Sexo
y mercado
Carmen
Ollé
DEMUS.
Casi
toda la actividad pornográfica que se divulga a través
de los medios de comunicación y en Internet es simulada.
Sin embargo, en la actualidad, hay una necesidad creciente de reemplazar
el sexo teatralizado por el real para provocar un placer satánico.
En esa línea se ubican las películas con escenas sadomasoquistas
que circulan clandestinamente sobre el asesinato de la persona que
sirve como objeto sexual mientras se está filmando. En Estados
Unidos se calcula que cada año 100 adolescentes mueren de
este modo después de ser sometidos a horrorosas torturas.
El tema ya ha sido tratado en “Tesis”, la película de Alejandro
Amenábar, donde una estudiante universitaria descubre una
cinta en la que una chica es torturada y asesinada. Hasta la imaginación
perversa del marqués de Sade se queda corta ante la atrocidad
de los “snuff-movie”. Muchas novelas y películas eróticas
que narran crímenes sexuales pueden ser muy violentas y arrancarnos
una exclamación equívoca, mezcla de revulsión
y placer, pero no llegan a estremecernos ni a infundirnos pánico,
quizá porque en la ficción no nos proyectamos como
la próxima víctima, algo que sí hacemos ante
un homicidio real.
Internet es el terreno donde todo vale. La Red abre caminos democráticos
a la información, llega a lugares remotos del país,
antes culturalmente aislados, pero también sirve a los fines
perversos y criminales de piratas, pedófilos y estafadores.
El goce erótico simulado es uno de las atividades más
rentables del mercado; es el caso de la línea caliente (hot
line). Internet está plagado de muchas voces de parejas haciendo
el amor y de los gemidos de mujeres siendo penetradas, con la duración
en segundos y el tamaño (kb) que ocupan en el disco duro.
Lo llaman “el audio más caliente de la red, para que disfrutes
escuchando parejas y chicas follando”.
En la literatura el sexo explícito también está
de moda. En la última novela de Vargas Llosa “Travesuras
de la niña mala”, las escenas de sexo explícito no
tienen nada que envidiarle a las líneas calientes. Recuerden
la escena magistral de voyeurismo en Japón.La niña
mala tiene una virtud: sabe lo que desea como mujer clitoriana.
Las malas lenguas dicen que Vargas Llosa ha aprendido de las feministas
europeas y trasladado sus teorías liberales a su novela.
Pero no se puede ser mezquino, Vargas Llosa crea un personaje femenino
cuyo deseo de satisfacción propia o de autoerotismo es más
importante que el deseo del varón; es decir, esta vez el
objeto sexual no es ella sino él. La niña mala tiene
esa virtud.
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