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La lucha contra
la nada
Carmen Ollé
(Demus)
“La literatura, el escribir
y leer, me resulta tan necesaria y natural como el comer y dormir.
Es decir, me sería difícil imaginarme la vida sin
ella”, declaró Pilar Dughi (1956-2006) a una revista literaria
el año 1999 y ahora nadie duda de que Pilar entregó
su vida a la literatura y a esa “lucha contra la nada” como llamaba
al hecho de enfrentarse al caos de la historia cuando escribía.
Sus cuentos y novelas fueron el producto de una gran vocación
pero también de un estudio concienzudo de las técnicas
y estrategias del relato: “las técnicas –decía- se
van aprendiendo a medida que uno se forma en la lectura ordenada
a través de la experiencia artística y en el quehacer
narrativo propiamente dicho. Creo que este proceso de aprendizaje
nunca termina. Por ello se debe tener una disciplina sistemática
y rigurosa, para lo cual se requiere no solo tiempo y dedicación
exclusiva, sino una actitud de compromiso total con el hecho narrado”.
Pilar fue una amiga
muy solidaria y querida con una energía e inteligencia vigorosas
que volcó en diversos campos del saber; una persona celosa
de su intimidad, que quería por sobre todas las cosas ser
recordada como escritora. Se incomodaba cuando priorizaban en las
reseñas literarias su calidad de médico psiquiatra.
Sin embargo su atracción por el mundo de la medicina comenzó
muy temprano a raíz de una apendicectomía que tuvo
a los seis años y desde entonces le fascinaron “el olor a
alcohol, las clínicas y los hospitales; y el ver a hombres
y mujeres vestidos de blanco como si fueran sacerdotes”.
Aunque no era una narradora
confesional, Pilar Dughi está en sus libros pese a que era
reacia a inspirarse en sus propias vivencias y desechaba esa posibilidad
de manera muy consciente. Los autores que más le aportaron
técnicamente fueron Cortázar, Borges, Dostoiesvski,
Flaubert y, curiosamente, según propias declaraciones de
la autora, también Henry Miller, un escritor erótico
y vivencial.
En Pilar siempre me
inquietó su obsesión por los asesinos en serie o su
interés por la muerte programada y fría de los judíos
por parte de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, ella había
explorado el tema a fondo y siguió muy de cerca la obra de
Imre Kertész, premio Nobel de literatura 2002, ambientada
casi en su totalidad en los campos de concentración nazi.
Tal vez debido a que
nunca quiso escribir partiendo de sus experiencias personales, apreciaba
tanto la obra de autores como Patricia. Highsmith, quien era enemiga
de “canibalizarse”, o la de Margarite Yourcenar, famosa por sus
personajes masculinos como Adriano, el emperador romano, aunque
desde hacía un tiempo Pilar trabajaba en un texto biográfico
que la había “enganchado” mucho. Como lectora también
devoraba libros de memorias, autobiografías, correspondencia
de escritores, y a veces se decepcionaba si estos no le revelaban
la verdad de la vida. Recuerdo que no le gustó el volumen
dedicado a la correspondencia entre Mishima y Kawabata, dos autores
japoneses que admiraba, por su tono excesivamente protocolar. Durante
sus últimos días quedó fascinada por las “Confesiones
de un burgués” de Sándor Marai, y al final, cuando
ya sabía que no le quedaba tiempo, se concentró en
las memorias de la secretaria de Hitler.
Cuando su obra inédita sea publicada podremos tener la imagen
cabal de una gran escritora, para quien desde pequeña –como
ella misma decía- el mundo de los libros marcó decisiones
cruciales en su vida.
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