En
lugar de demagogia e impunidad
Maria Ysabel
Cedano
ELas mujeres del país
no necesitamos de un Presidente demagogo y presunto violador de
derechos humanos, ni la pena de muerte para enfrentar la violencia
sexual. Las mujeres que defendemos nuestros derechos y los derechos
de nuestras hijas e hijos no podemos prestarnos a la campaña
contra la impunidad y otros fines, que Alan García y sus
aliadas y aliados han montado con el argumento mediático
de pena de muerte para violadores de niñas y niños,
así como para terroristas. Las mujeres no estamos para ser
tontas útiles de los gobernantes de turno.
Al igual que Fujimori, busca el retiro del Estado peruano de la
jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
por temor a ser condenado por las presuntas violaciones de derechos
humanos ocurridas durante su primer mandato. Además, busca
distraer nuestra atención del incumplimiento de las promesas
electorales y de la incapacidad para enfrentar los problemas y retos
económicos y sociales que impone la realidad nacional.
Para enfrentar la violencia sexual, se requieren educación
sexual integral, más y mejores servicios de salud sexual,
Centros de Emergencia Mujer y consultorios jurídicos gratuitos
que garanticen asesoría médica, jurídica y
psicológica especializada; que se haga justicia libre de
prejuicios y estereotipos machistas (caso Leslie Stewart vs Aldo
Valle), corrupción e injerencia política (Caso Milady
Rojas vs Miguel Toledo), que los juicios se lleven en nuestra lengua
materna y que no tengamos que pagar tasa alguna en estos casos.
Se necesita que la política, los planes, los programas y
los proyectos a favor de la infancia y las mujeres cuenten con metas
anuales por sector, indicadores de cumplimiento y partidas presupuestales
proporcionales a la magnitud del problema social que se quiere prevenir,
sancionar y erradicar. El Estado peruano debe cumplir su compromiso
internacional de destinar el 6% del presupuesto nacional para, entre
otros objetivos, erradicar la violencia contra las mujeres y las
niñas (Beijing, 1995).
Si lo que se quiere de verdad es justicia, el Presidente, el Congreso
y el Poder Judicial, en lugar de proponer, aprobar y aplicar la
pena de muerte, deben atreverse a tratar jurídica y judicialmente
la violencia sexual como crimen contra la humanidad.
Entre otras consecuencias, la posibilidad de denunciar este tipo
de crimen, no prescribiría. Las y los jueces tendrían
que valorar los testimonios de las denunciantes, en lugar de dudar
de su palabra y dar mayor valoración a un certificado medico
legal que establece si es virgen o no la denunciante.
Actualmente, el derecho penal internacional considera la violencia
sexual durante conflicto armado como crimen de Lesa Humanidad. No
sólo se juzga así los casos de violación sexual
a cualquier edad, sino que también se consideran como tales,
la esclavitud sexual, el embarazado forzado, el aborto forzado,
entre otras modalidades. Los jueces de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos han actuado en ese sentido al momento de dictar
la sentencia sobre el caso del penal Castro Castro.
Indigna la mera posibilidad de que el terror, el odio y la muerte,
venga de quien venga, prevalezca por sobre los derechos humanos
y los órganos jurisdiccionales internacionales, que cuentan
con mejores marcos jurídicos, establecen obligaciones de
reparar y hacen justicia, demostrando que hay alternativas a la
demagogia y la impunidad.
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