<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Alerta Demus Violencia que se repite: violaciones sexuales y militares
 

Violencia que se repite:
violaciones sexuales y militares

En los últimos días, a la par de la conmemoración del quinto aniversario de la entrega del Informe Final de la CVR, una noticia ha estado en el centro de la atención de los medios de comunicación: la violación sexual de una recluta, Sadith Raymondi Bazán, por parte del mayor Miguel Gómez Ormeño.

Ella ha denunciado que el 15 de agosto el jefe de la compañía de comandos, capitán Javier Grande, ofreció una fiesta en el cuartel Hoyos Rubio del Rímac a un grupo de oficiales inspectores. Fue obligada a participar en esta reunión por el capitán Grande, al igual que Lucero Cerna, con el fin de que acompañaran a los agasajados. El mayor Gómez, le ofreció una bebida extraña, a la que se negó tomar; sin embargo, el capitán Grande le ordenó beber y así lo hizo. Así, fue obligada a ingerir varios vasos de licor hasta marearse, insistió para poder retirarse; un oficial ofreció su auto para llevarla y Gómez también subió al auto. Sadith señala que lo último que recuerda es que el mayor Gómez descendió del auto y le jaló el brazo, luego amanecieron desnudos en un hotel. Tras la presunta violación, Gómez le pidió disculpas y recogió su DNI del hotel.

Este tipo de hechos no son nuevos, solo cambian los actores y el contexto. Durante el conflicto armado interno peruano ocurrieron muchos hechos de violencia sexual perpetrados contra las mujeres; de los casos registrados por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, alrededor del 83% de los actos de violación sexual son imputables al Estado (mayoritariamente miembros del Ejercito, la Marina de Guerra y las Fuerzas Policiales) y aproximadamente el 11% corresponden a grupos subversivos. La violencia contra las mujeres durante los conflictos armados solo recrudecen los patrones históricos de violencia, tanto estructural, social y de género, así como de discriminación.

Es por ello que DEMUS, frente a la violencia contra la mujer, recrudecida en algunos contextos, pero permanente en el tiempo, apuesta por visibilizar la violencia sexual antes, durante y después del conflicto.

En ese contexto, es lamentable que no solo se repitan las historias de violaciones sexuales por parte de los militares; sino también el abuso de poder, la intimidación y los prejuicios de género. Ayer domingo, esta noticia ha estado en todos los programas televisivos y el tratamiento ha sido diverso pero igualmente discriminatorio; desde poner en duda el testimonio de la víctima, hasta escuchar al agresor señalar enfáticamente que “averigüen su pasado en Huancayo, ella quería ir a una discoteca a buscar a alguien”, entre otras insinuaciones sobre su pasado sexual y su conducta. Resulta increíble y contradictorio con el avance de los derechos humanos de las mujeres, que todavía existan voces que busquen legitimar una violación con argumentos jurídicos irrelevantes y sexistas como los señalados.

En este caso están implicados varios militares, quienes han intentado intimidar a la recluta y su familia con mensajes, llamadas telefónicas y visitas inusitadas a su domicilio, para intentar “arreglar” el problema. La red de poder y encubrimiento se ha puesto en marcha para que, al igual que muchas historias silenciadas por la vergüenza, la culpa e intimidación de sus víctimas, ésta quede impune.

Esperando que en este caso se revierta una tendencia que legitima la violencia sexual en general y específicamente la perpetrada por los militares, demandamos que el Estado investigue adecuadamente y sancione con severidad a los responsables. La valentía para no callar de Sadith debe ser acompañada con procesos judiciales efectivos y que no la revictimicen.

Lima, 01 de septiembre de 2008
DEMUS, Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer.
Responsable de la alerta: Diana Portal.
demus@demus.org.pe; www.demus.org.pe