
Las huellas
que la violencia psicológica deja.
A propósito del caso Dennis Falvy
Giannina
Paredes
psicóloga de DEMUS
La violencia psicológica
es muchas veces invisibilizada. Estamos acostumbradas a relacionar
la violencia con huellas físicas como golpes, moretones
o marcas en el cuerpo que evidencien que ha ocurrido un acto de
esta naturaleza, sin embargo, las huellas emocionales que son
aparentemente invisibles crean el escenario perfecto para ser
negadas pero van menoscabando poco a poco en la subjetividad de
la mujeres y en su salud mental.
La violencia psicológica
puede manifestarse con insultos constantes, los celos extremos,
el control, la amenaza, entre otras actitudes. Esta violencia
poco a poco comienza a minar en la subjetividad de la mujer hasta
convencerla de que esa es la posición en el que debe permanecer,
sometida a la agresión y sin
posibilidad de rebelarse.
Para la misma mujer involucrada
en una relación de este tipo, en un inicio le es muy difícil
reconocer lo que está viviendo, reconocer que aquella persona
que escogió para compartir la vida la agrede, aquel que
dice quererla a su vez le dice que no sirve para nada, aquel que
le pide perdón y le regala flores porque algunas veces
tiene algunos “excesos” es luego quien la
amenaza si llega tarde, si quiere estudiar o si intenta siquiera
rebelarse frente a alguna “orden” que él como
jefe del hogar ha dado.
Es realmente una situación
difícil de mucha confusión, pero frente a la cual
no podemos negar lo que ocurre, ya que eso sólo nos llevaría
a entrar en un círculo en donde la violencia va cada vez
más en aumento.
Una palabra violenta, una frase
de amenaza puede ser tan o más aterradora que cualquier
agresión física. Eso lo representa muy bien el tan
sonado caso de Dennis Falvy, el cual no debemos perder de vista
pasadas las fiestas patrias.
Los audios presentados por
los medios de comunicación generan un terror absoluto al
contener las frases más violentas y agresivas, y nos impactan
de tal manera que nos cuesta creer son ciertos y preferimos muchas
veces pensar que no está ocurriendo. Pensemos ahora en
el impacto que deben de tener esas palabras en las mujeres que
lo viven directamente.
Se requiere de mucha fuerza y valentía para romper con
ese círculo de violencia y denunciar lo que está
ocurriendo, pero es el único camino que se tiene para no
continuar en aquel espiral que puede llevar a las mujeres hasta
la muerte.
Desde el agresor la defensa es
ahora aparecer como un “honorable” padre de familia, al lado de
su esposa, y utilizar el estereotipo del pobre hombre engañado
por una mujer “seductora”, “con muchos hombres en su vida” y “madre
soltera en busca desesperada de un padre para su hijo”, frente
a la cual por su naturaleza de hombre no pudo resistirse y fue
vilmente
“engañado”. Estereotipos que tienen un impacto entre todos
y todas ya que apela a aquello que hemos guardado en algún
lugar de nuestro inconsciente: la imagen de la mujer “puta” y
en contraposición la imagen de la esposa como la mujer
“virgen” y tolerante por sobre todas las cosas, cual
representación de María. Amén.
Sumado a esto, la estrategia usada
por Dennis Falvy incluye llamarse él mismo “enfermo mental”
o “borrachito”, utilizando estos argumentos para minimizar el
hecho, burlarse de todos y todas y tratar de desligarse de su
responsabilidad frente a esta situación, ya que como sabemos
en un proceso legal si demostramos incapacidad mental ¡la
pena es menor! La respuesta de la sociedad ha sido importante
mostrando su rechazo y su indignación frente a este hecho.
Sin embargo, el sistema judicial aún no toma las medidas
necesarias para garantizarle a la mujer que esto no volverá
a ocurrir, que su vida no corre peligro. Esto es realmente preocupante,
ya que nos lleva a pensar en un posible favoritismo hacia el denunciado
por ser una figura pública. Si esto queda en la total impunidad
¿qué podemos esperar de aquellas mujeres que denuncian
el hecho y al no tener huellas físicas y no estar al borde
de la muerte, las regresan a sus casas argumentando que no existen
pruebas necesarias para iniciar un proceso?
Debemos exigir a nuestras autoridades
que reaccionen frente a estos hechos. Nos preguntamos si la nueva
ministra de la Mujer (MIMDES), Virginia Borra, aplicará
correcta y eficientemente las políticas públicas
para erradicar la violencia hacia las mujeres, más allá
de
los desayunos y las ollas regaladas a las que nos tuvo acostumbradas
la ex ministra Ana María Romero.
Los medios tienen un rol fundamental
en este tipo de casos como medida de presión y de denuncia.
No nos tapemos los ojos, la violencia contra la mujer es una realidad.
Prueba de esto son los asesinatos que vemos casi a diario en las
noticias policiales: homicidios de las
mujeres a manos de sus parejas o algún conocido, equivocadamente
justificados por ataques
de celos o por ¡exceso de amor! No nos engañemos,
nada justifica la violencia. ¡Denunciemos estos hechos y
no nos coludamos con el silencio y el terror! ¡Busquemos
relaciones de paridad sin violencia, basadas en la confianza,
el respeto y el mutuo acuerdo, en donde el
diálogo y la palabra prevalezcan sobre la violencia!
Lima, 2 de agosto de 2006.
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