Avances y
retrocesos por el Día Internacional de la Mujer
Carmen Ollé
Lo peor en estos cuatro
años del gobierno de Alejandro Toledo ha sido la presencia
fuerte de congresistas y ministros conservadores. Ello ha significado
para la mujer en el Perú una batalla campal de parte de las
mujeres pensantes y otros movimientos sociales contra las visiones
y credos anacrónicos para hacer prevalecer sus derechos como
ciudadana.
En ese sentido, el avance de la misoginia a escala global (con Bush,
el Papa, los fundamentalistas de Oriente y Occidente) es también
una constante amenaza para nosotras.
Las facciones religiosas más radicales han pretendido guiar
las políticas públicas, sobre todo en el sector salud,
resistiéndose a dar luz verde a métodos anticonceptivos
(AOE) necesarios para liberar a las mujeres pobres de embarazos
no deseados, negando el derecho que tienen ellas a decidir sobre
su propio cuerpo. No creo que a estos malos demócratas les
interese la vida del “no nacido” (hay un día
incluso que lo celebra), lo que les interesa es que las mujeres
no tengan la capacidad de decidir sobre qué es lo mejor para
ellas, y ganarles la partida a las mujeres pensantes y organizadas,
consideradas “asesinas” por su lucha por la despenalización
del aborto, con lo cual se evitarían 450 mil abortos clandestinos
al año con altos índices de mortandad entre las mujeres
de escasos recursos.
El Estado laico, garantizado por la constitución, es letra
muerta. La idea de que las féminas que reivindican sus derechos
quieren destruir la familia es una contradicción, muchas
de estas mujeres son jefas de familia, dada la realidad latinoamericana
del padre ausente, y tienen que velar por sus hijos y trabajar para
ellos con el futuro a cuestas. Los fundamentalistas convertidos
en cancerberos de la familia tradicional no soportan que la mujer
tenga la libertad de ser persona cuya realización no pasa
necesariamente por la maternidad. Con los avances de la ciencia
moderna, la mujer puede descartar de sus planes futuros el ser madre.
Ella conquista su lugar en el mundo, el estar sola y ser librepensadora
–algo inconcebible en épocas pasadas- no debería
ser visto como sinónimo de “solterona amargada o frustrada”,
la mujer tiene la capacidad para dedicarse a lo que le venga en
gana ahora: arte, ciencia, empresa, o a contemplar el mar y las
gaviotas pensando en Andrómeda, sin que los puritanos y machistas
la consideren una renegada.
La lucha contra el
machismo sigue en pie, ya que a diario somos testigos de cómo
se maltrata, se asesina y se abusa sexualmente de las mujeres, incluidas
las mujeres- policía. En los medios de comunicación
se perpetúa la mujer objeto del placer del otro, siempre
dependiente, siempre en función del otro.
Sin embargo, no todo
es negativo, creo que el avance más evidente es el que aparentemente
no se puede cuantificar ni ver pero supone un salto al futuro, y
se debe en parte a la ciencia moderna y al arte. Sabemos que las
mujeres y los hombres como únicos componentes del género
humano son el producto de una larga evolución y de la interacción
entre lo biológico y lo cultural. Justamente, el hecho de
que para la ciencia moderna el ser humano sea fruto de la contingencia
y la interacción entre lo biológico y lo cultural,
libera a las mujeres de los preconceptos de un supuesto ser superior
que hizo a los hombres fuertes e inteligentes y a las mujeres débiles
y dependientes. Por su parte el arte y el folklore por no ser explícitos
sino sugerir una realidad que trasciende la realidad física,
han permitido también su liberación. Estos productos
no son de naturaleza estadística, pertenecen al terreno espiritual
y por tanto nos hablan directamente al corazón. Las mujeres
que piensan y sienten libremente son las principales beneficiarias
de estos cambios.
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