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Las Mujeres y Los Derechos Humanos

Cuando Anna Eleanor Roosevelt, flamante delegada de los Estados Unidos de Norteamérica ante la recientemente creada Organización de las Naciones Unidas[1], aborda el Queen Elizabeth con destino a Londres[2] para participar en la primera Asamblea General convocada para el 10 de enero de 1946 en el Central Hall en Westminster, no podía ni imaginar, dado los temores y dudas que le embargaban, que se convertiría –junto a René Cassin, John Peters Humphrey, Charles Malik y Hernán Santa Cruz– en una de las principales artífices del proceso de concepción, negociación y adopción del trascendental consenso ético mundial plasmado en uno de los instrumentos internacionales de derechos más importantes de la historia: la Declaración Universal de los Derechos Humanos[3].  

En efecto, no sólo a la propia Eleanor le aquejaba el temor de no hallarse lo suficientemente preparada para afrontar un proyecto de tal calado, sino que tanto republicanos como demócratas de su país, coincidían en calificarla como “una inexperta en relaciones internacionales”. Es más, para los expertos en política exterior –según refiere la profesora de Derecho de Harvard, Mary Ann Glendon– existía el riesgo de que “una cándida ex primera dama fuera una bala perdida” en ese nuevo ambiente[4]. Si a ello se añade su compromiso con la causa feminista, se puede advertir que su tarea no era ni mucho menos sencilla. En su On My Own (Por mi misma) confiesa: <<durante toda la Asamblea en Londres Caminé con pies de plomo. Sabía que por el hecho de ser la única mujer de la delegación, no era muy bienvenida. Más aún, si me equivocaba como miembro de la delegación, no sería sólo como el error de un individuo, sino como una equivocación de todas las mujeres, y en el futuro inmediato, se reducirían las oportunidades de trabajo para otras mujeres>>[5].

Sin embargo, el complejo contexto político internacional de esa época –marcado por una emergente guerra fría y la creciente oposición a los gobiernos coloniales– en el que inicia su trabajo, muy pronto le permite poner en escena su magnífico manejo de la diplomacia, instinto político y firmeza de carácter, despejando así cualquier tipo de dudas sobre su supuesta “falta de capacidad”. Convirtiéndose casi de inmediato en la persona más importante del programa de Derechos Humanos, tanto que es elegida, por unanimidad, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos (1946-1951). Precisamente, al destacado papel desempeñado por Eleanor y por el reducido grupo de mujeres que participaron en el proceso de adopción de este importante documento, debemos la consagración explícita efectuada en la Declaración, de una de las vindicaciones fundamentales del feminismo de la primera y segunda ola: el principio de igualdad y prohibición de discriminación por razón de sexo (VALCÁRCEL, 2008).

Fueron Eleanor Roosevelt y la legisladora India Hansa Mehta[6] quienes hicieron posible que el primer artículo de la Declaración reconozca y proclame de forma contundente que: <<todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos>> logrando la subrogación de la versión original que hacía referencia exclusiva a <<todos los hombres (…)>>. Ambas Comisionadas, haciendo suyas conocidas tesis feministas, pretendían evitar y evitaron que el masculino universal volviera a invisibilizar a las mujeres, objetivo por el que batallaron tenazmente con los demás delegados –una abrumadora mayoría de hombres– que no eran capaces, ni estaban dispuestos a entender dónde estaba el matiz[7]. Mientras que, a la propuesta defendida por la Comisionada Minerva Bernardino (República Dominicana), secundada por las delegadas Bertha Lutz (Brasil), Amalia González Caballero (México) y Bodil Begtrup (Dinamarca), debemos la proclamación explícita del principio de prohibición de discriminación por razones de sexo (art. 2), ellas lograron rebatir de forma contundente el argumento sostenido por la mayoría de delegados, de acuerdo con el cual, la cláusula sobre la igualdad era garantía suficiente para hacer efectivos los derechos de las mujeres (GLENDON, 2011).

