Comunidad académica concluye:
Enfermedades que ponen en riesgo vida y la salud de la gestante justifican aborto legal

Parte de la comunidad académica opinó que una serie de enfermedades que ponen en riesgo grave y permanente la salud de las gestantes, justifican el aborto terapéutico, el cual es el único legal en el Perú. Esta conclusión fue socializada en una ponencia durante el seminario “Responsabilidad Estatal en materia de aborto terapéutico: Caso Karen Llantoy”, que se realizó el viernes 13 de octubre en la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
Esta actividad buscó fomentar un diálogo interdisciplinario entre el Derecho, la Medicina (Psiquiatría, Ginecología y Obstetricia principalmente) y la Psicología en el tema de aborto terapéutico como parte del seguimiento a la resolución del Comité de Derechos Humanos de la ONU en el caso de Karen Llantoy.

Dicha resolución estableció que el Estado peruano fue responsable de violar los derechos de esta adolescente gestante de un feto anencefálico al no haberle provisto de un servicio de aborto legal.

Marienne Mollmann, Directora de Advocacy de la División de Derechos de la Mujer de Human Rights Watch, indicó que desde la perspectiva del derecho internacional el aborto está claramente permitido cuando la vida o la salud de la gestante están en riesgo, así como en casos de violación e incesto.

Por su parte, Rosa Mavila, abogada y docente de Derecho Penitenciario y Ejecución Penal de la UNMSM, argumentó que desde cualquier orientación dogmático penal la culpabilidad no sólo supone la lesión a la norma sino que sólo se pueda imputar a la persona que es la autora de la generación de un riesgo que lesione el bien jurídico, de modo tal que dicho riesgo se plasme en el resultado. Refiriéndose a casos similares a los de Karen, ella manifestó que es evidente que no puede imputarse a la gestante el hecho de que el ser en formación tenga graves taras físicas. Lo único que podría atribuírsele es no culminar el embarazo del feto que presenta esa grave anomalía.

No resultaría legítimo establecer la obligación del alumbramiento de un ser que no es viable porque no tiene cerebro. Nótese que en el caso de gestación anencefálica no estamos ante un supuesto de hecho en el que existiría un conflicto de intereses entre la vida o la salud de la gestante respecto de la vida o de la salud del feto.

En este caso el feto no vivirá de ninguna manera. No resulta justificable ni moral ni legalmente que se pueda correr el riesgo de morir para alumbrar un ser muerto en circunstancias en las que se puede conservar la vida o la salud de la mujer.

Por su parte, el ginecólogo Miguel Gutiérrez, Presidente de la Sociedad Peruana de Obstetricia y Ginecología (SPOG), describió una serie de enfermedades que justifican el aborto, al poner en riesgo la salud y la vida de la gestante. Ellas van desde las cardiovasculares y las neurológicas hasta las renales y oncológicas.

La psiquiatra Martha Rondón, Presidenta de la Asociación Psiquiátrica Peruana y Directora de la Sección de Salud Mental de la Mujer de la Asociación Mundial de Psiquiatría, recordó que la salud es también mental, que no es sólo la ausencia de enfermedades, es un estado de equilibrio dinámico del ser humano en el que hay un funcionamiento adecuado en sus diferentes aspectos que le van a permitir sentirse bien.

Reveló que las investigaciones en su campo establecen que el aborto terapéutico y por violación constituye un acto por el cual las mujeres recobran su autonomía, versus una maternidad que les hubiera sido impuesta, la cual si habría generado daños en su salud mental (intentos de suicidio por ejemplo y no simple estrés como pretenden malinformar algunos sectores fundamentalistas religiosos) e incluso en la de los niños.

Finalmente, la psicoterapeuta especialista en género Elizabeth Haworth hizo un llamado de atención a las instituciones, que tradicionalmente se han entendido como expresiones de la civilización, en tanto, desde un punto de vista psíquico, contienen y albergan a individuos. En el caso de Karen, ni ella ni su representante su madre, tienen voz o voto, terminan siendo abandonadas con la peor de las suertes.

En este panorama, la anencefalia parece estar también del lado institucional que no cumple con su función de acoger, tratar bien y sostener a la paciente que sufre, “es un cuerpo que no piensa” afirmó. Ella explicó que la crueldad supone un dispositivo cultural: círculos concéntricos, arreglos burocráticos que buscan mantener una situación a través de la intimidación.

El seminario, al que asistieron un centenar de participantes, estuvo organizado por el Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer (DEMUS); el Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (PROMSEX); el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán; el Proyecto Sexualidades, Salud y Derechos Humanos en América Latina de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (FASPA/UPCH); el Observatorio del Derecho a la Salud; y la SPOG.

Estas organizaciones esperan que los hallazgos compartidos en el seminario sean elementos suficientes para que el Estado apruebe un protocolo nacional sobre aborto terapéutico, que establezca claramente en todos los centros hospitalarios cuándo, cómo y dónde se procede legalmente y en condiciones seguras con la interrupción del embarazo.

Lima, 19 de octubre de 2006


















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Actualizado al 27 de enero de 2010
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