La danza moderna
Más allá de los géneros: hacia el descubrimiento
de un lenguaje corporal en la mujer(1)
Morella Petrozzi
ESTE ESTUDIO hacia
el descubrimiento de un lenguaje corporal propio de la mujer dentro
de los parámetros de la danza moderna está escrito
en base a un hecho irrefutable y universal: vivimos en un mundo
controlado y dominado por el hombre. Los valores patriarcales se
originan y se solidifican por la educación, desde la niñez
hasta la adultez. La creencia en la competencia, el dominio de uno
sobre el otro, la opresión y destrucción de la naturaleza
y de la mujer para la existencia del hombre macho, son el inicio
y base de este mundo patriarcal.
La sociedad patriarcal
nos moldea desde niños y niñas para hacer de los hombres
los dominantes y de las mujeres sus subyugadas. La sociedad patriarcal
construye dos tipos de seres humanos. Él es agresivo, poderoso,
fuerte, activo, inteligente y lógico. Ella es sumisa, delicada,
débil, emocional, pasiva e irracional. Esta dicotomía
de géneros es usada por la sociedad patriarcal para definir
y guiar desde la niñez el comportamiento de los hombres y
las mujeres.
La niña/mujer
es construida como el opuesto al niño/hombre, donde éste
es creado a imagen y semejanza de Dios Padre y la niña/mujer
es creada como su ayudante o sirvienta. Como lo opuesto al hombre,
ella es definida en relación a él y por él,
sea él Dios, un científico, un filósofo, un
artista, etc. El hombre se define a sí mismo definiendo el
término hombría típicamente con características
de poder, control, virilidad, posición social y adquisición
de una mujer.
La sumisión
de la mujer mora en ella; está enraizada en los más
profundo de su existencia, sin que ella muchas veces se dé
cuenta de este fenómeno cultural. El género femenino
crea y refuerza en ellas la opresión de las mujeres por las
estructuras de privilegio y control dictaminadas por el hombre.
El cuerpo ocupa activamente
un espacio llenándolo de un lenguaje gestual con sus movimientos.
Todos nosotros habitamos un espacio, y dentro de este espacio creamos
nuestra existencia en este mundo. A través del movimiento
podemos expresar significados. Viviendo bajo el código social
patriarcal, las mujeres están oprimidas bajo el dominio del
hombre. ¿Cómo es entonces el movimiento físico
de la niña/mujer en este tipo de sociedad? ¿Están
acaso las mujeres en total control de sus propios cuerpos?
El cuerpo habla. La
forma como nos movemos habla de nuestra habilidad de poner en acción
nuestros propósitos y de darles expresión. La feminista
alemana Marianne Wex ha fotodocumentado a cientos de hombres y mujeres
de todas las edades en movimientos cotidianos típicamente
masculinos y femeninos revelando una acentuada oposición
del lenguaje corporal. Concluyó:
. . . en general las características de las posturas que
toman las mujeres son de piernas juntas, pies juntos paralelos apuntando
hacia adentro y los brazos pegados al cuerpo. Pareciera que la mujer
se tratara de encoger y hacerse más pequeña y delgada
para ocupar menos espacio. Pasa todo lo contrario con las posturas
que asume el hombre. Sus posturas son de piernas separadas, pies
apuntando hacia fuera y los brazos separados del cuerpo. El hombre
usa más espacio. En general usa mucho más espacio
que la mujer(2).
Vemos claramente que
las características de las posturas cotidianas que asumen
los hombres y las mujeres reflejan la oposición que es central
en la ideología patriarcal. Es imposible para la mujer verse
reflejada libremente en su cuerpo cuando el tamaño de sus
movimientos han sido limitados desde el día en que nació
por los cánones sociales patriarcales que definen las imágenes
ideales de la niña/mujer y del niño/hombre, como opuestas.
De acuerdo a Marianne
Goldberg coreógrafa norteamericana:
. . . las imágenes en movimiento que observamos del cuerpo
humano tradicionalmente como opuestos siguiendo sus respectivos
roles masculino y femenino, son convenciones sociales y artísticas
más que hechos biológicos(3).
¿Qué
sucede con el movimiento corporal en el contexto artístico?
¿Pueden los cuerpos de las mujeres y de los hombres escapar
de la estética tradicional masculina y femenina dentro del
campo de la danza moderna y el ballet clásico?
La dicotomía
de géneros es todavía algo muy poderoso y frecuente
en la danza y el teatro convencional en el mundo occidental. Por
esto el análisis feminista –en lo que se refiere a la danza
y el teatro- es peligroso y amenazador para la estética tradicional
y para quienes
no quieren o no creen necesaria
la búsqueda
de otras formas(4).