Por su parte, la consagración del principio de universalidad en el título de la Declaración es mérito del jurista René Cassin que insistió en modificar el que originalmente figuraba bajo el rótulo de <<Declaración Internacional de los Derechos Humanos>> por el de <<Declaración Universal de los Derechos Humanos>>[8]. El Comisionado francés comentará luego de algunos años, que ese cambio era de vital importancia ya que significaba que la Declaración obligaba moralmente a todos los gobiernos y no sólo a aquellos que lo suscribieron; que desde el título debía quedar absolutamente claro que la Declaración Universal no era sólo un documento internacional o intergubernamental, sino que se dirigía a toda la humanidad, además de estar fundamentada en una concepción universal de los seres humanos. La referencia a <<los seres humanos>> y a la <<universalidad>>, a decir de Lagarde, son dos categorías articuladas que además de sintetizar una crítica feminista radical a la modernidad, contribuyen a que esta Declaración sea un texto paradigmático[9].

De este modo, la Comisión de Derechos Humanos presidida por Eleanor Roosevelt, tras superar no pocas dificultades en un complejo proceso de más de dos años –en el que participaron y aportaron miles de hombres y mujeres provenientes de distintos continentes, nacionalidades, culturas, religiones, filosofías e ideologías políticas– logra sacar a la luz un documento que en tanto plasma la idea de que todos los seres humanos, hombres y mujeres, son portadores de derechos derivados de su dignidad, da paso a una nueva etapa en la defensa de los derechos de las mujeres. Así, el producto de este proceso: un documento consensuado que contiene la Declaración[10], es puesto en consideración de la Asamblea General de Naciones Unidas por el Comisionado Charles Malik, a las 20:30 horas del 9 de diciembre, acto en el que se somete a votación cada uno de los artículos de forma separada, quedando aprobados por unanimidad 23 de los 30. Finalmente el 10 de diciembre de 1948, con 48 votos a favor, 8 abstenciones y ni un sólo voto en contra se adopta la Declaración Universal de Derechos Humanos[11]. Herber Evatt, presidente de la Asamblea General, da por cerrada la sesión no sin antes hacer reconocimiento del importante papel desempeñado por Eleanor Roosevelt, distinción ante el cual, todas las personas presentes en el Palais Chaillot de Paris se ponen de pie para ovacionar a la primera presidenta de la Comisión de Derechos Humanos[12].

Ese memorable 10 de diciembre de 1948, el sueño de esta gran mujer[13] se había hecho realidad pero sólo parcialmente, según relata la propia Eleanor, en tanto no vinculante para los Estados partes, la Declaración, constituía únicamente el primer paso en el largo camino que habría que transitar aún para lograr hacer efectivos los derechos y libertades de todos los seres humanos. Es más, para las mujeres, fue el inicio una nueva batalla. Por ello, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos[14], procede recordar y rendir homenaje a todas aquellas mujeres que lucharon tanto por impregnar la Declaración de 1948 de una perspectiva feminista, como –en una siguiente etapa– por lograr que los derechos de las mujeres fueran realmente concebidos como derechos humanos, lo que comporta, a su vez, necesariamente una redefinición del contenido y transformación de la agenda de esta categoría de derechos.

En tal sentido, es de recibo comenzar poniendo de relieve que la importancia de la Declaración Universal, para el caso que nos ocupa, radica en el reconocimiento explícito que hace de la equivalencia de los seres humanos, hombres y mujeres, y de la categoría de sujetos de derechos de ambos (VALCÁRCEL, 2004). Reconocimiento que no es baladí si tenemos en cuenta que desde la fundación de las sociedades políticas modernas se instituyó –bajo el mecanismo de la división dicotómica de los espacios público y privado– lo masculino como superior y parámetro de lo humano, quedando lo femenino, las mujeres, configuradas como <<lo otro>>, subordinadas y excluidas del espacio político/público, del ejercicio y disfrute de los derechos.

