Origen del amor romántico
Carmen Ollé
DEMUS.

En estos tiempos en que muchas mujeres mueren asesinadas por sus parejas o ex parejas en nombre de un supuesto amor que no soporta la idea del abandono, es interesante asomarnos al origen del sentimiento amoroso. En los poemas homéricos, los héroes griegos de la antigüedad no hablan de esposas como lo entendemos hoy sino de compañeras de lecho. Una mujer era deseable porque era buena madre y administradora del hogar. El matrimonio monogámico era el resultado de la concertación y todo idilio extramatrimonial se repudiaba. En cambio, entre los romanos la mujer gozaba de ciertos privilegios pese a que no disfrutaba tampoco de derechos civiles pero participaba en las actividades de su esposo y de su familia, algo que le estaba prohibido a la mujer griega. La pasión de Dido –reina de Cartago- por Eneas, el héroe ideal del latino Virgilio, la hace arrojarse a la hoguera cuando el amante la abandona para proseguir su viaje. El amor de Dido crece cuanto más la sacrifica Eneas. Tanto la lejana Dido como nuestra Isabel Chimpu Ocllo (madre del Inca Garcilaso de la Vega) eran bárbaras y fueron -según la tesis de Gilbert Murray- agraviadas en su condición de bárbaras por héroes de culturas consideradas mayores. Murray sostiene que los civilizados han disfrutado de las mujeres salvajes para luego abandonarlas. Después de un largo concubinato con el capitán español Garcilaso de la Vega, la princesa cusqueña Isabel Chimpu Ocllo fue repudiada por éste para casarse con su compatriota María Luisa Martel.

Las elegías de Propercio, los poemas de Catulo, de Tibulo, y “El arte de amar” de Ovidio contribuyeron en la Edad Media a construir el ideal del amor cortés. Si a ello se añade el desprecio que la religión cristiana fomentó por el cuerpo y el culto a la virgen tendremos la fórmula casi completa de un amor idealizado. El caballero cortesano protegía a la mujer como a un ser frágil, cuya conquista se solía comparar con el asedio a un fortín. Al igual que en el feudalismo, el amante era el vasallo de su amada, y su actitud la de un siervo ante su dueña. A todos estos elementos se suma la influencia platónica para dar como resultado el amor romántico.

Durante el siglo XX e inicios del XXI, la práctica del amor se torna más violenta y destructiva. La ola de violencia que inunda el acto amoroso nos hace pensar que el amor se ha transformado en un rito tortuoso. El feminicidio o asesinato de mujeres por parte de sus parejas y ex parejas se afianza en este rito de posesión. Se romantiza el crimen y se le echa la culpa a la pasión, a los celos, a la infidelidad. Los paranoicos abundan. Algunos hombres llegan a matar a sus hijos, a violar a sus pequeñas para darle a la esposa, amante o conviviente donde más le duela. Son psicópatas, no amantes,
ni trovadores apasionados.

 














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Actualizado al 22 de agosto de 2008
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