Nosotras las “otras” del debate
Ma. Jennie Dador Tozzini

En las últimas décadas la política ha sufrido transformaciones medulares. Lejos de articularse alrededor de los partidos de masas y de las propuestas políticas definidas sobre una base ideológica, la nueva arena política debe contar con los medios de comunicación como instrumentos esenciales del acceso e influencia en la sociedad. Esta mediatización de la política contemporánea o “vídeo-política” como la llama Sartori, se expresa en la estrecha relación que existe entre la formación de la opinión pública y los medios de comunicación.

En este contexto de mediatización y des ideologización de la política, la improvisación de las agrupaciones que nacen para una elección abre las puertas para quienes buscan llegar al gobierno eludiendo llevar una propuesta política clara y definida donde los/as electores/as puedan identificar, entre otros temas, si los intereses de las mujeres están o no recogidos y en función a ello decidir el voto.

Sin embargo, este fenómeno, no solo está presente en los llamados clubes o franquicias electorales, sino que también los partidos políticos tradicionales, evitan pronunciarse sobre temas que puedan polarizar a la ciudadanía –como por ejemplo, aborto o políticas de equidad de género- a fin de conseguir los votos de los/as electores indecisos.

Si bien los programas partidarios recogen algunos temas referidos a los derechos de las mujeres y la iniquidad de género, lo hacen desde una mirada tradicional que ensalza su rol maternal en desmedro de su ciudadanía y centrados más en valores morales que en derechos individuales.

Es igualmente notable, la idealización de la familia como el espacio de relaciones de solidaridad y amor entre sus miembros, desconociendo que ésta es también un lugar en el que se dan relaciones de poder en términos de acceso y control sobre los recursos, así como situaciones de violencia, principalmente contra las mujeres y niños/as, lo que limita el ejercicio de la autonomía para la toma de decisiones y las elecciones personales. Situación que la Endes 2004 ha puesto en evidencia al revelar que el 42% de las mujeres en edad fértil refiere haber sufrido violencia por parte de su pareja.

Sin embargo, la agenda electoral que se discute en los medios a penas da cuenta de ellos. Hasta ahora la campaña política se ha caracterizado por la ausencia de confrontación de carácter programático, centrándose más en la descalificación personal o en lo que se consideran “los grandes temas”, como por ejemplo, recaudación, TLC, pensiones, agricultura, empleo y pobreza. Estos últimos, por cierto, desde una mirada indiferenciada, la que al presuponer la existencia de un solo tipo de ciudadanos, reivindica solo las formas de subyugación y discriminación públicamente más aceptadas –como la de clases, por ejemplo- y desconoce otras discriminaciones específicas como la de género y la étnica. Todos estos temas, de hecho son relevantes, pero nosotras, además de saber en manos de quién estarán los medios de producción, necesitamos saber si somos dueñas o no de nuestros cuerpos.

La sustracción del debate público de problemáticas como las relaciones estructurales de subordinación que viven las mujeres, no debe llevarnos a pensar que no existan posturas internas al respecto, lo que sucede es que muchas veces son considerados como temas de “conciencia”, incertidumbre que en un futuro gobierno bien podría traducirse en retrocesos.

A pesar de la negativa de los partidos y alianzas para discutir estos temas, en algunos casos la coyuntura los ha obligado a pronunciarse, como en el debate en torno a la AOE y la impunidad frente a la violencia sexual. Aunque por cierto, no ha faltado el comentario de algún señor del gremio de los analistas políticos, que refiriéndose al mismo sostenga que “este asunto no hace más que ilustrar la pobreza de los partidos y desnudar sus carencias en el campo de las ideas... para ellos es más fácil entrar en temas de anécdota que sustentar propuestas electorales serias”, como si la libertad, la autonomía y la salud no fueran derechos humanos sustanciales para la construcción de un Estado que se precie de democrático. Probablemente si la maternidad impuesta formara parte del horizonte de posibilidades de la vida de los hombres, la anticoncepción sería hoy un gran tema y sin mucho esfuerzo el aborto sería legal.

 










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Actualizado al 14 de noviembre del 2006
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