Este solapamiento de lo masculino con lo humano quedó “brillantemente” instituido en la primera declaración de Derechos de la modernidad, la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Desde ese preciso momento las mujeres vindicaron fervientemente la igualdad de lo genéricamente humano (AMORÓS, 2007), figuras emblemáticas de estas iniciales luchas son, entre otras, Olympe de Gouges, que ya en 1791 redacta la Declaración de los Derechos de la Mujer y la ciudadana[15] documento en el que insiste que las mujeres, por naturaleza, tienen los mismos derechos que los hombres[16]; Mary Wollstonecraft, con su obra Vindicación de los Derechos de la Mujer publicada en 1792[17]; Elizabeth Cady Stanton y Lucrecia Mott, que en 1848 suscriben la paradigmática Declaración de Séneca Falls: acta fundacional del sufragismo, con la que dan inicio a una sostenida batalla por el derecho al voto, que finalmente es obtenido en 1920 tras una dura radicalización de las protestas: declaratoria de huelga de hambre de un gran número de sufragistas lideradas por Alice Paul y Lucy Burns, que habían sido encarceladas por defender el derecho al sufragio[18].

Las recientes victorias conseguidas por las sufragistas en buena parte de Europa, América del Norte y algunos países de América Latina y el Caribe, junto con la presión ejercida por las mujeres que participaron –ya sea en calidad de delegadas oficiales de los Estados o de representantes de las ONGs– tanto en la Conferencia de San Francisco de 1945, como en el proceso de elaboración de la Declaración (FACIO, 2011), fueron sin duda, factores determinantes en la resolución de la Organización de las Naciones Unidas de aprobar un Documento que, teniendo en cuenta reivindicaciones feministas, consagra una visión integradora, abarcadora y universal de los Derechos Humanos. Aunque, en lo concerniente a la igualdad entre hombres y mujeres, sólo fuera nominalmente, ya que pronto quedaría al descubierto que si bien el Derecho Internacional de los Derechos Humanos pretendía desarrollarse bajo los principios de universalidad y de “neutralidad”, ajeno al género, en realidad devino en androcéntrico, teniendo en cuenta sólo a los hombres como parámetro de lo humano y de los derechos.

Transformar esta situación no ha sido tarea sencilla, medio siglo más de lucha llevada a cabo por las integrantes de los movimientos feministas y de mujeres fue necesario para conseguir que los derechos de la mitad de la humanidad, las mujeres, fueran comprehendidos en el marco de la práctica del Derecho Internacional de los Derechos Humanos[19]. Un destacado papel en esa tarea ha desempeñado la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW), Comisión operativa del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) creada en 1946[20]. En primer lugar, por promover la adopción de un marco normativo especializado que ha permitido fraguar la (re)definición de los derechos humanos, sobresalen en ese sentido: La Convención de los Derechos Políticos de la Mujer (1952)[21]; La Declaración sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1967)[22]; y, La Convención sobre la Eliminación de todas formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1979[23] mediante la Resolución 34/180[24]. Pacto que es, por un lado, la culminación de más de treinta años de trabajo de la CSW, y por otro, respuesta a la demandada de efectuada por miles de mujeres y Estados miembros participantes en la I Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en México en 1975.

Este Tratado Internacional constituye uno de los primeros instrumentos de Derechos Humanos que reconoce y toma como punto de partida la histórica desigualdad entre hombres y mujeres, en cuyo mérito responde a las necesidades concretas de las mujeres derivadas de la situación de subordinación/discriminación en que fueron instaladas. De este modo, los derechos proclamados por la CEDAW van en consonancia con la propuesta teórica de crítica al androcentrismo enarbolada por el feminismo de la tercera ola, que había puesto al descubierto que no bastaba con integrar a las mujeres en el universo de las abstracciones –en este caso de los derechos humanos– determinado por los hombres, sino que era imprescindible una redefinición. En efecto, como destaca Folguera, la transformación de los derechos humanos desde una perspectiva feminista ha supuesto una redefinición del conjunto completo de estos derechos en el siglo XXI[25], quedando de este modo reafirmada la tesis de Amorós, de acuerdo con la cual, la crítica al androcentrismo es teóricamente complementaria del planteamiento mismo de la vindicación, ya que cada una subraya un aspecto diferente de la impostación de la universalidad[26].

