Ser mujer y no morir en el intento: identidad femenina y vulvodinia

En el fondo de mí, me gustaría ser hombre, esa es mi fantasía
repente  es porque en el fondo no quiero tener vagina y por tanto no me  duela la vulva                                      
C, Perú                .

El 17 por ciento de mujeres padece o ha padecido alguna vez una condición física llamada “vulvodinia”. Cuando comento sobre esta condición con amigas y estudiantes, recibo por respuesta un gran signo de interrogación en sus rostros. La más de las veces ninguna ha escuchado esta palabra, aunque quizás alguna de ellas haya experimentado dolor vulvar en algún momento de sus vidas. Muchas mujeres sufren en silencio esta condición física que afecta no sólo sus cuerpos, sino también la forma como ellas se perciben a sí mismas. El presente artículo busca entender la relación entre el dolor vulvar y la identidad femenina y presentar la experiencia de un grupo de mujeres de Latinoamérica y Europa que viven con esto día a día.

¿Qué es la vulvodinia?

Vulvodinia significa "dolor en la vulva" (vulvo= vulva y dinia=dolor) y es una molestia vulvar crónica que puede tomar la forma de ardor y cualquier combinación de dolor, irritación, prurito y/o dispareunia (dolor en el momento de la penetración).  La calidad del dolor puede ser focal o difusa, profunda o superficial y la intensidad varía de moderada a intensa. La vulvodinia puede clasificarse en dos subtipos
:

 

1. Síndrome de la vestibulitis vulvar (SVV):Se presenta como molestias e hipersensibilidad en el vestíbulo vulvar (entrada de la vagina). El criterio para diagnosticarlo incluye dolor intenso al tacto vestibular o al intento de ingreso vaginal, y sensibilidad a la presión localizada en el vestíbulo vulvar. Esto puede incluir dedos, tampones, vibradores o el pene. Su diagnostico es simple pues se realiza a través del test del Q-tip. Posee a su vez dos subclases: la SVV primaria (mujeres que nacieron con ella) y la SVV secundaria (mujeres que la adquirieron luego de tener una vida sexual activa).

                                    

2. Síndrome de la Vulvodinia disestésica (SVD): Es el síndrome que más afecta la vida de las mujeres. Se le conoce también como neuralgia del pudendo. Los síntomas del SVD pueden ser difusos u ocurrir en diferentes zonas en diferentes momentos.  El dolor puede presentarse en los labios (mayores o menores) y/o en el vestíbulo.  Algunas mujeres experimentan dolor en el clítoris, en el pubis, en el perineo, en la entrepierna o en todos estos sitios a la vez. El dolor puede ser constante o intermitente y no necesariamente estar causado por el tocar o presionar la vulva.  El sexo, el montar bicicleta, montar a caballo, el estar sentada durante largos ratos o manejar un auto pueden empeorar los síntomas.

Es importante notar que también existen casos en los cuales hay una combinación de SVV y SVD.
















Relacionándose con la vulva

El porcentaje de mujeres que padecen de esta condición ha aumentado en los últimos años. Al inicio se creyó que la condición se estaba propalando; más adelante surgió la hipótesis de que en realidad lo que estaba ocurriendo era que las mujeres estaban finalmente hablando sobre sus vulvas. Cuando hablamos de la relación entre las mujeres y sus vulvas, estamos hablando de una relación que la mayoría de las veces no es cercana. A las niñas se les enseña que esa zona no es una zona para estar “husmeando” ni experimentando. Si bien los niños por su “naturaleza” tienen la venia para poder masturbarse desde la pubertad, a las niñas se les prohíbe la masturbación. Por lo tanto, las niñas no suelen tocarse la vulva. Además, debido a que la vagina se encuentra en la zona interna del cuerpo y sólo es visible por su “dueña” a través de un espejo (a diferencia del pene o los senos); son pocas las mujeres que han visto su propia vagina alguna vez en su vida. El auto-examen vaginal debería ser una práctica femenina mensual que acompañe al auto-examen de mamas. Sin embargo, la vulva aun es vista como un lugar al cual una no debe acceder. Las mujeres, aunque vayan en grupo al baño, no comparan sus vaginas entre ellas y, por lo tanto, no saben si sus vaginas “son normales”. La mayoría de las mujeres que entrevisté y que padecen de vulvodinia señaló que se sintieron raras o diferentes al tener los primeros síntomas. Al no tener otro referente o sentirse avergonzadas de hablar sobre vaginas (o de siquiera decir la palabra), esperaron años para poder conseguir ayuda o unirse a algún grupo de apoyo de mujeres con vulvodinia.

