
No existen dolores ajenos
Julissa Mantilla Falcón. Abogada
peruana.
Ex integrante del Equipo Jurídico de la CVR.
Al conmemorarse dos años de
la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad
y Reconciliación del Perú (CVR), el domingo 28 de
agosto se inauguró el monumento “El Ojo que llora”
de la artista Lika Mutal, en el Campo de Marte del distrito de Jesús
Maria, en la ciudad de Lima. La ceremonia de inauguración
fue sencilla y emotiva y en ella estuvieron presentes las victimas
del conflicto y sus familiares, los representantes de la Defensoría
del Pueblo y de las ONGs de derechos humanos, los ex integrantes
de la CVR, entre otros. Lamentablemente, faltaron muchos empezando
por el Presidente de la Republica, cuya presencia hubiera servido
para reafirmar su compromiso con las víctimas de la violencia
y con la política de reparaciones.
Luego de la ceremonia,
se invitó a los asistentes a recorrer el monumento y depositar
una rosa blanca en recuerdo de los ausentes. La escultura es impresionante
y se yergue en el medio de un laberinto formado por caminos cubiertos
de piedras, en las cuales se ha escrito el nombre de las víctimas.
La piedra central representa un ojo del cual brota permanentemente
una corriente de agua, como símbolo del llanto y dolor de
las victimas del conflicto peruano.
Dolor que aún
continúa y que se reafirma al comprobar que han pasado dos
años y todavía falta mucho para lograr la tan ansiada
reconciliación de nuestro pueblo. Si bien el trabajo de la
CVR fue un primer paso hacia el conocimiento de la verdad, los reclamos
de justicia permanecen. Muchos de los procesos judiciales no avanzan
ya que en varios casos las víctimas no cuentan con abogados.
Asimismo, se vienen dando situaciones de interferencia por parte
de las Fuerzas Armadas, que no brindan la información necesaria
sobre sus miembros acusados de violaciones de derechos humanos.
Además, se han iniciado procesos paralelos a la justicia
ordinaria en el Fuero Militar, pese a que el Tribunal Constitucional
del Perú señaló en el 2004 que este fuero no
tenía competencia para conocer de casos de violaciones de
derechos humanos.
Sin justicia reina
la impunidad y con impunidad, no hay reconciliación posible.
Aún no entendemos lo que nos pasó y, lo que es peor,
no asumimos nuestro compromiso con la no repetición de los
hechos. En la ceremonia del domingo estaban los de siempre, los
que han sufrido y seguirán sufriendo mientras no se comprenda
los efectos del conflicto y mientras no entendamos que este dolor
es también nuestro. Será pues -como dijo una de las
víctimas- que aún creemos que existen dolores ajenos.
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