En segundo lugar, la Comisión de la condición Jurídica y Social de la Mujer ha desempeñado una función importante en la tarea de (re)definición del contenido y agenda de los derechos humanos desde una perspectiva feminista en la medida en que ha impulsado y ejercido de organismo preparatorio de las cuatro Conferencias Mundiales sobre la Mujer organizadas por Naciones Unidas entre 1975 y 1995, así como de las tres Conferencias conocidas como Beijing +5, Beijing +10 y Beijing +15, las que han generado el escenario idóneo para tejer alianzas y forjar una agenda feminista global. Fue precisamente el espacio brindado por las Conferencias Mundiales el que permitió que miles de lideresas y representantes de los movimientos feministas, de derechos humanos y de mujeres, se reúnan, dialoguen y reflexionen en torno al papel de los sistemas jurídicos sobre la vida de las mujeres, llegando a la conclusión que, si bien las normas jurídicas venían funcionando como instrumentos que refuerzan el sistema de discriminación estructural perpetuando el poder de los hombres sobre las mujeres, también podrían ser herramientas útiles que coadyuven en la pretendida transformación social y eliminación de la discriminación basada en el sexo.

En concreto, toman conciencia de la necesidad de apropiarse de la teoría y metodología de los derechos humanos como herramienta de trabajo para hacer efectivos los derechos de las mujeres. Aunque conviene recordar que fueron las abogadas latinoamericanas –cuya experiencia en la defensa de los derechos humanos procedía de la lucha que venían sosteniendo contra las dictaduras militares existentes en la región– lideradas por Alda Facio las que con cierta anterioridad ya habían fraguado esa idea en el taller <<los derechos de las mujeres también son humanos>> celebrado en el marco del V Encuentro Feminista de América Latina y del Caribe desarrollado en México en el año 1987, en el que además ponen de manifiesto que para conseguir que los derechos de las mujeres sean concebidos bajo esta categoría de derechos, era previamente necesario denunciar el sesgo androcéntrico de la teoría y práctica de los derechos humanos, idea que fue asumida aunque no sin pocas discrepancias entre las asistentes[27].

Pues bien, un problema de carácter universal como es la violencia contra las mujeres, que hasta ese momento no era catalogado como un asunto de derechos humanos por los Estados ni por los propios/as activistas de derechos humanos, sino que era considerado como un problema individual de poca importancia política y carente de atención por parte de la comunidad internacional (FACIO, 2010), ha servido de forma paradigmática para desvelar el sesgo androcéntrico de la práctica de los derechos humanos. Una primera estrategia fue instalar la violencia contra las mujeres bajo el ámbito cubierto por la CEDAW. Conceptualizar este tipo de violencia como una forma de discriminación, que además genera discriminación, no fue fácil, siendo necesario varios años aún de lucha para lograr tal cometido, hasta que en 1992, por impulso de miles de activistas iusfeministas, el Comité de la CEDAW adopta la Recomendación General No 19[28] que comienza precisamente con ese reconocimiento: “La violencia contra la mujer es una forma de discriminación (…)”, quedando en consecuencia comprendida en la definición de discriminación y amparada por este tratado. Es así como, aunque sólo de manera tangencial, se consigue que los derechos de las mujeres empiecen a ser instalados en el ámbito de los derechos humanos.

