Lima
rocambolesca
Carmen Ollé
Lima no es sólo
centralista, también se ha vuelto rocambolesca. Los últimos
eventos relacionados con el caso Almeida-Villanueva y el reciente
paro de transportistas ilustran mejor que nunca una cultura de la
carencia impuesta a rajatabla. El 29 de enero los transportistas
decretaron un paro en Lima en protesta por las multas por las infracciones
de tránsito, de las que somos testigos a diario. Sin embargo,
los ciudadanos en su gran mayoría estuvieron de acuerdo con
la medida de fuerza y en contra de que se haga efectivo el cobro
de las multas, es decir, declararon a favor de los parados y denunciaron
a la policía por injusta y a la municipalidad por arbitraria.
La idea del respeto
a la autoridad y el acatamiento de las normas no es vista por los
limeños como algo indiscutible para la buena marcha de una
sociedad sino como una carga impositiva que, de hacerse efectiva,
nos obliga desembolsar la platita que no tenemos, identificándonos
con todos aquellos transgresores de la ley, ya que son tan pobres
como nosotros.
La prensa escrita,
los canales de la televisión abierta, la radio, la gente
en la calle y en los cafés sólo se ocupa de la corrupción
en su fase más mediocre y tenebrosa: caso Almeida/ Olivera/
Bozzo/ Ortiz, donde todo se mezcla: la alta política y la
farándula en un espectáculo deprimente que debería
tener lugar en un juzgado y las páginas policiales. Cada
vez somos más conscientes de los tentáculos de la
mafia montesinista y cómo opera a través de campañas
psicosociales, palabra muy de moda en nuestros días, pero
detrás de la mafia estamos seguras de que hay otros grupos
políticos interesados en tumbarse al gobierno de turno, que
no hace muchos méritos para ganarse al pueblo. Por estos
días el escándalo por la excarcelación de mafiosos
como Venero y Mendel Winter ha sido sustituido por el escándalo
del audio Almeida- Villanueva, distrayendo la atención del
público. Todo ello pareciera en función de hacernos
olvidar incluso que hay otras noticias tanto o más abracadabrantes,
como que Bush se erige en la actualidad como el emperador del mundo,
al puro estilo romano, amenazando con conquistar el espacio. ¿Qué
hay de la lucha para salir de la pobreza, del desempleo, del ITF
que no quiere ser acatado por los bancos, o del feminicidio según
el cual cada día matan a una niña y a una mujer después
de violarla y el victimario continúa libre? El hecho de que
las personas no distingan lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo,
lo intenso de lo superficial, lo excitante de lo aburrido, lo inteligente
de lo mediocre se debe a esta política cultural de instalarnos
en todo tipo de carencias.
No sólo somos
pobres, también somos permisivos y olvidadizos, no cerramos
fila ante la necedad de cierta prensa que le da la espalda al acontecer
mundial y nacional y machaca sobre lo mismo sin esclarecer nada.
Seguimos otorgando
audiencia a personajes de la farándula política que
ya deberían estar “enterrados” en nuestra memoria
o sólo asociados con lo delictivo y dejar de ser la noticia.
Todo sea por nuestra salud mental.
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