Otro elemento importante en este problema es el tema la relación con el sexo. Desde niñas las mujeres escuchan que el sexo duele (por lo menos la primera vez). Con poca o nula auto-experimentación y una carga religiosa negativa hacia el sexo, las mujeres se enfrentan a su primera relación sexual con la expectativa de que esta DEBE doler. Sin un aprendizaje previo sobre su propio cuerpo y formas de alcanzar un orgasmo, las mujeres se encuentran a merced de mitos ante la primera relación sexual. Lo cierto es que la penetración vaginal, si bien puede ser incómoda la primera vez, nunca debe doler. Si duele, es un signo claro de que algo anda mal “ahí abajo”. Las mujeres tardan en darse cuenta de esto y por lo tanto no buscan ayuda.


“Tú no estás deprimida, la que está deprimida es tu vagina”

Un tercer elemento que dificulta este panorama es la relación que el/la doctor/a cree que la mujer debe tener con el sexo y con su propio cuerpo. La mayoría de mujeres que ha sido diagnosticada o auto-diagnosticada con vulvodinia ha tenido que visitar un promedio de por lo menos 5 a 8 doctores y/o doctoras quienes la mayoría de veces sugirieron que el problema estaba en sus cabezas y no en sus vulvas. Para estos/as doctores/as, las mujeres tenían un problema con el sexo y por lo tanto la penetración se volvía dolorosa. Si bien el vaginismo (la contracción involuntaria de los músculos de la vagina) es una condición física que tiene un origen psicológico, la vulvodinia no tiene un origen


Stewart, Elizabeth G. The V book. A Doctor’s Guide to Complete Vulvovaginal Health.  Bantam, 2002.


psicológico; mas puede devenir en vaginismo luego de ser curada. El presentar a esta condición como algo meramente psicológico muestra que en la concepción de estos/as médicos/as las mujeres tienen una relación problemática con sus cuerpos. Preguntas como si han sido violadas de niñas o si ya no desean más a sus maridos son frecuentes; así como el derivarlas a tratamientos psiquiátricos. Además de criticarlas por no “satisfacer” a sus maridos, como cuenta I de España, su doctor le dejó caer que era una vergüenza que tuviera a su pobre marido a dos velas (sin relaciones sexuales). Como S de España señala, los doctores hacen creer a las mujeres que, a final de cuentas, la vulvodinia es culpa de ellas. Y es debido a estos prejuicios para con las mujeres y sus cuerpos, que la investigación y posible cura de la vulvodinia es extremadamente lenta y/o escasa. Sólo basta ver hace cuanto tiempo salió el viagra para remediar los problemas de la impotencia o duración “amatoria” masculina con la lentitud y desidia de los/as doctores/as para encontrar la “pastilla mágica” que pueda solucionar la vulvodinia.

Actualmente se prescribe a las mujeres con SVD, la mayoría de las veces, antidepresivos para subir el umbral del dolor. En un episodio de la serie Sex and the City, Charlotte sufría de dolores en la vagina y no podía tener relaciones sexuales. Al ir al doctor, este le recetó antidepresivos, a lo que ella respondió que no estaba deprimida. El doctor le respondió que ella no estaba deprimida pero su vagina sí. Ese y un capítulo de Privace Practice (un spin-off de Grey’s Anatomy) donde una mujer es diagnosticada con SVV y recetada una serie de inyecciones de lidocaína en la zona, son las únicas y muy superficiales veces en las que los medios se han encargado del tema desde un punto de vista “médico”.
Un cuarto elemento es la naturaleza de esta condición. Si bien la vulvodinia significa, como hemos dicho anteriormente, literalmente dolor en la vulva, no necesariamente es menester de la ginecología el curarla. Por lo tanto es aun más difícil el poder buscar ayuda (especialmente en Latinoamérica) y el encontrar a un/a doctor/a que no sólo sepa sobre el tema, sino que esté libre de prejuicios sobre el cuerpo y sexualidad femeninas. Se ha visto que el mejor tratamiento es uno integral, puesto que muchas veces es una suma de elementos lo que la desencadena

La vulvodinia y la imagen de una misma


Conocí a un grupo de mujeres en los EEUU que padecían de SVV (la mayoría de SVV primaria). Muchas de ellas eran exitosas mujeres, feministas, poseían doctorados o maestrías y, sin embargo, tenían una serie de sueños recurrentes: se soñaban sin genitales, se soñaban siendo hombres. Esto llamó mucho mi atención. En las conversaciones con ellas, me señalaban la ironía de ser feministas, de ser “educadas”, vale decir, de saber que la identidad femenina es una construcción social y, a pesar de eso, tener un sentimiento muy claro, muy dentro de ellas, de que no eran “realmente mujeres”. Y es que el no poder ser penetradas, como es el caso de las que sufren de SVV, significa dos cosas importantes: la primera, el no poder “satisfacer” al hombre de la forma como tradicionalmente las madres, amigas, las películas, series y demás le han enseñado a la mujer que debe satisfacer a su pareja (en pocas palabras, a través del sexo penetrativo vaginal). Segunda, el no poder engendrar hijos/as (al no poder tener un pene dentro de la vagina, es imposible