Una segunda estrategia contundente fue desarrollar una Campaña Mundial que denominaron por los <<Derechos Humanos de las Mujeres>>, forjada durante el periodo preparatorio de la Segunda Conferencia Mundial de Derechos Humanos. El punto de partida de la movilización fue que la convocatoria de la Conferencia Mundial de Viena no mencionaba a las mujeres ni reconocía las dimensiones específicas de género de los derechos humanos en su agenda propuesta[29], en respuesta a este silencio excluyente, cientos de organizaciones de mujeres a nivel mundial desplegaron la referida potente campaña que nada más iniciada ya contaban con más de medio millón de firmas que avalaban la exigencia de que la Conferencia <<aborde íntegramente los derechos humanos de las mujeres en todos los niveles de su desarrollo, y reconozca la violencia de género, un fenómeno universal que adopta muchas formas en todas las culturas, razas y clases, como una violación a los derechos humanos>>(BUNCH, 2000). En ese contexto proliferaron una serie de actividades a nivel nacional, continental y mundial que buscan reforzar la petición de la Campaña, entre las que destacan dos iniciativas: La primera, los 16 días de activismo contra la violencia hacia las mujeres que vincula el 25 de noviembre con el 10 de diciembre. La segunda, las Audiencias públicas ante un Tribunal. Los valientes y estremecedores testimonios prestados por decenas de mujeres provenientes de todo el mundo son recogidos en el libro <<Los Derechos de las Mujeres son Derechos Humanos>> editado por Charlotte Bunch, Claudia Hinojosa y Niamh Relly.

De este modo, fruto de una ardua lucha emprendida por millones de mujeres –en la que también participan algunos hombres– se logra que en la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos de 1993, se reconozca explícitamente los Derechos Humanos de las Mujeres como parte inalienable, integral e indivisible de los Derechos Humanos, además se ponga de manifiesto la importancia de la labor destinada a eliminar la violencia contra las mujeres en la vida pública y privada, y con tal objetivo se solicite a la Asamblea General de Naciones Unidas, la aprobación del proyecto de Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, la que en efecto es adoptada el 20 de diciembre del mismo año, mediante Resolución AG 48/104[30]. De acuerdo con Lagarde esta Declaración contiene una descripción de la violencia que sintetiza el pensamiento feminista[31], por tanto, se trata otra de las victorias que el feminismo acumula en sus tres siglos de lucha por los derechos humanos de las mujeres.

Estos logros conseguidos por los movimientos feministas y de mujeres a nivel del sistema universal de protección de los Derechos Humanos también han tenido repercusión en el desarrollo del Sistema Interamericano –del que el Estado peruano es parte– en dos aspectos fundamentales: en el normativo y en el jurisprudencial y decisional. En primer lugar, por impulso de la Comisión Interamericana de Mujeres, la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) adopta la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la violencia contra las Mujeres (1994), conocida como la Convención Belém Do Pará. Tratado que, en consonancia con las demandas feministas, reitera el reconocimiento de que la violencia contra las mujeres constituye una violación a los derechos humanos, y la obligación de los Estados partes en su prevención, erradicación y sanción, en ese sentido, en 2004 se ha creado un importante Mecanismo de Seguimiento de Implementación de esta Convención, denominado MESECVI[32]. En segundo lugar, a nivel de los órganos de protección, aunque con cierta reticencia en las primeras décadas de trabajo, la categoría analítica de género nacida en el seno del feminismo ha sido incorporada como una de las herramientas de análisis para la decisión de los casos sometidos a la Comisión y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos[33] recién a partir del año 2006, fecha en la que por primera vez la Corte IDH se pronuncia sobre la base de la Convención Belém Do Pará en el caso del Penal Castro Castro Vs. Perú, línea que continúa en los casos: González y otras vs. México (2009); Masacre de Las Dos Erres vs. Guatemala (2009); Fernández Ortega y otros vs. México (2010); Rosendo Cantú y otra vs. México (2010); Gelman Vs Uruguay (2011); Atala Riffo Vs Chile (2012), lo que ha llevado a diversas autoras y autores como Zelada, a afirmar que en el transcurso de la última década, la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y las decisiones de la Comisión han estado marcadas por una utilización explícita de la perspectiva de género[34].