Príncipes y
princesas se mueven en el escenario de la danza clásica.
Desplegando su virtuosismo refinado muchos participan, sin darse
cuenta, en la propagación de un movimiento gestual codificado
que acentúa la división de géneros. La bailarina
es ligera, frágil, etérea y graciosa. El sueño
de casi todas las niñas. La bailarina sostenida y ayudada
por el danseur noble (el bailarín), busca el equilibrio perfecto
sobre un pie ajustado y limitado por la clásica zapatilla
de punta. El bailarín la enmarca asumiendo una postura fuerte
y ancha con pies separados y fuertemente plantados en el piso. Los
movimientos de ella son graciosos, pequeños y rápidos
contrastando con los de él que son grandes, altos y libres.
Los personajes que interpretan en los ballets clásicos son
limitados a roles típicamente opuestos. Ella es la víctima,
la princesa, la bruja, la musa, el hada o “la otra”. Él es
el salvador, el príncipe, el héroe, el ser humano
o “el yo”.
La zapatilla de punta
es un elemento indispensable y regla dentro el entrenamiento de
la bailarina clásica. Es preparada durante años en
la técnica de los movimientos con la zapatilla de media punta
o zapatilla blanda para luego entrenarse con la zapatilla de punta
o zapatilla dura. Esta zapatilla se creó hace dos siglos
en Europa donde se originó el ballet clásico para
seguir su desarrollo en Rusia llegando luego a los Estados Unidos
y a América Latina. La zapatilla de punta ha de crear la
ilusión óptica y la sensación física
de que la bailarina está flotando por sobre el escenario
como un ser semi-alado o sumamente suave, casi angelical. La bailarina
debe pretender y disimular todo gesto no sólo corporal sino
también facial de dolor o incomodidad por el doloroso uso
de este tipo de zapatilla. Las zapatillas de punta son extremadamente
dañinas para los pies. No es necesario ser un experto podólogo
para notar en los pies de las bailarinas clásicas lo tortuoso
que es bailar sobre este tipo de extraño zapato, generalmente
de color rosado. Las zapatillas de punta no solamente ocasionan
callos, llagas, ampollas y uñeros, sino que también
–en mayor grado de deformidad- crean los dolorosos “juanetes”, una
deformidad ósea. Las zapatillas de punta son otra forma de
hacernos recordar sobre la restricción del movimiento físico
de la mujer: en el caso más leve en los zapatos de taco alto,
y en el caso extremo las ataduras de los pies de las niñas
desde su nacimiento en la antigua China.
A pesar de que la bailarina
ha sido motivada y entrenada para demostrar un ilimitado sentido
del movimiento y equilibrio, ella necesita al bailarín como
soporte en la mayoría de los movimientos lentos (el adagio).
Aún cuando la bailarina baila sola y sus pies despliegan
entrenados pasos de baile como los assemblés, jetés,
echappés, pas de bourres y temps lies, su sentido de libertad
en sus movimientos es sólo imaginaria. Ella ha adquirido
como hábito la inhibición de sus movimientos; el torso
encortesado por el tutú (traje de ballet clásico)
y los pies ajustados y deformados por la zapatilla de punta.
El ballet clásico
no permite que la bailarina se defina a sí misma pues los
movimientos ya están codificados desde hace muchísimos
años marcando así un solo tipo de movimiento valedero
dentro de este arte dancístico aplaudido por miles aquí
y en el resto del mundo.
¿Es la situación
de la bailarina/mujer y la del bailarín/hombre diferente
en el campo de la danza moderna? ¿Salvo Isadora Duncan a
la bailarina de las garras de los géneros, y encontró
la verdadera representación de la mujer al rechazar al ballet
clásico? ¿Sólo es necesario deshacerse del
tu-tú y de las zapatillas de punta para estar a salvo de
un lenguaje corporal limitado?
Isadora Duncan rompió
con los cánones del ballet clásico a principios de
siglo. Rechazó su vocabulario pre-fijo de movimiento y su
expresión artificial. La Duncan se despojó de zapatillas
y vestidos encorsetados para bailar bajo una túnica griega
y pies desnudos. Tomó prestadas algunas de las filosofías
de la antigua civilización. Años más tarde
una compatriota suya, Ruth St. Denis pionera también de la
danza moderna se refirió así a la Duncan:
Como haber tenido una
divina herencia de la antigua Grecia . . . (5)
La antigua cultura griega fue el hogar de los grandes patriarcas
Platón, Sócrates y Aristóteles entre otros.
