborto, es que los sectores conservadores y quienes están en contra de este hecho, consideran al aborto, como un acto egoísta, en donde la mujer sólo piensa en ella y por eso se le pinta de irresponsables, individualistas y crueles y creo que el rechazo mas que al aborto mismo, se debe a la amenaza de que la mujer comience a ser para uno y de allí su enorme esfuerzo de promover y reasegurar el discurso de que las mujeres “sean para otros”, sin embargo, quienes hemos compartido, vivido, estudiado y abogado por el derecho al aborto, sabemos que las principales razones de las mujeres para abortar no tiene que ver con el “ser para uno’, sino fundamentalmente con el “ser para otros“. Es decir, las mujeres jóvenes abortan porque no quieren desilusionar a sus familias, que guardan en ella, expectativas de superación, las mujeres que ya tienen hijos, abortan por no afectar a los hijos que ya tienen, etc, las mujeres abortan por no afectar económicamente a sus familias.

Es por eso que considero que siendo el aborto una agenda incuestionable para el movimiento feminista, no necesariamente se constituye en la trasgresión de la hegemonía moral que se nos han impuesto a las mujeres de solo ser “para otros”, por lo tanto nuestra lucha tiene que profundizar en el campo de las propias mujeres, en decodificar esos hilos transparentes que la obligan a ser para otro, en construir nuevas relaciones con ella misma, con sus expectativas y sus realizaciones.

El otro dilema que también señala Hierro y que me parece sumamente relevante es lo que se refiere a la moralidad de la reproducción, que se sustenta en el “fundamento naturalista”, en donde se nos plantea que todo lo que proviene originariamente de la naturaleza es bueno y moralmente adecuado y dado que el aborto, se constituye una interrupción de lo natural, no es aceptable. Este ha sido uno de los principales argumentos de la iglesia católica, sin embargo, es necesario señalar que este es un discurso profundamente interesado, dado que no hay nada en la naturaleza que sea del acceso humano que no haya pasado por una transformación y una intervención de la misma. Intervenimos en ella para trasformar el curso de la enfermedad, el envejecimiento e incluso la muerte. También intervenimos para proveernos de mejores condiciones de vida, controlando lo adverso del clima, mejorando la calidad del agua y de los alimentos y ampliando nuestras dimensiones del placer. Muy poco de lo que tenemos, usamos o ingerimos tienen que ver con una naturaleza inalterable y sin embargo, nadie puede decir que esto no es éticamente valido. Tal como se puede ver, la dimensión sexual y reproductiva, son unas de las poquísimas áreas que se siguen apelando a la naturaleza como lo normativo.

Quise hacer dos reflexiones porque creo que como feministas nos permiten establecer dos retos en nuestra agenda que se van a encontrar permanentemente, interconectándolos entre si: El primero se refiere a como enfrentamos, decodificamos y denunciamos los distintos mecanismos de control y de sujeción social de las mujeres, que se expresan en políticas, leyes, normas y sanciones sociales, que son articuladas por grupos de poder que se fundamentan en un orden social injusto, profundamente discriminatorio contra las mujeres y contra las diversidades en su conjunto (llámese sexual, étnico, concepciones religiosas, etc.), basados en un pensamiento único y hegemónico y que impiden el ejercicio de nuestros derechos humanos y segundo: como hacer de la agenda del aborto, una agenda liberadora para la propias mujeres, del reto de hacer de nosotras mismas nuestros propios agentes liberadores, hacernos efectivamente sujetos de derecho, es decir, los pasos necesarios para aprender “ser para uno”, lo que implica definitivamente el compromiso de las mujeres, pero también en compromiso del Estado y de la sociedad en su conjunto para respetar los derechos humanos de las mujeres, con el fin de que logremos como parte de la humanidad, primero “ser para uno”.