Teniendo en cuenta estos avances, Mary Wollstonecraft que en su magnífica obra Vindicación de los Derechos de la Mujer escrita hace más de doscientos años, abogaba por la inclusión de la mitad del género humano en los principios universales de la Ilustración y con tal fin exhortaba a las mujeres a dejar de sacar brillo a sus cadenas y disponerse a quitárselas, estaría contenta –aunque no del todo satisfecha– al conocer estos progresos en relación con la igualdad de derechos y los mecanismos para su defensa conquistados por las propias mujeres. En efecto, uno de los logros más importantes conseguidos por el movimiento feminista y de mujeres en estas tres últimas décadas es el afianzamiento de una imparable transformación de la concepción y práctica androcéntrica del Derecho Internacional de los derechos humanos –y del Derecho interno si tenemos en cuenta el rango constitucional de los tratados en materia de Derechos Humanos[35] y el mecanismo del control de Convencionalidad– de modo que comprenda a la otra mitad de la humanidad, las mujeres.

Desde luego la filosofía igualitaria defendida por Olympe de Gouges, plasmada por obra de Eleanor Roosevelt aquel mítico 10 de diciembre 1948, e impulsada en el ámbito latinoamericano por Alda Facio y las abogadas asistentes al V Encuentro Feminista de América Latina y del Caribe, en alianza con miles de mujeres a escala global, bajo la consigna <<los derechos de las mujeres son derechos humanos>>, ha dado sus frutos. Sin embargo, el marco normativo convencional, los derechos humanos formalmente consagrados, la jurisprudencia de la Corte Interamericana, ni los mecanismos de control y seguimiento conquistados son suficientes per sé para lograr poner fin a la situación de discriminación estructural en la que aún se encuentran situadas una importante cantidad de mujeres. Así, aún queda pendiente el desafío más importante: que estos derechos humanos reconocidos sean respetados, protegidos y garantizados por el Estado y la sociedad. En ese sentido, como se ha podido advertir en estas líneas, no sólo el reconocimiento jurídico de los derechos es, y ha sido fruto de luchas constantes, sino que el ejercicio efectivo de los mismos ha sido y sólo será –no podría ser de otro modo en las aún vigentes sociedades patriarcales– fruto de arduas luchas, pero ningún avance sería adecuadamente delineado sin tener conocimiento y reconocimiento de la batalla que por los derechos iniciaran miles de valerosas mujeres desde hace ya tres siglos.

Notas

[1] Eleanor Roosevelt (1884-1962), lidereza e indiscutible defensora de los derechos civiles y políticos de los afroamericanos, primera dama los Estados Unidos durante más de una década (1933-1945), fue nombrada delegada ante las Naciones Unidas por el Presidente Harry S. Truman a finales de 1945. Autora de los siguientes libros: This I Remember (Recuerdo Esto), 1950, This is My Story (Esta es mi Historia),1973, On My Own (Por mí Misma), 1958 y el que fue publicado póstumamente en 1963, Tomorrow Is Now (Mañana es Ahora).

[2] En la Conferencia de San Francisco se acordó que Londres sería la sede de la Primera sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la misma que tuvo lugar el 10 de enero de 1946.

[3] El catedrático Eusebio Fernández sostiene que, los derechos humanos entendidos como contenido de una ética normativa hacen referencia a la plasmación teórica y práctica del conjunto de necesidades, exigencias, derechos y deberes que pueden valer como criterios de mínimos de fundamentación de los principios básicos de una sociedad y un orden jurídico. Ver: FERNÁNDEZ GARCÍA, Eusebio (1984): Teoría de la Justicia y Derechos Humanos, Debate, Madrid, p. 38.

[4] GLENDON, Mary Ann (2011): Un mundo nuevo. Eleanor Roosevelt y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, México, Fondo de Cultura Económica, p. 61.

[5] ROOSEVELT, Eleanor (1958): On My Own, Nueva York, Harper, p. 47.

[6] El trabajo de las Comisionadas Roosvelt y Mehta estuvieron avaladas por las delegadas de Brasil, México y República dominicana y cientos de mujeres.

