¿Autoritarismo disfrazado de democracia?
Roxana Vásquez Sotelo (abogada)

Siempre he pensado que una de las grandes dificultades que enfrentamos para avanzar en la obtención de derechos en los campos de la sexualidad y la reproducción es la sumisión de la mayor parte de la clase política frente a los mandatos de las jerarquías católicas, ello además de complicarnos la vida a todo/as (católicos y no católicos) es abiertamente discriminatorio por ejemplo para los agnósticos o los ateos, pues se nos imponen leyes con fundamentos religiosos a quienes no profesamos ninguna fe y, como es obvio, no por ello dejamos de ser ciudadanos o tener menos derechos, aún cuando en términos prácticos así sucede.

Y este es el punto, los derechos. He vuelto a escuchar la repetitiva y casi monocorde opinión de los políticos y la jerarquía eclesial sobre el tema de la anticoncepción oral de emergencia, que independientemente del clásico a favor o en contra, muestra la casi unánime condena al aborto. De tal manera que el mensaje que en última instancia se escucha es SI porque no es abortiva.

Mi primera observación sería, SI en primer lugar porque favorece la capacidad de decisión de aquellas personas que no desean tener hijos o más hijos. SI porque el Estado debe garantizar a todos los ciudadanos y ciudadanas la libertad de elección según sus propias convicciones.

Ahora mi segunda observación es, ¿por qué tanto miedo a hablar del aborto?, ¿será porque es inconstitucional o porque se cree que resta votos?. En un país en el cual más de mil mujeres abortan diariamente en forma clandestina, en realidad de qué estamos hablando.

Y hablando de derechos, en este tipo de debates se vela por los derechos de “todos”. En nombre de una concepción de la vida no compartida por toda la ciudadanía, la iglesia pretende mantener su cuota de poder sobre la vida y la moral de las gentes; los candidatos se vuelven constitucionalistas y por tanto respetuosos de la ley y el orden, y todos se vuelven especialistas. Entonces habría que preguntarse: ¿Quién defiende la vida, los intereses y las necesidades de las mujeres?, ¿Quiénes se pronuncian por su integridad, su salud y su libertad? O es que sí somos sujetos con derechos para la participación política mientras nos mantenemos como úteros sin ninguna capacidad de decisión sobre nuestros cuerpos cuando se trata de defender la vida intrauterina.

Decía, al iniciar esta reflexión, que todo este asunto tenía que ver con la fuerte influencia de los sectores más conservadores de la iglesia católica en particular. Ahora estoy bastante más desconcertada, ya no sé si es ignorancia, conveniencia, doble estándar, o es que ya hemos perdido por completo la brújula de lo que significa hacer un análisis de los derechos desde una perspectiva verdaderamente democrática que respete la igualdad y la equidad en un Estado laico. El debate político sobre estos temas, nos demuestra una vez más que las posiciones autoritarias se disfrazan de una formalidad democrática, que curiosamente vuelve a dejar sin voz, sin cuerpo y sin capacidad de decisión a las mujeres.

 










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Actualizado al 14 de noviembre del 2006
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