

Amor y violencia, entrega sin protección
“Liberarnos de ser pensadas por los otros es un ejercicio difícil que no se produce a
corto plazo”.
Florence Thomas
Tuvo la iniciativa de seducir a un hombre que le gustó mucho, abordó, fue en busca de, eligió, y fue tachada, descalificada por ello, cosa que sabía podía suceder al no esperar ser abordada, elegida. Cuando se dio el momento lo besó con intensidad, pasión, sin inhibiciones, con entrega, deseo.
Es verdad, apenas lo conocía pero era mucho deseo junto. El no se resistió, sin embargo, pasado un tiempo conceptualizó sus besos, afirmando que había sido violado. Fue interrogada de forma incisiva, reiterada, recurrente por la forma en que besó. Por ello le sobrevino tiempo y equipaje cargado de de desconfianza, insultos, menosprecios, siendo adjetivada desde violadora, sinvergüenza, lesbiana. Tejiendo una o muchas historias alrededor de su opción sexual, queriendo forzarla mediante la intimidación a decir algo que ella no sentía, interpretando cualquier detalle alrededor de su identidad sexual, diciendo que ella es lesbiana, entre otras cosas, por haberlo besado así.
No tiene nada en contra con las mujeres que deciden vivir como lesbianas, respeta sus causas y luchas, y como mujer heterosexual se siente plena. Seguro como muchas, más allá de algún rótulo, ha tenido que lidiar con prejuicios respecto al placer, el cuerpo, el erotismo, la pasión en sus diversas expresiones.
Estas atribuciones se convirtieron en un ruido atormentador en la relación porque ella no tenía más respuesta que el deseo y la osadía de ser plenamente espontánea, pensó que ambos disfrutaban como cuando estaban en la cama y él la apretaba y mordía con fuerza .. ¿Ellos sí, ellas no?
Entre los hilos de este complejo dar y tomar, ella reconoce que a él le fascina su sensibilidad, le desesperan sus silencios, le cautiva su sensualidad, le seduce y desenfrena su cuerpo, sus deseos, se siente sujeta de fantasía, de placer para ella misma y eso tiene un efecto en el otro, dice que la ama. Le inspira pasión, ternura, cariño, pero también rencores y odios que se pliegan en su piel, resistencias de su parte para aceptar que vinieron de la suya, antes que ella llegara a su territorio, a su tiempo.
Envuelta en angustia, asfixia, pensamientos recurrentes, calmantes, antidepresivos, añoranza, psicoterapia, silencios, grafitis, escritos, uno y muchos se abren a cada momento. Recuerdos, días, semanas, calendario. Este año no hay agenda que marque el tiempo, cuánto puede costar tocar fondo sin saber si saldrá de esto. Siente que sería mejor no estar y pidiendo que así sea.
Se reconoce como una mujer con reflexiones y se resiste a nombrarse como víctima, resistencia a hacerlo por todas la lucha privadas, cotidianas, pequeñas y grandes que tuvo que lidiar en su historia de mujer, también con experiencias afectivas más o menos positivas/negativas pero siempre con la ilusión de que vendría algo mejor, logrando conquistas en su vida, alegrías por descubrir y ahora se siente paralítica, presa de sus pensamientos, ahogada en sus emociones, no encuentra el camino de salida. Se siente indefensa y ante la primera señal de hostilidad, indiferencia, distancia, desvanece. Quién podrá entender eso.
Que violencia será mas fuerte que la que se permitió a si misma en este camino vehemente del constructo amor, cuando aprendió a identificar cuáles son las fibras que más le duelen y sé cómo duelen, cuando dejó a la otredad se las toque entre flores, insultos, desconfianzas, adjetivos y terminó desgarrada. Aun, en medio del dolor y las contradicciones ella sabe que tiene que asumir su responsabilidad de lo que se permitió, la otredad viene con su propia historia y activará sus hilos a veces sin intención de herirla y otras en medio del desborde que le provoca su ser.
Dónde está su límite en este vaivén de pasiones encontradas, se pregunta si lo tiene o debe creárselo, la separación es inevitable y aunque se da cuenta que empezó como un águila, terminó como una pajarita asustada, encerrada. Cuál es el camino, rumiar y tratar de entenderlo a él, por qué vive bajo tácticas defensivas, si fue descontado por su padre, poco atendido emocionalmente por su madre, o repensarse a sí misma y volver a empezar, descubrir qué es lo suyo en todo esto.
En palabras de Florence Thomas, probablemente es cada vez más difícil encontrarnos con los hombres, pero es el precio de la equidad. Construir relaciones que favorezcan una circulación y distribución equitativa del poder, poder que ellos critican en nosotras, pero que utilizan a su parecer, no es un asunto fácil.
Valora la puerta está entreabierta y que es posible recuperar la brújula, sus autonomías tan criticadas por ese otro, delinear una nueva imagen de sí misma ante la vida y los otros. Buscar una buena razón a estas contradicciones
Sabe que tiene que entrar en ese movimiento de liberación, y para ello necesita significar su malestar alrededor de este encuentro, del encuentro que le significó preguntas desde la diferencia, desde el misterio del otro y desde los complejos nudos del poder, del amor y del odio.
Quiere construir mejores maneras de encontrarse con los otros, con ellos, los hombres. Aunque mejores encuentros no significan más fáciles encuentros.
Eliana Cano Seminario
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