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“Las empresas mineras aprovechan el machismo para ejercer violencia”

27 JUN 2016

Mirtha Vásquez, directora de Grufides y abogada de Máxima Acuña –campesina cajamarquina que se enfrenta a la minera Yanacocha-, revela el acoso sexual, amenazas de muerte y espionaje de las que son víctimas ella y su patrocinada. Grufides definió una alianza con Demus, Flora Tristán, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, y las organizaciones españolas Entre Pueblos y AIETI para trabajar una plataforma de trabajo sobre los derechos y participación de las mujeres, poblaciones indígenas y defensoras (es) de derechos humanos que se extenderá en Cajamarca, Bambamarca, Celendín.

* Por Amanda Meza Ruiz

– ¿Por qué decidió defender a Máxima Acuña frente a la minera Yanacocha?
El caso de Máxima Acuña es emblemático porque tiene componentes que reflejan la violación de derechos y la violencia que sufren aquellos que viven en zonas de influencia minera. La agraviada, además, es una mujer.

– Las comunidades afectadas por las empresas mineras siempre se sitúan en zonas desatendidas por el Estado. En el caso de Máxima y su familia su vecino más cercano está a una hora de camino. ¿No favorece esta situación a la violencia y la impunidad?
Los proyectos mineros se asientan en territorios muy pobres donde el Estado nunca ha llegado. Cuando una empresa minera llega empiezan desmembrando a la comunidad. Hay estrategias deliberadas, lo primero que hacen es dividir a la comunidad entre quienes están a favor de la inversión minera y quienes en contra. A los que están a favor les dan oportunidad de trabajo y dádivas y a los demás los van marginando, hostilizando. Otra estrategia es comprar los territorios. En el caso de Máxima así sucedió. Yanacocha llega al territorio de una comunidad campesina, primero dividió a la comunidad, compró terrenos de manera individual y la población que estaba alrededor de la familia Chaupe Acuña se fue, algunos porque llegaron a un trato, otros por amenazas constantes.

– Los territorios van quedando despoblados…
Y los que se quedan a resistir tienen que enfrentar al poder legal, mediático y la violencia de la empresa minera.

– Algunas denuncias de hostigamiento se han conocido, pero ¿hasta dónde realmente llega esta violencia?
La violencia hacia Máxima llega a límites extremos. La empresa disputa terrenos que no significan nada si vemos la magnitud de terrenos que poseen, aun así optaron por obstaculizar los caminos de acceso a su casa, cuando ha querido construir una habitación más le han destruido lo avanzado, le han destruido los corrales de cuyes, le han matado a sus ovejas, le cortaron el cuello al perro, hasta le sacaron los cultivos que guardaban para comer. Para hostilizarlos han cercado el terreno con mallas metálicas y eso es muy simbólico. A un campesino le gusta vivir en su tierra por la sensación de libertad que tiene y el tener un terreno cercado como si fuera una cárcel es una imagen demasiado fuerte a nivel psicológico, porque el mensaje es: “tú no eres libre, estás en una cárcel”. A eso se suma la vigilancia de 24 horas, tomarles fotos y enviarle drones para saber a quién reciben en su casa. Defender su territorio no justifica este tipo de actos que violan los derechos fundamentales de las personas.

– Usted decía que el caso es emblemático también porque la agraviada es una mujer campesina…
Máxima es un símbolo de resistencia porque en su condición de mujer recibe una sobrecarga de ataques. Cajamarca es una región machista, si una mujer protesta por sus derechos inmediatamente la van a cuestionar. Le dicen: “porque ella denuncia y no el marido”. La han tildado de loca, de histriónica, le dicen que es manipuladora porque consigue todo a base de lágrimas. No se asume que es capaz de pensar y defender lo que cree. Siempre la acusan de que es manipulada por las organizaciones o por mí que soy la abogada. Ella es una mujer analfabeta, no fue a la escuela, pero es un claro ejemplo de que la escuela formal no es lo único da elementos para desarrollar tus capacidades. Sin saber leer ni escribir ella sabe defender aquello en lo que cree.

– Máxima y su hija cuentan que la minera actúa a través de terceros tratando de intimidarla. “Si denuncias te podemos violar”, le dicen, o que le increpan al esposo por qué la deja viajar
Es uno de los peores ataques que ella está sufriendo. En algún momento lograron desmembrar a su familia, porque la empresa envió funcionarias para acercarse al esposo. Le decían al oído: “acá la única que pide derechos es tu esposa, pero usted es el jefe de la casa, el que manda en la casa es el marido”. Ese mensaje se lo han ido diciendo al esposo para hacerle creer que Máxima lo hace a un lado. La funcionaria había establecido como estrategia llamar y llamar al esposo, los hijos piensan que trataba de entablar una relación sentimental con el esposo y romper la unidad familiar. Con el tiempo eso se fue arreglando porque la familia es muy cohesionada y reflexiva. Pero la empresa tiene esos métodos inescrupulosos.