Estos líderes de la filosofía patriarcal han moldeado
e influenciado nuestras concepciones sobre la esencia humana, sabiduría
y valores. Los valores estéticos –lo que es hermoso y lo
que no lo es, y los valores morales –lo que es bueno y lo que no
lo es- fueron enraizados en la filosofía occidental y usados
como fundamento cierto e irrefutable para muchos trabajos investigatorios.
Cuando Isadora Duncan basa su estilo de danza sobre los valores
estéticos y morales misógeneros de la antigua cultura
griega su intento de liberación fracasa pues está
cometiendo el mismo error que el ballet clásico –aunque éste
no intenta cambiar nada- al copiar o tomar prestadas de una civilización
sumamente patriarcal sus vestuarios y leyendas de dioses y semi-dioses.
Martha Graham fue considerada
dentro del mundo de la danza como la “gran madre” de la danza moderna
pues no solo fue una excepcional coreógrafa sino que también
dejó “escuela”. Es decir, investigó toda una serie
de movimientos creados por ella y así formó el entrenamiento
de la bailarina de danza moderna siguiendo su técnica, la
técnica Graham, que es conocida y practicada en muchas partes
del mundo. Muchas bailarinas la han practicado y acogido como fundamental
para su proceso de desarrollo artístico. Durante su época
de apogeo los años 40 y 50, esta bailarina norteamericana,
creó la famosa técnica de “contraction and release”
(contratación y relajamiento del estómago como origen
de todo movimiento).
También fue
considerada por muchos como creadora de coreografías feministas,
sobre todo sus primeros trabajos “Primitive Mysteries” (Misterios
Primitivos) y “Frontier” (Frontera) que son expresiones de poder
y de autonomía de una mujer. Sin embargo en varias ocasiones
ella mantuvo su idea firme y clara al negar rotundamente que sus
trabajos coreográficos intentaran ser de carácter
feminista o de reivindicar a la mujer.
¿Pueden considerarse
bailes feministas a aquellos bailes que al crearse no tuvieron la
intención de serlos? Un trabajo coreográfico podría
parecer feminista a primera vista por el uso de movimientos fuertes
en dinámica, o un vestuario algo varonil o tal vez porque
el tema de la danza sea el de alguna heroína en la historia
patriarcal.
Los primeros bailes
de la Graham demostraban fuerza y limpieza en el movimiento; austeros
y autónomos en su ejecución. Ella era una mujer pequeña
de estatura pero capaz de irradiar grandeza y ocupar todo el escenario
llenándolo de significado. Pero la Graham nunca estuvo interesada
en la posición sociopolítica de la mujer. ¿Podía
entonces su cuerpo “hablar” de movimiento corporal feminista y libre
cuando su filosofía de vida –y por lo tanto de danza- no
tenía intención de investigar más allá
de los parámetros de la estética convencional? La
propuesta de Martha Graham si bien fue revolucionaria en su época
y en el mundo de la danza, carecía de enfoque feminista siendo
esto primordial para la información que transmite el cuerpo
a través del movimiento y la coreografía en general.
Durante los años
60 y 70, también en los Estados Unidos, jóvenes mujeres
y bailarinas y coreógrafas como Trisha Brown y Laura Dean
dejaron huella en el campo dancístico. Estas décadas
fueron clave para grandes cambios filosóficos en las mentes
de muchísimos jóvenes como sus antecesoras, estas
jóvenes coreógrafas y bailarinas ignoraron toda noción
de la representación del cuerpo de la mujer y el simbolismo
del movimiento corporal.
Ambas artistas no se
percatan de que la situación de la mujer y del hombre en
el mundo patriarcal no es la misma. Antes de buscar la igualdad
de sexos en el Universo es necesario para la mujer, en todos los
campos, separarse hasta definir por ella misma quién es y
qué quiere separada del hombre. Por tantos años los
hombres han definido a la mujer equivocadamente. Definen su origen,
su historia, su cuerpo, su mente, sus sueños y deseos sin
dejar a la mujer hacerlo por ellas mismas. Brown y Dean usan al
bailarín y a la bailarina como carentes de sexo. Seres andróginos
y hermafroditas danzantes que no cambian de ideología de
géneros enraizada en lo más profundo de la humanidad.
El arte coreográfico
es el proceso de construcción dancística que tiene
como resultado un conjunto de movimientos que ocupan un espacio
específico a un ritmo ensayado con música o en silencio
formando un todo coherente y significativo.