[7] Ver: SANCHÍS VIDAL, Amelia (2013): “Eleanor Roosevelt. Semblanza”, en 1325 Mujeres tejiendo la paz. Disponible en http://www.1325mujerestejiendolapaz.org/sem_eleanor.html

[8] No obstante, conviene advertir que el título traducido al español fue consignado como <<Declaración Universal de los Derechos del Hombre>>, siendo modificado recién en 1952 por Resolución 548 (VI) de la Asamblea General de Naciones Unidas para que figure como <<Derechos Humanos>>.

[9] LAGARDE, Marcela (2010): Feminismo y Filosofía de los Derechos Humanos, en MAQUEIRA, V. (ed.) Mujeres, Globalización y Derechos Humanos, Madrid, Cátedra.

[10] VALCÁRCEL, Amelia (2002): “Derechos Humanos. Tabla de mínimos”, en Ética para un Mundo Global. Una apuesta por el humanismo frente al fanatismo, Madrid, Editorial Temas de Hoy, págs. 31-44.

[11] La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue adoptada y proclamada en el palacio Chaillot de Paris, por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante Resolución 217 A (III) de 10 de diciembre de 1948. Disponible en: http://www.un.org/es/documents/ag/resga.shtml

[12] Ver: Sesión Plenaria de la Asamblea General, 183ª sesión, 10 de diciembre de 1948, p. 934.

[13] El sueño de Eleanor: 60 años de derechos humanos. Un film de Lluís Danés, Guión y producción ejecutiva de Lilia Pla Alemany. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=8RcTlykzi8I

[14] En mérito a la Resolución 423 (V) adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 4 de diciembre de 1950, cada 10 de diciembre se conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos. Ver: http://www.un.org/es/documents/ag/resga.shtml

[15] DE GOUGES, Olympe (1993): Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en PULEO, A. La Ilustración Olvidada. La polémica de los sexos en el siglo XVIII, Anthopos, Barcelona.

[16] SCOTT, Joan (2012) “Olympe de Gouges en la Revolución Francesa” en Las mujeres y los Derechos del Hombre. Feminismo y sufragismo en Francia, 1789-1944, Siglo XX editores, Madrid, pág. 39-82.

[17] Vindicación de los Derechos de la Mujer, es considerado el texto fundacional del feminismo. Ver: WOLLSTONECRAFT, Mary (1994): Vindicación de los Derechos de la Mujer, Cátedra, Madrid.

[18] La película Ángeles de hierro (“Iron Jawed Angels”) , 2004, dirigida por la alemana Katja von Garnier,   recrea de forma extraordinaria la historia de lucha de las sufragistas lideradas por Alice Paul y Lucy Burns en los Estados Unidos en pleno siglo XX.

[19] FACIO, Alda (2011):”Viena 1993, cuando las mujeres nos hicimos humanas”, en LAGARDE, M. y VALCÁRCEL, A., Feminismo, Género e Igualdad. Pensamiento Iberoamericano Nº 9, Madrid, págs.3-20, p. 5.

[20] La Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer fue establecida por el Consejo Económico y Social (ECOSOC) mediante Resolución 11 (II) de 21 de junio de 1946 para preparar recomendaciones e informes al Consejo a fin de promover los derechos de las mujeres en los ámbitos político, económico, social y educacional. Disponible en: http://www.un.org/womenwatch/daw/csw/pdf/CSW_founding_resolution_1946.pdf

[21] http://www.acnur.org/t3/fileadmin/scripts/doc.php?file=biblioteca/pdf/0019

[22] Proclamada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en su resolución A/RES/2263 (XXII), de 7 de noviembre de 1967. Disponible en: http://www.un.org/spanish/documents/instruments/docs_sp.asp?year=1969

[23] La Convención Sobre la Eliminación de todas formas de Discriminación contra la Mujer entró en vigor como tratado internacional, el 3 de septiembre de 1981, tras su ratificación por 20 países. Ver: http://www2.ohchr.org/spanish/law/cedaw.htm

[24] La Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) fue ratificada por el Estado peruano el 4 de junio de 1982 mediante Resolución Legislativa 23432 y entró en vigencia el 13 de octubre de ese mismo año. A partir de esa fecha, su contenido forma parte del ordenamiento jurídico interno. Por su parte, el Protocolo Facultativo, que permite la presentación de quejas individuales, está vigente desde el 9 de abril de 2001.

