Rocio Muñoz Flores

 

Rocío Muñoz Flores:

“La exploración siempre será una aventura y la aventura me gusta, ¡prueben!”

Antes de responder las preguntas, me gustaría compartir algunas cosas, el erotismo y todas esas emociones que se producen en el cuerpo y en el alma yo las entendí, no tan joven, es decir, muchas veces sentía tantas emociones y sentimientos que durante muchos años trate de negar y negarme.  Quién de nosotras no tuvo una madre que le decía “de la cintura para arriba, todo lo que quieras”, “cuidado con salir con tu domingo siete” (embarazo), ahora me provoca tanta risa;  pero aun así, debo confesar que en su momento fue una camisa de fuerza que no dejó que mi sexualidad se expresara con toda su libertad.  Ahora me divierte lo que dice mi pareja: “eres terrible, he venido a tener más de 40 años para conocer placer con mayúsculas”; eso también me divierte, y la verdad me gusta, pero siento que me falta conocer tanto más del cuerpo que espero pueda conservar las ganas y el tiempo necesario para hacerlo.
 Justo, en una reunión de mujeres, intentando conocer algo más de mí misma, reconocí que a través de mi cuerpo, puedo llegar a controlar mucho más cosas de las que uno cree; en fin, la exploración siempre será una aventura y la aventura me gusta, ¡prueben!
1.- Yo siento que no es un tema malo o bueno, las personas debemos aprender a conocernos y sentir con libertad.  Es por ello que creo importante entendernos a partir del cuerpo y desde lo que somos.
Voy a hablar desde mi identidad, de la que no me puedo desligar, mujer afrodescendiente, con un pasado que ha determinado en muchos momentos el presente y seguro marcará el futuro. Las mujeres negras rompemos con el viejo discurso de la fragilidad de la mujer.  Lavamos, cocinamos, limpiamos, atendimos a niños que no eran nuestros, los alimentamos, trabajamos en el campo, solventamos las necesidades de familias enteras  y de otras mujeres con las que ahora hacemos alianzas y hablamos de género. Cómo podemos saber de erotismo, si nuestro cuerpo fue “tomado” para placer de otros o para reproducir otros cuerpos para trabajar. Cómo podemos saber de erotismo si en muchos casos éramos consideradas “hechiceras, por tener esos cabellos ensortijados, ojos redondos y labios gruesos” (mulatas). Cómo, si en muchos casos nuestro cuerpo fue la “estrategia” para lograr mejores condiciones para nuestras familias y nosotras mismas. Si teníamos que asumir el doble papel de “esposa y esclava al servicio de la familia y del amo y en casa al servicio del esposo”, todo al mismo tiempo, y todo había que hacerlo bien. Cómo podemos saber de erotismo si ahora nuestros cuerpos son mirados como “vulgares” por el ancho de sus caderas y porque el ideal del cuerpo de una mujer es 90-60-90. Si todo el tiempo, además, se sobredimensiona nuestra sexualidad, colocándonos como expertas/os en el arte amatorio.
En fin, podría seguir escribiendo más, pero creo que sí sabemos de erotismo, más de lo que reconocemos y de lo que hemos hablado. Las mujeres negras aún necesitamos encontrarnos desde el cuerpo y desde nuestra sexualidad, para superar prejuicios y reconstruir nuestra historia para acomodar el presente.  Mi sexualidad, y seguro la de muchas  mujeres afrodescendientes o no, se construye y reconstruye porque creemos en la libertad.
2. Siento que haber escuchado durante nuestra historia que la debilidad y la sumisión son características de las mujeres nos ha logrado encasillar en el cuadro de la vergüenza, el miedo y el silencio. En ese contexto, expresar nuestros deseos sobre todo aquello que se orienta a la sexualidad, el cuerpo y el sexo, se vuelve una enorme limitación que afecta la posibilidad de expresar nuestras emociones y sentimientos.  Por ello, y por temor a ser juzgadas como “mala mujer”, reprimimos, ocultamos y sin duda nos dañamos también.  Creo que el contexto juega un papel muy importante; es decir, el tipo de sociedad, costumbres, etc.
 3. Mmm... Esta sí es una pregunta interesante, porque siento que principalmente para las mujeres que hemos tenido por siglos el mandato de reprimirlo todo y no sentir a través de nuestro cuerpo, además de una sociedad machista e hipócrita, creo que se complejiza mucho la situación.  Respecto  a las fiestas swigers;  pues de hecho asistiría, aunque creo que será difícil disfrutarla siendo parte de ello y no solamente observadora, y no sentir culpa. Hemos recibido mensajes durante toda la vida con respecto a lo malo o súpermalo del placer.  Por ello creo que es un proceso en el que cada persona deberá decidir aceptar o no.  Para aquellas que aún no experimentaron con el sexo, placer y coreografía, con más de una persona al mismo tiempo, será complicado, pero también creo que esta opción, es decir, no más de una persona al mismo tiempo es legítima y está bien.
4. Yo no me atrevería a decir que es lo feministamente correcto.  Yo creo que hay que darle rienda suelta a la creatividad y al deseo, mientras esto no dañe a otras personas y principalmente no te dañe a ti. Yo he visto algo y leído algo de sadomasoquismo y me parece no es lo mío, pero si alguna lo disfruta, adelante. De otro lado, siento que el feminismo no pretende ser una camisa fuerza que te diga esto es bueno o malo, por el contrario, nos brinda la posibilidad de decidir de acuerdo a lo que queremos y sentimos, cuestionando todo aquello que se quiere imponer beneficiando a unos y sometiendo a otros.
 5. Lo que más recuerdo fue la posibilidad de expresar nuestras emociones y sentimientos, compartir nuestras vivencias, miedos o alegrías. Ha sido una rica experiencia; sin duda, debe repetirse.  Estos espacios en los que las mujeres podemos hablar sin el temor de ser juzgadas, son necesidades sentidas para las mujeres y en especial para aquellas que trabajamos estos temas.  Debo confesar que gusto de estos espacios.