Los materiales necesarios
para esta construcción dancística: espacio, cuerpo,
movimiento y ritmo están influenciados por cánones
patriarcales de nuestra sociedad difícil de escapar. En el
escenario, la mujer es un ícono de femineidad y el hombre
un ícono de masculinidad. En las sociedades patriarcales
el cuerpo físico de la mujer es catalogado por el hombre
como parte primordial para su aceptación o su rechazo. La
mujer es un mero objeto sexual donde su cuerpo informa a los que
lo rodean. Su cuerpo es representado y percibido como carne sensual
perpetuamente accesible al hombre. El cuerpo de la mujer derrocha
significados; ésta es catalogada en base a su cuerpo estático
o en movimiento. Es virginal, pura y casta o, en su opuesto, una
mujer vulgar, barata y sucia, todo dependiendo a su forma de presentarse
ante el mundo de los hombres.
No pretendo, en estas
pocas páginas, dar una respuesta definitiva o encontrar la
solución exacta para este problema de identidad de la mujer
y la bailarina. Sólo quiero que los artistas especializados
en danza
consideren como una opción de investigación esta temática,
incluyendo experimentación coreográfica junto con
filosofía feminista para, de esta manera, crear una nueva
forma de entrenamiento para el bailarín y la bailarina que
sea realmente justa y libre
de movimiento y expresión.
¿Es posible
descubrir un nuevo movimiento corporal fuera de la ideología
de géneros? ¿Cuál es el punto de partida para
esta investigación? ¿Es posible para los coreógrafos
desnudarse y escapar completamente –en filosofía y cuerpo-
de lo patriarcal, tan enraizado en la sociedad?
Si los gestos son cortados
en pequeños pedazos, cuan minúsculos deben ser para
perder definición genérica(6).
Los cuerpos de la bailarina
y el bailarín acumulan e irradian significados, mientras
el espectador trae también consigo mismo sus propios significados
y definiciones.
Los cuerpos son letras
y las letras con cuerpos . . . Mi cuerpo es: un velero de memoria
psicológica y emocional. De elación o trauma. Una
impresión de lenguaje verbal o imagen visual. Una antena
de los alrededores
o deseos físicos internos(7).
El paso más
importante que dar hacia la liberación y el descubrimiento
de un lenguaje corporal propio de la mujer, es el deseo de encontrarlo
y el de reconocer que los movimientos corporales de hombres y de
mujeres no son experiencias netamente kinéticas.
Este deseo y reconocimiento
llevará al artista a cuestionarse, luego de explorar y experimentar
con nuevas formas de movimiento. Sin duda, encontrará algunas
contradicciones que eventualmente llevarán al artista al
descubrimiento, la creación y desarrollo de una nueva forma
de entrenamiento dancístico y a una coreografía libre
de restricciones y pautas sociales
que inhiben a la mujer a moverse en el
espacio con plena libertad.
Este proceso de investigación
requiere desarmar y reconstruir movimientos que están en
acción e interacción de la mujer en relación
al bailarín/hombre y a su vez, de ellos con el espectador;
revisar el uso de vestuario, el uso del sonido y la iluminación;
crear secuencias de movimiento e imágenes visuales que representen
de manera justa y libre al ser humano; y, finalmente, redefinir
el proceso de producción (auspicios y financiación)
tan necesario para el éxito de todo espectáculo dancístico.
Con el disparo de adrenalina
que viene con la anticipación de un deseo que será
realidad, la princesa se despierta y reconstruye su cuerpo y la
fricción
entre imagen y carne(8).
(1)Este ensayo fue
premiado en el Concurso “Hombres y mujeres en el Perú de
hoy, Identidad y Cambio”, auspiciado por el Diploma de Estudios
de Género de la Universidad Católica del Perú,
Abril, 1996.
(2)Marianne Wex, Lets Take Back Our Space: Female
and Male Body Language as a Result of Patriarchal Structures.
Movimiento Druck, West Germany, 1979, p. 7.
(3)Marianne Goldberg, “The Body as Discourse” en
Women and Performance: A Journal of Feminist Theory, Issue Nº^6,
p. 12.
(4)Ann Daly, “Movement Analysis: Percing Together
The Puzzle” en Theathe Drama Review, Spring, 1988, p. 43.
(5)Ibíd., p. 129
(6)Marianne Goldberg, “She who is possed no Longer
Exists” en Women and Perfomance A journal of Feminist Theory,
Issue Nº5, pp. 16-17.
(7)Marianne Goldberg, “The Body as Discourse” en
Women and Performance:..., op. cit., p. 20.
(8) Ibíd.,
p. 21.
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