la fecundación). Con esto, una de las “metas” de la vida de la mujer se anula por completo: “el ser madre”. Consecuentemente, la mujer se ve a sí misma como una mujer incompleta o, lo que es peor, como negando enteramente su identidad femenina. En este sentido, se anula la posibilidad de ser sexy o atractiva. En un caso, porque el ser atractiva para el sexo opuesto puede significar el terminar acostándote con él y, por lo tanto, significa dolor. Es así que es mejor no presentarse atractiva y disponible y ahorrarse las molestias de explicar la condición física o de pasar por el dolor de una penetración. Como plantea N de España pues te sientes menos sexy, pasas de llamar la atención, ¿para qué? Segundo, el hecho de “no sentirse mujer” hace que una se sienta, como dice J de Colombia, menos femenina, menos atractiva, como en desventaja frente a las demás mujeres.  Numerosas mujeres se ven a sí mismas como feas, con una autoestima disminuida a medida que los años pasan y la cura no llega.

Lo que nos lleva a su relación con el género femenino. Muchas mujeres ya no comparten su vida sexual con sus amigas pues se sienten menos que ellas. Las mujeres con SVD son más propensas (debido al dolor constante de la vulva) a tener pensamientos suicidas o fatalistas. Esto hace que las mujeres se aíslen de su entorno y de su grupo de amigas y familia. El silencio viene de una mezcla de tristeza, rabia y frustración tanto por tener el síndrome, como por la vergüenza de no poder actuar como una “verdadera mujer” o de ver que su vida cotidiana es afectada (al no poder, por ejemplo, trabajar largas horas sentadas sin tener que tener un cojín especial que deje libre la vagina, de no poder ponerse jeans apretados, montar bicicleta o manejar el auto por largas distancias).

En cuanto a su relación con el género masculino, las cosas no se ven mejores. Para aquellas que no tienen pareja y están a la búsqueda de una, las perspectivas no se presentan prometedoras puesto que, como dice A de España, ¿quién va a querer a una mujer con dolores que no pueda follar? Por supuesto que hay que hacer la distinción entre el miedo al rechazo por no poder tener relaciones penetrativas y la realidad de encontrar a un hombre o mujer que pueda comprender esta condición. Mas el miedo está ahí y el rechazo por hombres con visiones machistas del sexo es también una realidad.


Viviendo el día a día

La vulvodinia, en la mayoría de los casos puede tener cura o se puede tratar de agrandar el umbral del dolor para tener una mejor calidad de vida. Lamentablemente, muchos/a doctores/as toman ventaja de la desesperación de las mujeres y de la falta de especialistas en el tema para cobrar precios inhumanos o utilizar a las mujeres como conejillos de indias. La cura generalmente para la VSD puede significar tomar antidepresivos o anti convulsionantes u operaciones en los nervios de la zona pélvica. Para las mujeres con SVV la vestibulectomía es una opción que puede curar un 90% de casos, las inyecciones de lidocaína o botox (una técnica utilizada en Irán) también son efectivas. Lamentablemente, no existe mucha práctica en Latinoamérica por lo que es más confiable, de ser el caso, ir a los EEUU para poder operarse con los mejores doctores. Algunas mujeres han tenido una mejor calidad de vida con la dieta baja en oxalatos y otras con yoga y acupuntura.
Como me han comentado varias de las mujeres entrevistadas, lo que ha significado en sus vidas esta condición ha sido el replantearse su vida sexual. La penetración vaginal deja de ser la única opción para la satisfacción personal o de pareja y las opciones se abren delante de sus ojos. La vulvodinia por lo tanto, es una condición física que altera la concepción que tiene una mujer sobre sí misma y sobre su cuerpo en tanto un ser sexuado. Es, además, un síndrome que nos cuestiona la idea que tiene la sociedad sobre el cuerpo femenino y sobre la relación que la mujer tiene sobre su propio cuerpo. Esta concepción del cuerpo femenino influye en la reacción que la ciencia toma con respecto al dolor vulvar, viéndolo como un problema psicológico y no como lo que es: un problema físico; influye en la reacción de la misma sociedad, reflejada en los cuestionamientos de las amigas o las posibles parejas; y en la reacción de la mujer que lo padece hacía sus propias expectativas de realización personal.

 



Laura Balbuena González*

Claude Verlinde