De drogas, activistas y discotecas (o cuando la justicia debe llegar)

Crissthian Manuel Olivera Fuentes

A inicios de marzo del 2005 sucedió un incidente en una conocida discoteca miraflorina para público gay lésbico llamada Down Town Vale Todo. Una acusación infundada de drogas por parte del personal de seguridad de este establecimiento hacia mi persona terminó en una agresión física y luego en una difamación toda vez que el administrador del local mintió sobre mi estado toxicológico en un diario de circulación nacional.

Luego, casi dos semanas después, para enturbiar más el panorama, la misma discoteca fue intervenida por la Policía Nacional del Perú en coordinación con la municipalidad de Miraflores y el morbo de la prensa. La acusación: comercialización de drogas.

Estos dos hechos han puesto el dedo en la llaga sobre algunos problemas al interior de la propia “comunidad” gay/lésbica. El primero es el consumo y comercialización de drogas. Si bien es cierto consumir o no sustancias adictivas es en última instancia una decisión personal (relativizada podríamos decir por situaciones particulares y sociales) y la moral no puede ser invocada para inmiscuirse en la vida privada de lo/as ciudadano/as, considero en líneas generales que la ingesta de estas sustancias (cocaína, PBC, marihuana, éxtasis, etc.) es perjudicial para la salud, además de tener un impacto negativo en lo social en la medida que potencia situaciones de violencia y marginalidad. La comercialización sin embargo, sí está penada por nuestra legislación.

El otro punto es el tema de la discriminación por raza/etnia y clase. Es sabido que la discoteca Down Town Vale Todo tiene un historial antiguo y sistemático en discriminar en el ingreso a su establecimiento por estas razones. Lamentablemente la “comunidad” gay/lésbica no está exenta de reproducir los vicios de la sociedad en su conjunto, tal vez, entro otras razones, por un intento de asimilarse a un sistema en donde el modelo de lo socialmente valorado está dado por el hombre, blanco, heterosexual, joven, casado, citadino, con éxito económico y sano. Se concede la libertad personal para no vivir la censura social y cultural, dejamos de ser dueño/as de nuestros destinos para concederles el poder a la sociedad heteronormativa y opresora.

Un tercer y último punto que me interesa resaltar en este texto es el de la discriminación por orientación sexual. Cuando me entrevistaron para Frecuencia Latina luego de mi denuncia noté inmediatamente la intención del reportero que yo acusara a la discoteca que en su interior se comercializaban drogas. Mi tino político así como mi ética personal y profesional no me hicieron “pisar el palito” y sólo sostuve que ciertamente sabía por referencias personales que en la discoteca se consumían drogas, pero que jamás había visto tal cosa ni menos estaba en la condición de afirmar o negar que se comercializaran en su interior o que el propio personal del establecimiento lo supiera.

Conectando este hecho con la forma en la que, según versiones del personal de la propia discoteca, ocurrió la intervención policial y la forma y fechas en que los medios de comunicación abordaron tanto mi denuncia como el operativo, puedo suponer (no asegurar) que detrás de todo había la intención de desprestigiar a la “comunidad” homosexual. Independientemente de si es cierto lo de la venta de drogas, hecho que particularmente considero verdadero a la luz de lo que se sabe pero no nos atrevemos a decir en voz alta de este establecimiento.

Cierto es que hay gays y lesbianas que consumen y comercializan drogas de todo tipo (al igual que heterosexuales), también que discriminan por raza/etnia, clase, apariencia física, etc. Estoy firmemente convencido que la violencia y la discriminación en todas sus formas y venga de quien venga debe sancionarse para no generar impunidad y en última instancia una cultura antidemocrática e irrespetuosa de las enriquecedoras diferencias.

En una actitud políticamente consecuente y crítica yo no me solidarizo con la discoteca Down Town Vale Todo como establecimiento en donde se nos discrimina y violenta, sino más hago un llamado de atención para estar vigilantes a cómo los propios operadores de justicia y en sí mismo el Derecho son instancias que nos pueden oprimir y que no garantizan nuestros derechos fundamentales, apoyados en un sistema cultural machista, misógino, falocrático, heteronormativo, racista, clasista, etc.

Si hubo discriminación y violencia por orientación sexual en el operativo en la discoteca Down Town Vale Todo, es algo que se debe aclarar y eventualmente sancionar. Estoy casi seguro que nuestro/as “hermano/as” que esa noche se encontraban en el interior del local no harán nada al respecto por homofobia interna y externa, entre otras razones. Igualmente espero que en su momento la discoteca sea sancionada tanto legalmente como por la propia comunidad a través de nuestro señalamiento público y rechazo por la discriminación y violencia que se ejerce por razones de raza/etnia, clase y otras tan subjetivas como antojadizas de no caerle bien al anfitrión o el personal de seguridad.

Mi visibilidad como activista no está al servicio de mi protagonismo personal sino para demostrar que sí se puede denunciar, exigir, proponer, cuestionar, reflexionar. El ser visible tiene un costo y éste es el ser vulnerable, lo sé, pero también expreso mi voluntad de no ser más el chivo expiatorio de unos ni de otros, ni de los propios gays y lesbianas, ni de la sociedad hegemónica, ni de los medios de comunicación, ni de nadie. No quiero ser un “pretexto” o un “elemento” de ningún grupo que me pretenda usar con fines políticos de desprestigio y destrucción. A su vez, invoco a la reflexión de lo/as activistas GLBT (incluido/as lo/as del propio MHOL) para articular un discurso político coherente entre todas las formas de discriminación y violencia.

Por Crissthian Manuel Olivera Fuentes (28), comunicador social, activista gay en derechos humanos vinculado desde hace algunos años al movimiento juvenil, GLBT, afroperuano, de personas viviendo con VIH/SIDA y feminista. Actualmente es responsable del área de Comunicación del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) – Unidad Gays y miembro de la asamblea de Asociados de esta organización, así como asistente del área de Ciudadanía y Comunicación del Estudio Para la Defensa de los Derechos de la Mujer (DEMUS).














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Actualizado al 30 de noviembre de 2008
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