Contra un
machista sin alas
Carmen Ollé
Definitivamente, la misoginia (rechazo hacia las mujeres) está
en alza en nuestro país. Como las mayorías están
preocupadas en cómo sobrevivir, la avanzada de los intelectuales
retrógados continúa. Es el caso del último
artículo “Nosotras con alas” del columnista de
un semanario nacional Mario Ghibellini, el 12 de marzo de este año,
a propósito de la Ley de cuotas y el Día Internacional
de la Mujer.
El señor Ghibellini escribe un encabezado relacionado con
la marca de una toalla higiénica: “Aspiraciones femeninas
de ascender al poder en cómodas cuotas legales”, aludiendo
por oposición a la “incómoda” menstruación
en la mujer.
Parte el señor
Ghibellini del lema del Partido por la Democracia Social (PDS) de
Susana Villarán “la política nunca más
sin nosotras” para protestar por el pedido de la actual jefa
de la ONPE para que la participación de la mujer en las listas
del Congreso se incremente a 50%, ya que la mitad de la población
está compuesta por mujeres.
La solicitud de la
funcionaria puede ser discutible por ingenua, pero no justifica
una respuesta en los términos falaces de este cronista, para
quien “la pretensión de guardar la referida proporción
en todas las instancias de poder es absurda, porque llevada a su
extremo haría necesario, por ejemplo, que los presidentes
de la república fuesen siempre hermafroditas”.
A una afirmación ingenua de parte de la funcionaria de la
ONPE, Ghibellini responde con otra necia e insultante: la equivalencia
entre mujeres y hombres en política puede ser encarnada por
un cuerpo con los dos sexos. Es decir, la burla por delante.
Pero la tontería
“intelectual” de Ghibellini prosigue cuando afirma que
“la sociedad peruana, como cualquier otra puede ser segmentada
en realidad de infinitas formas que pueden resultar tan válidas
como la que considera únicamente el criterio hombre/mujer,
Y si, digamos, el Congreso tuviera que ser una fiel expresión
cuantitativa de todas y cada una de ellas, no solamente debería
tener un 50% de damas, sino un 35% de hinchas de Alianza, un 8%
de nativos de Géminis y 1% de personas con sangre RH-negativo.
Es decir, un disparate”.
Claro que el disparate
es del propio Ghibellini, quien de este modo le da la razón
al fundamentalista Antauro Humala cuando sostiene que los intelectuales
son dañinos. En este caso sí lo es porque está
socavando el imaginario de la mujer, tan menoscabado a lo largo
de la historia machista. Y pese a la sorna explícita en estas
analogías, es urgente aclarar que las reivindicaciones de
las mujeres no pueden ponerse en el mismo saco de ningún
otro grupo en lucha por sus derechos, puesto que la mujer no es
una minoría ni “segmento” más. Hombre
y mujer no son iguales, son las dos formas de la identidad humana,
dice María-Milagros Rivera. Para la historiadora española
especialista en el Medioevo, el concepto de igualdad tiene una larga
historia capaz de conmovernos.
La primera fue la teoría
de la complementariedad de los sexos según la cual ambos
sexos se consideraban iguales en valor pero diferentes; predominó
en Europa durante el siglo XII y parte del XIII, y significó
libertad y conocimiento para las mujeres; fue la época de
la gran mística femenina.
A mediados del XIII
se instaló la teoría llamada la polaridad entre los
sexos, de raíz aristotélica; de acuerdo a ella los
hombres son superiores a las mujeres, idea que dio pie a una profusa
literatura misógina y a la persecución de toda mujer
sabia y creativa.
Da la impresión de que el señor Ghibellini se encuentra
todavía en el siglo XIII.
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