El impacto psicológico del Aborto
Adriana Fernández

Al revisar bibliografía referente al impacto psicológico del aborto se encuentran posiciones polarizadas entre los diferentes autores; desde los que afirman que existe un síndrome post-aborto, con las mismas características del síndrome de estrés post-traumático (DSM-IV), hasta los que constatan que se pueden observar sentimientos de alivio y bienestar psicológico en las mujeres que han pasado por esta experiencia. Es como si, de entrada, existiera una lucha de poder sobre quien dice la verdad en torno a este tema.

Se pueden encontrar dentro de la literatura documentos redactados y difundidos por entidades religiosas que afirman que “la mujer que se somete a un aborto es más propensa al suicidio, a daños psicológicos y sufre con frecuencia de traumas psicológicos” (Extraído de un documento redactado por la Arquidiócesis de la Ciudad de México); además también se encuentran investigaciones, como por ejemplo la hecha con mujeres bolivianas que se practicaron abortos clandestinos, que revela que, lo que más les afecto en términos psicológicos tuvo que ver con tres temas: la familia, la pareja y los aspectos religiosos; más que con el aborto en si.

Es decir, el hecho de mantener su embarazo en secreto, soportar la sensación de haber traicionado a la familia trayendo con su embarazo la desgracia y la infelicidad (sobre todo a los padres o cuidadores), no contar el apoyo familiar ni el de la pareja, el sentir la presión de ellos hacia la decisión de abortar sin tener en claro lo que realmente se quiere hacer; y por último en cuanto a las consideraciones religiosas, lo que más les afecto fue el verse confrontadas con una situación que pone en tela de juicio el concepto que tienen de si mismas hasta ese momento, experimentándose como malas personas lo que las lleva a desconocerse. (Bruch y cols., 2000)
Otro ejemplo es una investigación reciente hecha por Brenda Major de la Universidad de California realizado en el 2000, quien estudio a 442 mujeres poco antes de someterse a un aborto para posteriormente seguirlas durante dos años; esta investigadora encontró que al final del periodo de seguimiento el 72% de las mujeres se sintió satisfecha con su decisión de abortar, el 72% describió que el procedimiento les acarreó más beneficios que prejuicios, el 69% reportó que si fuera necesario recurrirían al aborto nuevamente, el 80% negaron sentirse deprimidas y sólo un 1% reportó síntomas del trastorno por estrés postraumático. (Hernández, 2000)

En este marco de opiniones diversas y encontradas es importante contextualizar las circunstancias que llevan a una mujer a decidir practicarse un aborto, puesto que en su mayoría son situaciones que generalmente se encuentran teñidas de una carga emocional negativa que per se, impacta en la subjetividad de las mujeres.

Una mujer se plantea un aborto porque su embarazo no es deseado, este hecho ya enfrenta a la mujer a la representación social estereotipada de que “todas las mujeres quieren ser madres y que el ser madre es la máxima realización femenina”. Por esto, la mujer se siente juzgada desde el inicio sin haber decidido nada aún.

Sin embargo, este embarazo no deseado tiene que ver muchas veces con experiencias sexuales violentas como violaciones, incestos, violaciones por parte de la pareja o se da por falta de información anticonceptiva, o mejor dicho por un acceso restringido a métodos anticonceptivos como consecuencia de una socialización machista de las mujeres, o también porque la futura madre sabe de malformaciones del feto durante el embarazo o porque se encuentra en peligro su vida, razones poderosísimas para transgredir un mandato social tan valorado como la maternidad.

El no desear tener un hijo y practicarse un aborto es una opción, que toman muchas mujeres, como lo muestran varias investigaciones que no trae consecuencias psicológicas negativas necesariamente, más bien es el contexto, la cultura y la socialización las que marcan las consecuencias de este hecho en la vida posterior de las mujeres. Como lo ha observado Lewis (1997), en la mayoría de mujeres que se practican abortos legales como resultado de embarazos no deseados durante el primer trimestre del embarazo, no se encuentran secuelas psicológicas negativas sino más bien se encuentran sentimientos de alivio y felicidad. Sin embargo, en una minoría consistente de mujeres se encuentran sentimientos prolongados de tristeza, culpa, remordimiento y depresión.

Al evaluar a esta minoría Lewis encontró algunos factores de riesgo en dicha población, los cuales tiene que ver con características demográficas propias de las mujeres, con como fue el proceso de toma de decisión en lo que respecta al aborto, con el significado que tiene el embarazo para las mismas, con el hecho de realizarse el aborto después del primer trimestre del embarazo, con el poco soporte social percibido, etc.