 6. Como lo mencione líneas arriba, las mujeres afro rompemos con el mito de mujer frágil.  Mientras las luchas de las mujeres en su momento fueron la conquista del espacio público, para nosotras, las afrodescendientes, no eran prioridad; ya trabajamos en el espacio público, quizás el espacio privado era nuestra pequeña trinchera de libertad y poder.  Sin embargo, me parece interesante luego de conversar con muchas mujeres afrodescendientes algunas observaciones. Algunas mujeres afro, integrantes de organizaciones tienen un principal reclamo a las feministas, “no nos incluyen”, “no somos parte del grupo ni de sus luchas”.Muchas feministas dicen que “las mujeres negras

no participan no se integran”. Considero, que hay varios elementos para discutir;  el primero es que las afrodescendientes debemos dejar de relacionarnos solo entre nosotras, eso no está ayudado a construir alianzas;  de otro lado, todavía no hemos debatido sobre temas clave, como derechos sexuales, derechos reproductivos, racismo y sexismo, cuerpo y placer, etc. También creo que desde el feminismo no se han generado los espacios suficientes para articularnos, conocernos y reconocernos en la diferencia. Soy de las convencidas de que los espacios no se esperan, se toman;  en ese sentido, las afrodescendientes no avanzaremos mucho en este proceso si no empezamos a articularnos y sistematizar todas nuestras experiencias. Es necesario generar un discurso que nos identifique y visibilice,  reapropiándonos de nuestro cuerpo y de nuestra historia, para contarla como la hemos vivido y como la sentimos.
Hacer alianzas con otros colectivos y principalmente con el movimiento feminista  nos debe llevar a reconocer nuestras coincidencias, pero a también solidarizarnos con nuestras demandas, estas que muchas veces son diferentes, pero intentan llevarnos por el mismo camino, el de la libertad, igualdad, equidad, etc.  Y como dice Sueli Carneiro, ennegrecer el feminismo no es una tarea fácil pero hay que hacerlo.