De Torres
Ccalla a Leslie Stewart
María
Isabel Cedano (abogada)
La denuncia contra
el congresista Torres Ccalla por delito contra la libertad sexual
de una adolescente, así como la denuncia por violación
sexual que Leslie Stewart valientemente ha interpuesto, son puntas
del iceberg de uno de los más graves problemas de violación
a los derechos humanos de las mujeres: la violencia sexual.
En nuestro país,
cada año, la policía nacional recibe aproximadamente
6,000 de estas denuncias. Lo que arroja un promedio de 16 denuncias
por día. El año 2003 el Instituto de Medicina Legal
del Ministerio Público registró 14,063 delitos de
violación de la libertad sexual, 78% de los mismos en contra
de mujeres. Diariamente, se producen casi 30 violaciones y más
de una mujer sufre violación sexual por hora.
Denunciar este hecho
no es fácil. El miedo, la vergüenza, los sentimientos
de culpa y la discriminación por género, edad, etnia,
condición socio económico, orientación sexual
y/o discapacidad, terminan ganando.
Se sabe que la violencia
sexual se ejerce mayoritariamente contra mujeres a lo largo de su
ciclo vital. En Lima y Cusco una de cada cinco mujeres reporta abuso
sexual en la infancia, según estudios del CMP Flora Tristán
y la Universidad Cayetano Heredia (2002). Según el Ministerio
Público, entre los casos que han pasado por examen médico-legal
durante el año 2000 por delitos contra la libertad sexual,
73% fue mujer y 94% de los hombres abusados eran menor de 17 años.
Las mujeres, las niñas,
los niños, las y los adolescentes son los que cotidianamente
soportan violencia sexual en sus cuerpos con secuelas tales como
heridas, problemas ginecológicos, VIH SIDA, embarazos forzados,
dolor crónico, ansiedad, angustia, depresión, miedo,
baja autoestima, disfunción sexual, trastornos con la alimentación,
uso y abuso de drogas, intentos de suicido.
Los agresores son generalmente
familiares o personas conocidas. En lugar de solidaridad y apoyo,
las personas vulneradas sexualmente conviven con sus agresores sometidos
a amenazas inclusive de muerte.
En un país como
el nuestro, las oportunidades de tener atención, reparación
y justicia en estos casos son un desafío que enfrenta entre
sus principales obstáculos los usos y discursos como los
del Congresista Torres Ccalla y los de algunos de sus colegas parlamentarios.
Es muy común que el violador apele a la mentira y a desacreditar
la palabra de por sí poco valorada de las víctimas,
más aún si son mujeres, niñas, niños
y adolescentes.
La defensa de los agresores
apelará a los prejuicios y estereotipos machistas sobre la
sexualidad de las mujeres, propios de nuestra cultura, incluyendo
la cultura policial, la judicial y la de los medios de comunicación.
Buscarán decir que la hora, la ropa, el lugar, la conducta
de la víctima, no eran apropiados para una mujer, que finalmente
ella es responsable de la “provocación” y no
tiene autoridad moral para denunciar. Anoche, César Hildebrantd
fue ejemplo de ello cuando al comentar el caso de Leslie Stewart
cuestionó la verdad de los hechos, a partir de lo que llamó
el “historial” de la denunciante.
Es nuestra responsabilidad
denunciar todo lo ocurrido para que no queden impunes la violaciones
a los derechos de las personas. Los casos de la adolescente violentada
por Torres Ccalla y Leslie Stewart no son problemas particulares,
son parte de los problemas que el Perú debe superar para
convertirse en una sociedad y un Estado realmente desarrollado y
democrático.
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