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La
Imagen Del Placer
Laura Benetti.
Psicoanalista de la NEL, Nueva Escuela Lacaniana de Lima
Se me invita a una
mesa redonda. Se me propone hablar acerca del placer.Acepto la invitacion
.Me invita la poeta Carmen Ollé, lo hace en nombre de la
ONG Demus.
Demus viene realizando una campaña llamada ni una muerte
más. Ejemplar campaña que intenta hacernos conocer
un síntoma que está en franco ascenso en la época.
No es un síntoma nuevo -a veces me pregunto si los síntomas
que llamamos nuevos tienen algo de nuevo- a veces no me hago estas
preguntas, me hago otras.
Ni una muerte más nos avisa que los golpes están a
la orden del día, que los abusos progresan y que hay algunos
de ellos que requieren de nosotros , que se vuelve necesario que
nos pongamos a pensar cada una desde nuestros discursos.
Carmen me habla del placer, no se lo digo pero me quedo con una
sonrisa en la boca. Lo que no le dije entonces es que me parecía
muy tierno de su parte proponer el placer, hablar el placer, hacer
el placer para contrarrestar los dominios de la violencia.
Me parece tierno de gran ternura intentar conjugar la lengua del
placer.
Y la ternura es un afecto que mitiga las consecuencias del dolor.
Pero para que alguien use su ternura tiene que estar dispuesto para
ello.
Para que alguien quiera inventarse un placer debe haber una voluntad
propia, la voluntad del placer que no acata el mandato del Amo.
Ella – la voluntad- no juega sola en esta cancha debe encontrarse
con sus oponentes, con sus socios, con el gran público y
también con el dueño del partido.
No me olvido que también hay una pelota.
No se puede jugar con el placer. El placer no juega porque el placer
es apático.
No sólo los golpes nos consumen sino que nos consume la propuesta
del placer.
Se nos dice que debemos estar en nirvana, en homoestasis , que debemos
conseguir el umbral mínimo de tensión. Que es necesario
e importante que nos comportemos como corderitos obedientes y que
hagamos los deberes quedándonos quietos y sumisos y se nos
entretiene con ofertas que dibujan la existencia como un hedonismo
continuo
Se nos ofrecen fármacos para ello y se nos ofrecen líneas
esotéricas y manuales de autoayuda y velas y ejercicios y
el placer -se nos dice -puede ser consumido en cualquier escaparate
del gran mercado.
Se inventan síndromes que luego pasan al departamento de
marketing y más tarde se elaboran las estrategias de posicionamiento
y cuando todo ha sido calculado se visita a los facultativos y luego
se espera que la masa se identifique y funcione con uno de sus principios
fundamentales: el fenómeno del contagio.
Será por eso que nosotros los psicoanalistas de la Escuela
de Orientación Lacaniana preferimos que los sujetos consigan
interesarse por su malestar desde la singularidad y tratamos en
la medida de lo posible, advertir que el sufrimiento no es algo
que deba ser tratado como la basura. Ni siquiera reciclado.
Cuanto mas se pretenda aplacar el síntoma por la vía
de un apaciguamiento placentero menos resultados se obtienen.
Basta pensar en la anorexia, la bulimia, los ataques de pánico,
los fundamentalismos, las mujeres maltratadas, los ejércitos
de deprimidos, etcétera, para comprobar que Nirvana y sus
voceros hedonistas no están aquí para mitigar nada.
Es posible que al saber esto ya se esté inventando la nueva
panacea que mañana por la mañana tendrá usted
el gusto de poder adquirir.
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