Aborto
terapéutico:
¿quién tiene este derecho en el Perú?
Carmen Ollé
El año 2001
a Ana, una adolescente peruana de 17 años con tres meses
de embarazo se le diagnosticó que cobijaba en su vientre
a un feto anencefálico, una anomalía que se presenta
en uno de cada 3000 embarazos y cuyas posibilidades de supervivencia
son nulas. La anencefalia se caracteriza por la ausencia de hemisferios
cerebrales y bóveda craneana, es decir, en lugar del cerebro
y el cráneo, una membrana compuesta de un tejido gelatinoso
cubre la coronilla de la cabeza. En otras palabras: muerte segura
para el feto anencefálico.
Sin embargo, pese al fatal diagnóstico, a la adolescente
se le negó el derecho a interrumpir el embarazo, sumiéndola
en la depresión y el dolor, a lo que se añade el maltrato
psicológico del personal del hospital Arzobispo Loayza quienes
la culpaban de lo sucedido por “abrir las piernas”.
Al cabo de nueve meses, la criatura nació y -como ya se sabía-
sólo vivió tres días.
Pese a que la ley facultaba
a Ana a interrumpir ese embarazo, vía el aborto terapéutico,
por poner en peligro su salud, entendiéndose ésta
tanto física como mental, se le negó este derecho
por una interpretación restrictiva. Por ello, por haberla
obligado a continuar con un embarazo inviable, por la muerte segura
de su hija a los pocos días de nacer, el sufrimiento causado
y haber atentado contra su integridad física, psíquica
y moral, entre otras razones, el Estado peruano ha violado los derechos
de Ana.
La necesidad de encarar
el aborto como un derecho de la mujer para decidir cuándo
y cuántos hijos tener pasa por reconocer asimismo que cada
año 400 mil mujeres recurren a un aborto inseguro, un verdadero
problema de salud pública en nuestro país. Recientemente,
con la gestión de la Ministra Pilar Mazzetti se ha incorporado
la salud sexual y reproductiva como un tema de agenda en el Plan
Nacional de Salud y se ha diseñado una Estrategia Sanitaria
Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, además de elaborado
dos ediciones de las Guías de Salud Sexual y Reproductiva
dirigida a los profesionales de salud pública.
Sin embargo, el caso
de Ana demuestra la desprotección de la mujer frente al sistema
legal y a la sociedad en materia de aborto, aún en el supuesto
reconocido legalmente del aborto terapéutico, sobre todo
si se es una mujer joven y pobre. Esto en una época, en que
a nivel regional se van gestionando iniciativas para incluir la
anencefalia dentro de los supuestos de aborto legal. Por ejemplo,
la jurisprudencia argentina ya considera a la anencefalia como motivo
para interrumpir el embarazo
Se ha demandado simbólicamente
al Estado peruano por este agravio ante el Tribunal Nacional por
los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Mujeres.
Quienes han instalado estos tribunales virtuales son las mujeres
organizadas cansadas de la impunidad y la discriminación.
Estos tribunales interpelan a los distintos actores de la sociedad
y desde hace tres años han sido utilizados por organizaciones
de derechos humanos como espacios de denuncia para reparar situaciones
de discriminación silenciados por muchísimo tiempo
en Colombia, Chile, Ecuador y Bolivia. Entre las demandantes se
hayan Flora Tristán, Demus, Milenia Radio, la Central de
la Mujer Minera del Perú, La Coordinadora de Lesbianas Feministas,
el Grupo Género y Economía, Aurora Vivar, Lundú
y la Federación de Comedores de Lima y Callao.
Como dice Flor Valdez,
abogada que sigue e investiga este caso: “A pesar de la legalidad
del aborto terapéutico en el Perú, no existe en nuestro
país un mecanismo en el ámbito administrativo que
permita interrumpir un embarazo por motivos terapéuticos.
Tampoco existe un medio de acudir a la vía judicial para
hacerlo exigible en un tiempo razonable (...). Esta falta de implementación
legal hace que, en la práctica, las mujeres se encuentren
sujetas a las opiniones discriminatorias, prejuiciosas y restrictivas
de derechos por parte de funcionarios públicos, quienes aplican
la ley en forma restrictiva”.
Ana, de apenas 17 años, no se merecía esa suerte,
ahora ella sólo desea que tamaña injusticia no se
vuelva a repetir.
|