En lo que respecta a las características demográficas ella encontró que las mujeres que reportan problemas psicológicos luego del aborto son principalmente adultas jóvenes o adolescentes, las cuales son solteras y no tienen hijos; afirma también que lo más determinante para sufrir secuelas psicológicas negativas post-aborto es el hecho de que la mujer sea católica o tenga creencias religiosas arraigadas contrarias al aborto y por último que tenga problemas psiquiátricos diagnosticados antes.

En cuanto al proceso de toma de decisión, constata que las mujeres que dudan y tienen dificultades para decidirse son las que tienen más riesgo y experimentan luego sentimientos de remordimiento y cólera; afirma además que las que experimentan intromisiones o presiones de parte de su familia o de su pareja en su decisión final exhiben respuestas post-aborto más negativas, al igual que aquellas para las cuales la maternidad es muy importante como eje que estructura sus vidas y las que se perciben solas sin apoyo al momento de tomar una decisión así.

También observa que existe mayor probabilidad de sufrir consecuencias psicológicas negativas cuando las mujeres se realizan el aborto luego del primer trimestre de embarazo y cuando lo han decidido por problemas de malformación en el feto ya que esto podría significar para la mujer que no es capaz de producir una descendencia saludable o sentimientos encontrados de haber deseado al hijo y luego enterarse de los problemas.

Como se observa existen una serie de características más ligadas a lo socialmente aceptable que son las que desencadenan una respuesta psicológica negativa en las mujeres que se someten a un aborto, es decir, los sentimientos de culpa, vergüenza y remordimiento que podrían desencadenar síndromes depresivos, ansiosos o de estrés están relacionados a las creencias religiosas y a las relaciones de poder entre géneros que dan las pautas de cómo debe ser y que debe o no debe hacer una “mujer de principios que asume la maternidad como una meta importante en su vida”.

Como lo revela Shepard (1997) en sus estudios sobre el aborto en América Latina donde la mayoría de la población es católica confesa, pero donde las estadísticas de aborto son altísimas; ella observa una doble moral colectiva, una pública con un discurso prohibitivo en cuanto al tema del aborto y una privada en donde éste se practica clandestinamente bajo la premisa de que “Dios me va a perdonar”. Ahora si a esto le sumamos el hecho de que en muchos países, entre los cuales esta incluido el nuestro, el aborto es considerado un crimen, es decir, es ilegal; la sensación de trasgresión de la norma y del mandato femenino de la maternidad ya no se queda en lo simbólico sino que se concretiza y se sanciona; y como dice Shepard (1997) los códigos morales de la religión influyen sobre las normas legales y por esto la distinción entre inmoralidad y criminalidad se torna borrosa, aumentando la creencia de que la mujer que se practica un aborto no solo es una pecadora sino una criminal, lo cual refuerza el hecho de que la mujer se sienta sucia y busque inconscientemente castigos simbólicos o concretos para expiar la culpa, lo cual afecta su salud mental.

Según Hernández (2000), lo que es nocivo para la salud mental de las mujeres y de la sociedad no es el aborto, sino más bien la discriminación, la persecución y traumatización de las mujeres cuando el estado e instituciones como la iglesia penalizan la interrupción voluntaria del embarazo.

REFERENCIAS
Bruch, S.; Prado, M. y Gisbert, M. (2000). Veinte Historias, un mismo tema: Aborto. Bolivia: Population Council.

Hernández, C. (2000) El aborto y la salud mental de las mujeres. En: La iglesia católica ante la interrupción voluntaria del embarazo.

Lewis, W. (1997). Factors associated with post-abortion adjustment problems: implications for triage. En: The Canadian Journal of Human Sexuality Vol. 6, Issues 1 p. 9 East York: Spring 1997

Shepard, B. (2001). El doble discurso sobre los derechos sexuales y reproductivos en America Latina: El abismo entre las políticas públicas y los actos privados. En: Derechos Sexuales y reproductivos. Aportes contemporáneos. Lima: Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán.


 










DEMUS - Estudio para la Defensa y los Derechos de la Mujer - Todos los Derechos Reservados © 2006
Jirón Caracas 2624 Jesús María Telefax. 4638515 -4631236-4600879
Correo Electrónico: demus@demus.org.pe
Actualizado al 14 de noviembre del 2006
Free Hit Counter