Adiós
a los purismos
(Sobre la Eva-negra y la fusión cultural)
Vanessa Verástegui
(arqueóloga-UNMSM)
La teoría de
la Eva genética causa más de un colapso nervioso entre
los ultraconservadores. Lo que interesa en estas líneas es
la reacción racista que ocasiona en su pensamiento defensor
de la “pureza de la raza”. ¿Sabían que
descendemos de una Eva Negra? Más allá de su efecto
sonoro, muchos cerrarán filas con una frase tan simplista
como ésta “¡que broma de mal gusto¡”,
expresando así su rechazo por la ciencia.
Los científicos han propuesto la teoría de la Eva
genética, una de las teorías de la evolución
humana más polémicas e interesantes, según
la cual los caracteres fenotípicos o rasgos físicos
que diferencian a las supuestas “razas”, habrían
sido condicionados a las adaptaciones climáticas. La hipótesis
esta basada en el ADN mitocondrial, que se transmite por vía
materna y cuyas pruebas se remiten al continente de África:
“Todas las líneas mitocondriales convergen hacia atrás
en una Eva que habitó en África hace entre 100,000
y 200,000 años (la Eva Negra que da nombre a la hipótesis)”
, afirma el paleontólogo español Juan Luis Arsuaga.
La teoría de la Eva negra pone en jaque la noción
de la raza pura.
En el presente los purismos están siendo cuestionados, no
sólo en la categoría de raza sino en el campo de la
cultura, ya que la noción de identidad nacional en el actual
contexto de globalización es difícil que se adscriba
sólo en el espacio o en el territorio compartido. La crisis
del Estado-Nación y la del concepto de la igualdad de ciudadanía
sin distinción étnica ni de género -que nació
con la Revolución Francesa-, hace difícil hablar hoy
de nación y/o nacionalidad, y que todos los ciudadanos se
identifiquen con una sola cultura, una sola lengua y una sola historia.
El continente que más se dispersa por el mundo es Latinoamérica
debido a la falta de empleo y a la pobreza. Ello ha originado nuevos
fenómenos culturales y nuevas identidades. Un ejemplo concreto
son las mutaciones en el lenguaje como el spanglish o el italañol.
El antropólogo mexicano Néstor García Canclini
llama “culturas híbridas” a este fenómeno,
entendido como mestizaje cultural, y no sólo mestizaje racial
o biológico, que abarca también el ámbito del
sincretismo religioso y el de las fusiones culturales. En su libro
“Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir
de la modernidad” se refiere a los “procesos socioculturales
en los que estructuras o prácticas discretas, que existían
en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras,
objetos y prácticas. Cabe aclarar que las estructuras llamadas
discretas fueron resultado de hibridaciones, por lo cual no pueden
ser consideradas fuentes puras…”
Entre nosotros no son
pocos los que consideran a Dina Páucar una comercialización
del folklore andino, igual sucede con los grupos de fusión
musical, como Uschpa o La Sarita, quienes entremezclan rock, blues,
boleros, ska y música andina. Sin embargo un sector grueso
de la población juvenil no parece percibirlo así en
los conciertos cuando saltan a ritmo de huayno-pogo mientras escuchan
el blues en quechua del grupo Uschpa, o cuando el intérprete
de la Sarita canta en el escenario acompañado de un danzante
de tijeras, a ritmo de rock. ¿No son legítimas estas
nuevas expresiones musicales? ¿Y qué decir del “pogo
andino”?. Dichas mezclas musicales son parte del proceso de
la popularización en la ciudad. Durante la década
del 70 y 80 la música chicha ganó en popularidad por
la confluencia del huayno, la cumbia colombiana y el bolero cantinero.
Los Shapis fue el grupo más exitoso de este género
musical. Posteriormente, en la década del 90, la technocumbia
con Rosy War y “Euforia” ganaron terreno en la carrera
por la modernidad. Hoy es la música folklórica a ritmo
de techno con Abencia Mesa.
La globalización se debate entre la disyuntiva de la homogeneización
o la heterogeneidad cultural, lo local y lo universal, la tradición
y la modernidad. Las diferentes identidades buscan defender sus
particularismos ante el peligro de la estandarización impuesta
por la cultura occidental. Los estadios intermedios al parecer no
entrarían en juego, no obstante la realidad lo desmiente.
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