Perú: Odiar será un delito,
menos cuando de “maricas” se trate
Ma. Jennie Dador Tozzini

Hace algunos días, la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso, aprobó la modificación del artículo 323 del Código Penal, sancionando la incitación a realizar actos de discriminación; así como los actos de violencia física y moral contra una o varias personas por razón de su diferencia racial, origen étnico, edad, sexo, religión, creencia, opinión política o de otra índole, lugar de nacimiento, nivel cultural, económico, idioma, estado civil, enfermedad, discapacidad y estructura genética.

Curiosamente, quienes suelen ser depositarios de los mayores odios, los homosexuales hombres y mujeres, así como las travestis y transexuales, han sido excluidos de las categorías de protección, es decir, que para los legisladores, si bien se trata de personas, los ataques y los crímenes que éstos enfrentan diariamente, no son especialmente relevantes y por tanto susceptibles de la protección penal. Odio y violencia que se corroboran no solo con los testimonios de las víctimas o de los sobrevivientes, sino incluso con los relatos alegóricos que los propios perpetradores, conocidos como “mata cabros”, hacen de sus hazañas.

Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación , solo el 15,6% de la población peruana considera que los homosexuales y lesbianas pueden hacer valer sus derechos. Qué duda cabe, en nuestro país el principio de igualdad se traduce en heterosexualidad, de esta manera a medida que los y las ciudadanas se alejan del canon hegemónico de la heterosexualidad se van perdiendo derechos, hasta llegar a los límites del desprecio social.

Este desprecio al diferente, si bien es de larga data en la sociedad peruana, se vio exacerbado en la época del conflicto armado interno, y se puede graficar en algunos actos de la llamada “profilaxis social” realizada por las fuerzas alzadas en armas y que fueron documentados por la Comisión de la Verdad -CVR-: “...A los homosexuales les cortaban el pene en pedazos antes de matarlos...” ; o en los crímenes de la región nor-oriental del país: 10 personas asesinadas en Aucayacu (1986), 8 personas asesinadas en Pucallpa (1988) y 8 en Tarapoto (1989). En los casos de Aucayacu y Pucallpa, el informe refiere a los crímenes perpetrados por el Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, y en el de Tarapoto refiere al perpetrado por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), siendo éste último caso es el más documentado.

La CVR sostiene que el hecho de que este tipo de acciones de terror se mantuvieran a lo largo de un lapso considerable, permite afirmar que el MRTA y SL, tenían no solo una conducta intolerante, sino que ésta buscaba legitimarse ante la población estimulando los prejuicios sociales –ya existentes- contra la homosexualidad.

De esta manera, al constituir el ajusticiamiento de homosexuales una fuente de legitimidad, éstos no se explican solo por el fundamentalismo de los grupos alzados sino también por el contexto cultural, los mandatos de la sexualidad dominante y el prejuicio de la propia sociedad contra las sexualidades no heterosexuales, lo que les hacía ver como natural, aceptable e incluso deseable, el hecho de que se diera un trato cruel al diferente.

Que duda cabe, en el marco de las celebraciones por el Día Mundial contra la Homofobia y Transfobia, gracias señores congresistas, por enseñarnos una vez más cómo no se construye una comunidad democrática, inclusiva y sobretodo respetuosa de las diferencias.

 










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Actualizado al 14 de noviembre del 2006
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