
Conversando
desde el infierno
Julissa Mantilla
Miriam Lewin fue detenida
en 1978 en el contexto de la dictadura argentina y sometida a una
serie de torturas y vejámenes en la tristemente célebre
ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Marina). Sin poder
explicarlo aún, Miriam sobrevivió a la tortura al
igual que algunas otras de sus compañeras de detención.
Muchos años después, cinco de ellas decidieron contar
su historia, como una forma de tratar de entender las diferentes
perspectivas de lo que pasaron. Así, una vez por semana y
durante varios meses, estas mujeres se reunieron para contar y escuchar
sus voces de dolor y de lucha.
“Ese infierno: Conversaciones
de cinco mujeres sobrevivientes de un campo de tortura argentino”
es el resultado de esas horas de reuniones. La edición en
inglés fue presentada hace unos días en Washington
por las organizaciones de derechos humanos CEJIL y WOLA.
Con un tono calmado
y sereno, Miriam empezó a narrar su experiencia en el campo
de concentración argentino y, sobre todo, las secuelas y
el impacto de esta realidad en su propia vida. “?Por qué
sobrevivimos?” –se pregunta- “No lo sé”. Y es que no había
una lógica clara en este juego entre la vida y la muerte
de los detenidos durante la dictadura argentina. Como la autora
contó, hubo personas que brindaron información a cambio
de su libertad y fueron asesinadas, mientras que mucha gente que
no lo hizo pudo sobrevivir a la desaparición y la tortura.
Los fantasmas de la represión y el miedo rodearon la vida
de las personas secuestradas en la ESMA, de los cuales muchas fueron
reclutadas para realizar trabajos forzados en ese local.
El público escucha
con respeto. Somos una constelación de nacionalidades, aunque
priman los argentinos por razones obvias. Una de las asistentes,
Isabel, pregunta sobre los locales de detención, las condiciones
de vida, el número de gente detenida. La hermana de Isabel
es una de las tantas mujeres desaparecidas. Las preguntas y las
respuestas se intercalan; todos queremos saber –como si no supiéramos-
queremos entender lo inentendible, queremos encontrar pistas que
nos ayuden a comprender nuestra propia realidad.
“No me gusta la palabra
“reconciliación”, dice Miriam Lewin, “nunca me voy a reconciliar
con los torturadores”. ¿Será posible, me pregunto
yo, que la reconciliación vaya más allá del
perdón individual y abarque a una sociedad en pleno? En todo
caso, mientras reine la impunidad y no haya justicia, no se podrá
dar el paso siguiente.
Estuve en Argentina
en el 2004, haciendo una investigación sobre el tema y mi
impresión en ese momento fue que –como suele suceder- las
voces de las mujeres y las violaciones específicas a sus
derechos permanecían invisibles en el contexto de las investigaciones.
Le pregunto a Miriam si las cosas siguen así y, lamentablemente,
me da la razón.
Si bien las llamadas
leyes de Punto Final en Argentina fueron dejadas de lado y los procesos
judiciales por las violaciones de derechos humanos se están
desarrollando, no se han iniciado investigaciones por los casos
de violencia sexual durante la dictadura ni tampoco se plantea la
posibilidad a futuro. Como tantas otras veces, las voces de las
mujeres siguen en silencio, sin salir del infierno.
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