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Inmigrantes
en EEUU:
entre estereotipos y protestas
Julissa Mantilla Falcón
El famoso canal “E!”
de la televisión norteamericana se caracteriza por llenar
su programación de chismes faranduleros y presentaciones
de las premiaciones del cine y la televisión. Joan Rivers
aparece en cada una de estas premiaciones entrevistando a los artistas
y criticando sus atuendos. En una de ocasiones, al comentar el éxito
de la serie “Desperate Housewifes” (“Desesperadas Amas de CASA”),
la Rivers dijo que se iba a hacer la versión latina titulada
“Desperate housekeepers” (“Desesperadas Amas de LLAVES”). De otro
lado, el programa cómico de televisión “Mad TV” presentó
una secuencia en la que un hombre le pide a una mujer q le dé
un beso. Cuando la mujer se niega, el sujeto comenta: “Perdona,
olvidé que desciendes de latinos” y le da un billete de 20
dólares, ante lo cual la mujer empieza a besarlo. No hace
mucho, en la discusión sobre la nueva ley sobre la inmigración,
una presentadora del programa de noticias “Fox & Friends” mencionaba
que enjuiciar a todos los ilegales resultaba muy caro, pero tal
vez deportarlos no lo era. Otro de los presentadores comentaba que
él estaba de acuerdo con que EEUU era el país de los
inmigrantes y de las oportunidades pero no entendía por qué
los inmigrantes “insistían” en venir sin visas legales cuando
podrían buscar oportunidades en sus propios países.
Además, señalaba el sujeto, como recibían sus
sueldos “bajo la mesa” no pagaban impuestos, lo cual no era justo.
Estereotipos y desconocimiento
abundan en este debate que se viene desarrollando en los EEUU en
relación a los indocumentados y las nuevas medidas gubernamentales
sobre el tema de la migración.
Las propuestas extremas
de la denominada Ley Sensenbrenner (HR 4437) vienen recibiendo la
protesta de la población inmigrante ascendiente a 11 millones
de personas, la cual expresó su descontento saliendo a las
calles norteamericanas en multitudinarias marchas de protesta. La
referida ley establecía, entre otros aspectos, que los inmigrantes
ilegales y quienes los ayudaran, serían considerados criminales,
de modo que la policía estuviera legitimada para arrestarlos
y deportarlos. Al respecto, cabe decir que el gasto aproximado de
la deportación de los ilegales asciende a 200 millones de
dólares.
Las propuestas alternativas
que planteaban permisos temporarios de trabajo para los inmigrantes
que tuvieran más de 5 años en los EEUU previo pago
de una multa de 2000 dólares, fueron postergadas luego que
el Congreso norteamericano no llegara al acuerdo necesario para
aprobarlas. Ante esto, las organizaciones de inmigrantes han señalado
el 1 de mayo como el día central de protesta, en la que la
población no deberá asistir al trabajo ni a la escuela
ni gastar un solo dólar. La idea es demostrar el impacto
de la comunidad inmigrante en la economía norteamericana.
Los inmigrantes que
viven en los EEUU dejaron hace tiempo de ser extranjeros. El llamado
“pago bajo la mesa” no es impedimento para que paguen impuestos,
no sólo al consumir en cualquier establecimiento, sino mediante
los ID Tax (documentos de identificación para efectos tributarios)
que, si bien no les sirve para reclamar legalidad en su residencia,
sí les permite tributar. Asimismo, no reciben ningún
tipo de beneficios más que los que entidades de ayuda y ONGs
puedan brindarles, a la par que son víctima de la explotación
de los empleadores. Sólo para dar un ejemplo, un mesero en
un bar de Adams Morgan –la zona bohemia de Washington DC- trabaja
14 horas diarias, no recibe beneficios sociales del empleador y
su sueldo se limita a las propinas que pueda recaudar cada día.
Los inmigrantes, entonces,
no dejan su país precisamente porque les aburra su vida llena
de oportunidades de desarrollo ni “insisten” en venir ilegalmente
teniendo otras posibilidades. Son amas de llaves, camareros, albañiles
y trabajan en cualquier otro espacio donde haya posibilidades. Pero,
sobre todas las cosas, son parte fundamental de la economía
norteamericana y ya es tiempo de reconocerlo.
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