– ¿Se puede hablar de acoso sexual?
Las empresas mineras aprovechan el machismo para ejercer violencia. En otras comunidades ha sucedido que las mujeres que toman liderazgo y cuestionan a las empresas son amenazadas y tratan de neutralizarlas con amenazas de ese tipo. Ac Nélida Ayay, defensora del medio ambiente, los hombres que estaban a favor de la minerale decían: “te vamos a matar” o “acá las mujeres tienen que callarse, solo obedecen a los hombres, cualquier hombre puede tener derecho sobre ti”. Es muy subliminal el mensaje.

– ¿Tú has sufrido este acoso?
Sí. En los primeros años supimos que la empresa minera tenía identificadas a todas las defensoras de Grufides. Nos contaron que hicieron una reunión con la Policía y el Ejército para que vean nuestras fotos, y precisaban si éramos solteras o casadas. En el 2007 recibí llamadas anónimas: “Te vamos a violar”, “te vamos a matar”. En esa época se descubrió que había un operativo de espionaje contra nuestra organización, hubo un hecho particular que antes no quise contarlo. Cuando allanaron el domicilio de quienes hacían el espionaje, en la computadora estaban las fotos de los que hacían esa tarea, y reconocí a una persona que se había acercado a mí para entablar una relación sentimental. O sea me lo sembraron.

– ¿Las amenazas continúan?
Los siguientes años han sido amenazas de muerte, ataques mediáticos, y han ingresado a mi casa. No me robaron ni un alfiler y el año pasado descubrimos que seguían a mi hijo pequeño y a la joven que lo cuida. Atacan mi condición de mujer y de madre.

– A eso le sumamos los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales supongo…
A Máxima y a mí en los medios de comunicación y en las redes sociales nos han llamado mentirosas, estafadoras… de todo. Incluso crearon un hashtag solo para insultarnos. La gente se ocupa de ti, hablan de tu aspecto, de qué parte de tu cuerpo les llama la atención, para mí es como un ‘manoseo’.

– Estamos hablando de un nivel de violencia extrema, casi una promoción del feminicidio
Es la violencia social que la vives en ti. Yo en mi casa he tenido una familia que quizá no es la común. Mi madre tiene un liderazgo importante y mi padre la acompaña y es muy cariñoso. Mi esposo asume roles de cuidado de los hijos, en la cocina; somos un complemento. Mis hijos están acostumbrados a que los dos asumamos roles. Hay momentos en que piensas en dejarlo todo, pero ayer que analizaba las redes sociales y quién es la persona que te dice imbécil, estúpida, pobre diabla. Revisaba sus perfiles y me di cuenta que es producto también de la pobreza, de quien no ha tenido oportunidades. No discrimino, pero reflexiono sobre la historia de la gente que es muy violenta.

– Hace poco asesinaron en Honduras a Bertha Cáceres, una lideresa de comunidades indígenas, ¿acaso Máxima Acuña no corre el mismo riesgo sobre todo cuando hay muchos defensores de derechos criminalizados?
Sí. Creo que hay amenaza de riesgo real. Las empresas mineras no nos ven como alguien que las cuestiona sino como al enemigo.  Si te perciben así, la estrategia es eliminarte. Entonces te preguntas ¿cómo van a eliminarte? Puede ser como el caso de Bertha Cáceres que contratan un sicario y te matan; pero loo que yo pienso es que aquí están tratando de eliminarla de manera simbólica. Te hacen una campaña de desprestigio tan dura que no es necesario jalar el gatillo. Terminan construyendo un sujeto peligroso o dañino para la sociedad para que sea rechazado.

– Usted es víctima de esa campaña de desprestigio que puede pasar a lo físico
El otro día almorzaba con una amiga en un restaurante y llegan 12 hombres al restaurante, algunos me conocían, pero bastó que se tomaran una cerveza para empezar a agredirme verbalmente. Me dijeron de todo y yo sentí que si no salíamos de allí, me podían agredir físicamente. A Máxima Acuña, la minera le ha hecho una campaña que trata de mostrarla como una sinvergüenza, usando el premio Goldman para decir que ha recibido millones y, por eso, el domingo en el mercado ha sido agredida verbalmente por otras mujeres.

– Pero, entonces, la minera crea un ambiente de impunidad en el que no importa si algo te pasa porque eres ‘mala’
Claro, ese ambiente hostil en el que cualquier cosa te puede pasar y no importa porque ‘mejor es que no existas’.

– ¿Máxima y usted tienen garantías para sus vidas?
Máxima tiene garantías, yo personalmente no porque los procedimientos son muy cerrados, si no acusas a alguien con nombre y apellido no te dan las garantías. Los defensores no somos defendidos, nos hemos convertido en sujetos muy vulnerables y nuestras vidas están en riesgo.

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