[25] FOLGUERA, Pilar (2010): “La equidad de género en el marco internacional y europeo”, en Virginia Maqueira (ed.), Mujeres, Globalización y Derechos Humanos, Madrid, Cátedra, p. 106.

[26] AMORÓS, Celia (2000): Vindicación y crítica al androcentrismos, en AMORÓS, C. (ed.), Feminismo y Filosofía, Madrid, Síntesis, pág. 68-71.

[27] FACIO, Alda (2000): “Viaje a las estrellas: las nuevas aventuras de las mujeres en el universo de los derechos humanos”, en BUNCH, C., HINOJOSA, C. y REILLY, N. (eds.), Los derechos de las mujeres son derechos humanos. Crónica de una movilización mundial, México, Rutgers-Edamex, págs. 19-24.

[28] El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer se encarga de velar por la aplicación de la Convención. Con esa finalidad la propia Convención prevé dos mecanismos. En primer lugar, que los Estados partes presenten al Comité, por lo menos cada cuatro años, un informe sobre las medidas que hayan adoptado para hacer efectivas las disposiciones de la Convención. En segundo lugar, la posibilidad de que el Comité emita recomendaciones de carácter general a los Estados partes sobre aspectos relativos a la eliminación de la discriminación contra la mujer. Destaca entre éstas, la Recomendación General Nº 19 adoptada por el Comité CEDAW, en su 11 periodo de sesiones, 1992. Disponible en: http://www.un.org/womenwatch/daw/cedaw/recommendations/recomm-sp.htm

[29] BUNCH, Charlotte, FROST, Samantha y REILLY Niamh (2000): “Las redes internacionales y la traducción de las dimensiones globales a las esferas locales”, en BUNCH, C., HINOJOSA, C. y REILLY, N. (eds.), Los derechos de las mujeres son derechos humanos. Crónica de una movilización mundial, México, Rutgers-Edamex, págs. 25- 44.

[30] http://www.unhchr.ch/huridocda/huridoca.nsf/(Symbol)/A.RES.48.104.Sp?Opendocument

[31] LAGARDE, Marcela (2010): “El paradigma feminista: la violencia contra las mujeres y los derechos humanos”, en Virginia Maqueira (ed.), Mujeres, Globalización y Derechos Humanos, Madrid, Cátedra, p. 478.

[32] A la fecha, se han elaborado dos Informes Hemisféricos sobre la implementación de la Convención Belem Do Pará, el primero en 2008 y el segundo en 2012 en los que se dan cuenta de los avances logrados por los Estados parte en la implementación de la Convención, así como de los retos pendientes en la lucha por erradicar la violencia contra las mujeres. Los informes MESECVI están disponibles en: http://www.oas.org/es/mesecvi/docs/MESECVI-SegundoInformeHemisferico-ES.pdf

[33] FRANCO RODRÍGUEZ, María José (2011): Los Derechos Humanos de las Mujeres en la Jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, México.

[34] ZELADA, Carlos (2014): “La violencia sexual en la jurisprudencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: Un estudio preliminar desde la perspectiva de Género”, en LLAJA VILLENA, J. (Coord.) Los Derechos de las Mujeres en la mira, Lima, Estudio para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (DEMUS), págs.15-47.

[35] Sentencia del Tribunal Constitucional peruano de 25 de abril de 2006 en el Proceso de Inconstitucionalidad presentado por el Colegio de Abogados de Arequipa y Colegio de Abogados del Cono Norte de Lima contra el artículo 22, inciso c), de la Ley Nº 26397, Ley Orgánica del Consejo Nacional de la magistratura. Fundamento B. Numeral 1. Sub numeral 1.1. (Exp. 0025-2005-PI/TC y 0026-2005-PI/TC)

María Candelaria Quispe Ponce

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