El cuerpo y la salud de las mujeres en la era virtual

Carmen Ollé


¿Podemos decir acaso que, en la actualidad, el cuerpo femenino es más verdadero que en épocas anteriores? Científicamente puede ser, pero la medicina, las aseguradoras de la salud, las políticas públicas, continúan ignorando el significado real de muchas de sus funciones y los efectos colaterales de algunos fármacos. De ahí la incidencia en cáncer de mama, en osteoporosis, en bulimia y anorexia, en depresión y melancolía, y otras enfermedades consideradas femeninas.

No estamos hablando del tráfico del cuerpo fetiche como objeto, tan codiciado por la publicidad comercial, sino de la manipulación con la máquina de pulsiones y flujos que es nuestro cuerpo. El tema se abre además a una gran polémica relacionada con una nueva mercancía: las células madre como “repuesto universal” para los transplantes con fines terapéuticos -muy al margen de que sus aplicaciones médicas puedan ser estupendas. Ingrid Schneider, científica política alemana, autora de “el feto: nuevo recurso médico”, analiza sus implicancias cuando el feto se mercantiliza, porque la “cosecha” de fetos se obtiene del cuerpo de la mujer y « El feto adquiere para los programas nacionales de salud la condición de bien, y por lo tanto, un valor económico ».
En la antigüedad, nuestro cuerpo fue negado en su real naturaleza por los anatomistas y médicos al mostrar el cuerpo femenino como si fuera un cuerpo masculino “al revés”, por vergüenza, miedo o asco a los genitales femeninos.

La escritora Rocío Silva Santisteban en “La construcción del sexo” (Leyendo a Lequeur) sostiene que para el historiador Thomas Laqueur “las diversas lecturas del cuerpo a lo largo de la historia son interpretaciones del mismo desde los atavismos culturales que moldearon los patrones de identificación de género. El punto de partida epistemológico en la ciencia anatómica de los griegos, latinos e incluso la Edad Media, construyó un paradigma único para lo corporal basado en el hombre, en este sentido, por ejemplo, la vagina era un pene vuelto al revés que ni siquiera tenía nomenclatura propia.”
Como afirma, la historiadora María Emma Mannarelli: “Puede decirse que el cuerpo es objeto de una permanente redefinición de los discursos de poder, tanto públicos como privados. Las actitudes hacia el cuerpo, sus funciones y la manera en que se ejerce el poder sobre éste son parte constitutiva de la sensibilidad social. Por último, en el sentido propiamente simbólico, asumimos que el cuerpo es una metáfora recurrente del mundo social.”
Por su parte, Rocío Gutiérrez, obstetriz de Manuela Ramos, señala cómo los procesos teñidos de sangre pueden ser leídos como el parámetro destinado a marcar los períodos más significativos en nuestras vidas (menstruación, primera relación sexual).
Pero qué pasa con el cuerpo femenino cuando deja de sangrar. Habría que preguntarse mejor qué pasa con las famosas terapias de sustitución hormonal. Por un lado las empresas de seguro no quieren reconocer la menopausia como un estadio del cuerpo femenino en el que se debe medicar para prevenir una serie de enfermedades como la osteoporosis y las dolencias cardiovasculares. Y por otro, los especialistas no se ponen de acuerdo si usar hormonas es beneficioso o más perjudicial para la salud de las mujeres. ¿Debemos entender que hay una guerra de industrias farmacéuticas, que los médicos no coinciden en sus pronósticos de salud o que los estudios científicos continúan ignorando la naturaleza del cuerpo femenino como en el pasado? Basta leer las contraindicaciones de las benditas hormonas para que se nos erice la piel y queramos echar esas pastillitas al inodoro por los efectos colaterales nocivos y las peores advertencias que pueden desencadenar una trombosis. ¿Es la terapia de sustitución hormonal una fuente de juventud o de enfermedad? ¿Quién tiene la última palabra?














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Actualizado al 30 de noviembre de 2008
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