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Laura
ha muerto, viva Laura
Carmen Ollé (Demus)
Se
ha dicho que Laura Bozzo, la ex conductora de programas de “talk
shaw” de Telemundo –destronada, felizmente, por la “Tesorito”–,
representó durante seis años a los peruanos en el
exterior. Esta idea parte de la creencia que los medios de comunicación
son el cuarto poder, impresión que ellos mismos han contribuido
a fomentar con sus manipulaciones informativas capaces de liquidar
o encumbrar a un político; además de apoyarse en un
espejismo, según el cual todo lo que no aparece ni en los
diarios ni en la televisión no existe. Dicha afirmación
niega las múltiples esferas públicas que permiten
al ciudadano común y corriente estar a la orden del día
en la noticia: desde las tertulias de café, la plazuela;
los fanzines, hasta Internet y la cada vez más influyente
blogosfera.
Durante
su arresto domiciliario, acusada de haber recibido un soborno de
tres millones de dólares para favorecer al gobierno de Alberto
Fujimori, en el 2000, Laura Bozzo continuó grabando el programa
desde un estudio televisivo conocido como Monitor entre 2001 y 2004.
Irónicamente cuando la ex diva quedó en libertad la
cadena Telemundo contrató a Laura León y al ex productor
de la Bozzo Alberto Rojas, además de grabar los programas
de la actriz mexicana en Lima. Golpe bajo que Laura no aceptó
y que la rueda de la fortuna se encargó de propinarle con
justicia.
¿Qué
haría usted por dinero? Fue el tema de uno de los programas
de alto rating de Laura Bozzo, en el que era evidente el estado
calamitoso y la humillante dependencia de los invitados para ganarse,
aunque fueran 20 dólares, lamiéndole las axilas al
prójimo o golpeándose entre parejas como en una cancha
de cachascán, a los gritos de un público excitado
que clamaba más “acción” de estas mujeres engañadas
o maltratadas por hombres infieles, alcohólicos, machistas,
gente en su mayoría pobre, sin éxito ni fama.
Sobre
la supuesta representatividad de la Bozzo en el extranjero, especialmente
en los Estados Unidos que -según opinión de los televidentes-
dejó una imagen desoladora de los peruanos, me pregunto cómo
un simple talk shaw de naturaleza tragicómica como el que
propagaba Bozzo pudo parecer el carné de identidad de peruanos
y peruanas. Aunque un talk shaw posea gran audiencia, no es más
que un simple programa de entretenimiento. Afirmar lo contrario,
es como sostener que el Coliseo romano con sus luchas cruentas de
gladiadores allá por el siglo I a.C. era la carta de presentación
histórica del Imperio romano.
Lo más absurdo es que la “abogada de los pobres” también
fungía de feminista o defensora de los derechos de la mujer.
El feminismo de esta mujer y su lucha contra la pobreza no pasa
de ser más que una retahíla de frases hechas. Además
el paradigma de mujer que propone, la de una fémina autónoma
y liberada no es asumido por la misma Laura, quien se somete cada
cierto tiempo al bisturí del cirujano plástico por
temor a envejecer y cuya figura anoréxica está en
las antípodas de la trabajadora de a pie. De otro lado, su
defensa de los desposeídos consistió siempre en una
caridad comercial más que samaritana.
Si Laura Bozzo existe y produjo ese tipo de engendros televisivos
es porque era posible la complicidad entre ella y un público
morboso y voraz. El fenómeno tampoco es nuevo sino que se
originó hace mucho tiempo, las causas son múltiples
y tienen que ver con la cultura de masas que propicia una sociedad
del espectáculo como un fin en sí mismo eliminando
los vínculos con la realidad objetiva.
¿Pero qué nos trae el cambio de Lauras? Por lo pronto,
las peruanas radicadas en los Estados Unidos cansadas de que se
las llamara las “lauritas” dejarán de ser las destinatarias
para darle la posta a las Lauritas mexicanas. Sin embargo, la culpa
no fue solo de la ex conductora de “Laura en América” sino
de la escasa oferta de programas culturales por la falta de iniciativa
y creatividad de los productores televisivos.
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El pasado 5 de setiembre,
ante un reportero de 24 horas, Bambarén señaló
sobre este tema:
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