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La violencia femenina

Lynndie  England y Sabrina Harman son fotografiadas por un lente morboso. La primera sujetando una cuerda atada al cuello de un prisionero desnudo y  tirado en el suelo, y en otra apuntando a los genitales de iraquíes. La segunda mujer posa sobre una montaña de prisioneros desnudos y encapuchados con una sonrisa abierta.

Las protagonistas han manifestado y justificado estos actos aludiendo a que se limitaban a cumplir órdenes o que desconocían como se debía tratar a los prisioneros de guerra (Convención de Ginebra). Sus madres las justifican también, hasta se sienten orgullosas de la labor cumplida por sus hijas. Esto nos indigna y llama nuestra atención. Las mujeres no somos ajenas a ejercer la violencia, las mujeres no sólo somos víctimas sino también somos partícipes activas o pasivas de actos de violencia contra otros seres humanos.

Elisabeth Badinter nos recuerda que, si bien la proporción de hombres participando en el genocidio nazi es superior al de las mujeres, éstas también estuvieron presentes -sobre todo en los campos de concentración- como vigilantes de otras mujeres. “El campo era dirigido por un hombre SS, pero las vigilantes ejercían una autoridad directa sobre las detenidas, todas estas mujeres sirvieron directamente a un sistema de opresión y muerte”, refiere.

Muchas veces omitimos escribir sobre estos temas, sobre todo las mujeres, pues nos resulta difícil imaginar la idea de que semejante violencia femenina, existe. Como escribe Serban Ionescu, director del laboratorio de psicología clínica y psicopatología de la Universidad René Descartes de París, “un estereotipo social ligado a la idealización de las mujeres, que hace que perdure la idea de que sólo los hombres pueden cometer tales actos. Incurrimos en una negación al pensar así, porque es una visión insoportable de esos actos”.

La violencia femenina esta presente en la sociedad, no debemos negarla ni justificarla, debemos de ampliar la visión que tiene nuestra sociedad sobre las mujeres así como la visión que las propias mujeres tienen de sí mismas para luchar contra estereotipos que nos encasillan en mujer buena, angelical y hombre malo, rudo, endemoniado. La humanidad no está cortada en dos.

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