
A
dos años del Informe Final ..... ¿seguimos recordando?
Diana Portal (DEMUS)
El conflicto
armado interno que vivió nuestro país, de 1980 al
2000, nos afectó de distintas formas a todos los peruanos
y peruanas y las consecuencias las vivimos hasta el día de
hoy.
Sin embargo,
tal y como dice el informe de la CVR : “no afectó uniformemente
todos los ámbitos geográficos ni los diferentes estratos
sociales del país. Estuvo concentrada en los márgenes
de la sociedad es decir, aquellas zonas y grupos menos integrados
a los centros de poder económico y político de la
sociedad peruana”.
Según
el informe, la mayoría de víctimas fueron lo/as excluido/ass
de nuestro país: varones de 20 a 49 años, jefes de
familia, comerciantes y autoridades, estudiantes y campesinos; cuatro
de cada diez víctimas fueron de Ayacucho y tres de cada cuatro
víctimas fueron quechuhablantes (más del 75% de los
muertos y desaparecidos reportados a la CVR). La mayoría
no tenía estudios superiores y muy pocos tenían educación
secundaria. De esta manera las víctimas fueron los más
excluidos de nuestro país.
Durante
mucho tiempo “los limeños y limeñas” ignoramos
esta realidad, hasta que en 1992 ocurrieron los atentados en la
calle Tarata y contra el Canal “2”. En ese momento nos
percatamos de esta violenta realidad, que ya no estaba tan alejada
de la vida cotidiana. Las víctimas tuvieron un rostro determinado,
pero continuaron olvidado/as e invisibilizadas las mujeres.
El informe
Final de la CVR muestra que la violencia interna afectó de
forma diferente a hombres y mujeres. Mientras que los varones desaparecían
y eran torturados; las mujeres eran victimas de violencia sexual,
y tuvieron que enfrentar nuevos roles frente a la realidad que afectaba
a sus familias y a ellas mismas.
Pero la
especial diferenciación de las violaciones a sus derechos,
se encuentra en la violencia sexual que las afectó. Mientras
a los varones los desaparecían o torturaban, las mujeres
eran violadas no sólo en las incursiones que los militares
hacían en sus pueblos; sino también en el contexto
de las búsquedas que hacían de sus familiares desaparecidos,
situaciones que las exponía a otras violaciones de sus derechos,
como la tortura, chantajes, extorsiones, acoso de senderistas y
militares.
Muchas
mujeres no denunciaron estos hechos por vergüenza, por la estigmatización
que podían sufrir por parte de sus familiares y vecinos;
esto dificultó mucho el recojo de sus testimonios. Generalmente
ellas relataron las historias de violaciones de derechos humanos
de sus familiares pero no las suyas, lo que demostraría que
siguen sintiendo y viviendo en función de los otros, pero
sin verse a sí mismas como víctimas o como sujetas
de derechos.
Este patrón
fue sistemático y generalizado en varios pueblos y comunidades,
lo que llevó a la CVR a calificar estos hechos como Crimen
de Lesa Humanidad, cuyos perpetradores se ubican mayoritariamente
en el Estado.
Según
el informe Final, los integrantes de las Fuerzas Armadas reconocen
la existencia de violaciones sexuales como una práctica común
y sin motivo específico. El hecho de que estos casos no se
denunciaron y que las autoridades militares asumieran el control
en las zonas de emergencia, determinó su impunidad, la que
persiste hasta hoy.
Finamente,
al cumplirse dos años de la entrega del Informe Final, tenemos
la obligación de seguir recordando a las víctimas
del conflicto armado interno, de aquellas mujeres que silenciosamente
fueron blanco de la violencia, la misma que fue diferenciada, afectando
no sólo sus derechos, sino también marcando
sus vidas, sus cuerpos y ese recordar debe ir acompañado
de nuestro
compromiso social PARA QUE NO SE REPITA.
|